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‘Núremberg’ y cómo Russell Crowe se transformó en Hermann Göring, la mano derecha de Hitler y uno de los hombres más temibles del Tercer Reich.

El actor neozelandés de 61 años ganó peso, se empapó de documentación histórica y se metió de lleno en la mente del jerarca nazi.

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© DeAPlaneta

El actor que en su día fue el sinónimo del héroe carismático y testosterónico lleva una temporada extraviado en tierra de nadie. Entre la acción desganada de Kraven the Hunter, Sombras del pasado, Misión hostil o Salvaje, y su etapa como sacerdote a tiempo completo en El exorcista del Papa y El exorcismo de Georgetown, es imposible no preguntarse qué ha sido de aquel intérprete capaz de dejarnos clavados al asiento.

Y entonces llega Núremberg, recién estrenada en cines, y ahí lo tenemos: embutido en el uniforme de un jerarca nazi con una naturalidad escalofriante, como si por fin hubiera encontrado un material que está a su altura. Un recordatorio contundente de que, cuando quiere, Russell Crowe puede volver a ser Russell Crowe.

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Nuremberg adapta el libro El nazi y el psiquiatra, del periodista Jack El-Hai, y está ambientada en los juicios celebrados hace 80 años por los Aliados tras la derrota del Tercer Reich. Rami Malek (Oppenheimer) interpreta al psiquiatra estadounidense Douglas Kelley, encargado de evaluar la salud mental de los prisioneros nazis y determinar si son aptos para ser juzgados por crímenes de guerra. De la noche a la mañana, Kelley queda atrapado en una compleja batalla de ingenio con Hermann Göring, la mano derecha de Hitler y uno de los hombres más temibles del siglo XX.

El director James Vanderbilt, también guionista de títulos como Zodiac y Scream, explica en las notas de producción: «Cuando me imaginaba a Göring en el filme, siempre pensaba en que lo interpretase una gran estrella de cine. Era importante que fuera conocido, que encandilara al público tanto como había seducido a Kelley, porque en el mundo de la película, Göring es como una estrella de cine. Él es famoso en todo el planeta. A George Freeman, que por entonces era agente de Russell y ahora es su mánager, le encantó el guion cuando lo leyó, y preguntó si podía enviárselo a Russell. Cuando terminó con la lectura, nos dijo que quería interpretar al personaje, sin ni siquiera reunirnos. La película no existiría si Russell no se hubiera involucrado, eso es así».

Imagen de la película Nuremberg
© DeAPlaneta
‘Núremberg’ llega a los cines para que Russell Crowe ponga rostro al infame Hermann Göring y revivas los juicios más decisivos de la historia.
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Crowe fue el primero en sumarse al proyecto, aunque este tardó años en materializarse. «Son cosas que pasan», recuerda. «A veces se tarda en ponerlo todo a punto. Pero todos esos altibajos e idas y venidas han sido los que nos han traído hasta aquí. Cuando te sumas a un proyecto, parte de lo que estás haciendo es comprometerte a escuchar al director y a estudiar sus ideas mientras el filme empieza a arrancar. En esta ocasión, ha sido muy fácil porque James tuvo las ideas claras desde el principio y no se desvió nunca de lo hablado inicialmente».

En ese tiempo, el actor decidió prepararse a fondo, como si el rodaje fuera a empezar al día siguiente: devoró libros, material de archivo, biografías y documentos sobre Göring, Kelley y los juicios. «Se metió de lleno», apunta Vanderbilt. «Así que cuando por fin empezamos a rodar, tenía ya toda la labor de investigación hecha y pudo centrarse en su interpretación. Trabajó sin soberbia, no es nada arrogante ni lleva aires de estrella de Hollywood. Estaba 100 % metido en el rodaje».

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Crowe reconoce que hace cinco años sabía muy poco sobre Göring. Hoy, en cambio, lo conoce al detalle: descubrió que Göring fue un as de la aviación en la Primera Guerra Mundial, que venía de una familia de clase media alta, castillos bávaros y disciplina militar, y que su personalidad se forjó en un entorno donde la opulencia y la autoridad eran moneda corriente.

«Lo de Göring es un caso de libro», resume el actor neozelandés. «Iba fatal en los estudios hasta que encontró una asignatura que le interesaba y entonces empezó a sacar matrículas de honor. Cuando dejó la escuela normal y se matriculó en una academia militar, pasó de ser uno de los peores estudiantes a ser un alumno estrella. Al estallar la guerra, pensó, “Si me quedo en tierra, voy a tener mala vida. Quiero estar por ahí arriba”. Así que se formó como piloto y cuando llegó su momento, cumplió con creces. Tenía la formación necesaria y gracias a su pericia, terminó la guerra con 22 victorias. Como piloto de combate, conseguir derribar a cinco aviones enemigos conlleva la consideración de “as” porque es tremendamente difícil disparar a un objetivo móvil utilizando un arma fija».

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Crowe rompió dos de sus reglas de oro al unirse a Núremberg: afeitarse («le encanta su barba», dice Vanderbilt) y aceptar otra película de juicios. También tuvo que ganar peso: al terminar la producción, rozaba los 126 kilos. Para el acento, volvió a recurrir a un coach, y hasta contactó con una periodista alemana a la que no veía desde hacía una década: «Sabía que era muy lista. La llamé y le pregunté: “¿Qué tal tu alemán?”».

El rodaje, especialmente exigente, incluyó escenas como un toma y daca entre Kelley y Göring de 17 páginas, rodado en una sola toma. «Nunca he hecho algo así en cine. Fue una experiencia muy teatral porque era como estar sobre las tablas. El nivel de preparación que requiere hacer algo así es brutal», admite Crowe.

Imagen de la película Nuremberg
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Habitar durante meses la mente de un personaje tan monstruoso le dejó huella: «Tuve que convertirme en un personaje horrible y habitar ese espacio», confiesa. «Intentas ser todo lo objetivo que puedes, pero para hacer las cosas bien tienes que meterte de lleno en el papel. Fue complicado, porque Göring podía ser muy encantador. Su forma de pensar y de presentar sus argumentos podían desmontar a sus oponentes y, además, era capaz de decir las cosas más espeluznantes con una ligereza tremenda».

Aunque Núremberg ha dividido a la crítica, con un porcentaje de aprobación del 73 % en Rotten Tomatoes y una nota del 62 sobre 100 en Metacritic, hay consenso en un aspecto: Crowe ofrece una de sus mejores interpretaciones en años. No es poca cosa. Han pasado más de dos décadas desde la última vez que el actor, hoy de 61 años, acarició el fervor de la temporada de premios. En la cúspide de su carrera, a principios de los 2000, encadenó nominaciones al Óscar por El dilema (2000), ganó la estatuilla por Gladiator (2001) y volvió a competir por Una mente maravillosa (2002).

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Marta Medina

Marta Medina

Graduada en Estudios Ingleses por la Universidad de Sevilla (US) y con un nivel C2 de inglés. Fundadora de mundoCine con diferentes roles como crítica, redactora y gestora de redes sociales. Amante del cine y seguidora de la temporada de premios y festivales de cine. Tomatometer-Approved Critic.

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