Crítica de ‘Sin Oxígeno’: Tensión bajo las aguas en una impactante historia basada en hechos reales.

En términos generales, las películas de supervivencia –y más aún las basadas en hechos reales– suelen tener buena acogida. Es posible que Sin oxígeno, que se estrena mañana en cines, se quede en un intento vago, no por la increíble historia que se narra, sino por su ejecución: realista, sí, pero con una narrativa que resulta plana y no está a la altura de otros títulos del mismo género, como 13 vidas, de Ron Howard.
La trama se sitúa en el mar del Norte, donde un equipo especialista de buzos, que mantiene las tuberías de gas en el lecho marino, sufre un accidente debido a una brutal tormenta. A partir de entonces, uno de ellos, Chris Lemons –interpretado por Finn Cole (Peaky Blinders)–, quedará atrapado con apenas diez minutos de oxígeno de emergencia. Sus compañeros emprenden una carrera contrarreloj para salvarlo, poniendo en riesgo sus propias vidas.

Estamos ante una propuesta que presenta puntos destacables capaces de mantener la atención del espectador. El argumento, en sí, resulta atractivo y facilita la empatía con el protagonista, quien desde el inicio muestra su relación con su prometida, dejando entrever la dureza de vivir en pareja mientras desempeña uno de los trabajos más peligrosos que existen.

En cuanto al aspecto técnico, hay que tener en cuenta que filmar escenas acuáticas siempre supone una dificultad extra y, en ese sentido, juega a favor del film, consiguiendo transmitir el agobio y la claustrofobia que se pretende. La banda sonora, compuesta por Paul Leonard-Morgan (Compañeros de ruta), contribuye a mantener la tensión de manera constante y consigue su propósito. Las notas estridentes en los momentos clave lo logran elocuentemente.

Pero lo mejor, sin duda, ha sido la acertada elección de Woody Harrelson (True Detective) como Duncan, el jefe de los buzos, un personaje entrañable a punto de retirarse; el compañero leal que no se rinde, aportando un impulso actoral significativo y un valor adicional al conjunto. A su lado, interpretando a David, tenemos al actor chino Simu Liu (Barbie), quien, desempeñando el papel del valiente y forzudo rescatador, consigue un pase, pero sin lograr nada destacable. A bordo del barco en la superficie, nos encontramos al responsable de los buzos, un bastante convicente Mark Bonnar (Dept.Q).

Sin embargo, la película se apoya en exceso en la simplicidad de una premisa que carece de un guion elaborado, y no alcanza la profundidad que pretende, quedándose, paradójicamente, flotando en la superficie, y resultando no mucho más ambiciosa que una cinta para ver en la sobremesa del fin de semana. Se podría haber exprimido mucho más el jugo de la historia de amor, por ejemplo, o haber profundizado un poco más en los personajes, sus miedos y las historias acontecidas previamente.
Por su parte, el director Alex Parkinson, quien ya había abordado esta historia en formato documental con una recepción notable, intenta ahora ampliar el enfoque desde una perspectiva más dramática y cinematográfica que no termina de cuajar, y ha errado al querer estirar en demasía estos sucesos.

En conclusión, Sin oxígeno logra atraparnos de manera efectiva y elocuente, entreteniéndonos, pero no consigue emocionar tanto como para dejarnos “sin aliento”.
NOTA: ★★½
«SIN OXÍGENO», ESTRENO MAÑANA EN CINES.
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