Crítica de ‘La asistenta’: Sydney Sweeney se echa a la espalda el best seller del año

Paradójicamente, en España hemos tenido que esperar hasta el primer día del año 2026 para el estreno en salas comerciales de la adaptación cinematográfica del best seller más esperado del año 2025: La asistenta, primer libro de la saga escrita por la autora norteamericana Freida McFadden.
El año que abandonamos nos deja varias adaptaciones de textos que alcanzaron la cumbre en crítica o ventas –no teniendo que ser obligado el equilibrio entre una cualidad y otra–, como La Larga Marcha, homónima de Stephen King, o Una batalla tras otra, en la que Paul Thomas Anderson adapta, de manera libre y con éxito cinematográfico, Vineland, de Thomas Pynchon.
Adaptar una novela al cine tan solo es otra manera más de plasmar visualmente una historia que parte del texto. En la pericia del director y el guionista –cuando no es el propio autor literario– reside el éxito o fracaso del resultado final en pantalla. Era habitual que Alfred Hitchcock acudiera a relatos cortos –más que novelas de larga extensión– para partir de una idea argumental y subvertir todo lo demás hasta alcanzar algunas de sus cumbres fílmicas. Tal es así que Los Pájaros (1963) surge de un pequeño cuento de Daphne de Murier, recogido en su antología Pájaros extraños y otros cuentos. Este ejemplo sería el extremo opuesto –que tan solo quiere expresar una forma de hacer las cosas, en ningún caso valorar si una decisión es peor o mejor— al de La asistenta.

El director de Un pequeño favor (2018), Paul Feig, está al frente de la adaptación del primer tomo de una saga que ha vendido más de 10 millones de ejemplares a nivel mundial y que genera una expectación desorbitada con cada estreno literario. No causa extrañeza, por tanto, que la película esté obteniendo sólidas cifras en la taquilla norteamericana, con tan solo dos semanas en cartelera, y que esté dando un respiro comercial a su actriz protagonista, Sydney Sweeney (Cualquiera menos tú), que venía de algunos golpes en recaudación con sus últimas películas (Christy, National Anthem y Eden).
Al igual que el libro, la trama presenta a Millie, una joven que cumple libertad condicional y cuyo requisito es conseguir un empleo y un techo en el que cobijarse mientras lleva una vida nómada pernoctando en su coche. Por fin, un golpe de suerte parece estar a su favor, ya que consigue trabajo como asistenta en la mansión de la familia Winchester, donde, además, podrá convivir junto al matrimonio y la hija que completa el núcleo familiar.
Tras una primera impresión inmejorable con la señora de la casa, que le provee de un móvil nuevo y dinero para sus necesidades, las cosas empezarán a torcerse cuando Nina tiene brotes psicóticos, donde estalla de ira y miente deliberadamente para causar problemas a Millie. Por suerte, Andrew conoce bien a su mujer y será un apoyo vital para la estabilidad de la nueva empleada del hogar.

La película arranca desde el punto de vista del personaje de Sydney Sweeney, que interpreta a la joven asistenta protagonista de la película. El primer acto de la misma servirá tanto para presentar a los personajes como para generar los primeros conflictos e interrogantes entre ellos. La tensión dramática está generada por Nina, encarnada por Amanda Seyfried (El largo río de las almas), que muestra un carácter voluble e hiperbólico de una escena a la siguiente, que se intuye está en tratamiento psicológico y que proyecta en Millie.
Este estímulo es el que, por otro lado, produce otro tipo de tensión, la sexual, entre Millie y el padre de familia, personificado por Brandon Sklenar (La cita). El detonante de este cóctel, que da paso al segundo acto de la película, tiene su eco, precisamente, en los celos y desconfianza creciente que Millie provoca en la mujer de Andrew y que acaba por volver la situación insostenible, dando paso a un nuevo punto de vista, el de la narración en off del personaje de Amanda Seyfried.

La cinta es bastante aseada, tanto a nivel de dirección como en la fotografía a cargo de John Schwartzman (Jackpot!). No hay grandes matices y, desde el comienzo de la misma, todo se muestra artificioso, pulcro y con una iluminación que se cuida de alumbrar cada esquina de los diferentes habitáculos. En un puro entretenimiento como este, parece que Feig –seguramente con acierto– quiera evitar distracciones del puro argumento y los giros de guion, que buscan mantener al espectador entregado a lo que ocurre. Quizá su primer acto se alarga demasiado y se siente más estático que sus siguientes, potenciado esto por un metraje excesivo para lo que cuenta y cómo lo quiere contar.

Lo que eleva la película para sacarla de una cinta absolutamente plana y efectista son las interpretaciones. Si bien ninguna encontrará su respuesta en la temporada de premios, tampoco lo hará en los Razzie. Sweeney vuelve a entregarse a un papel sufriente que busca redención a pesar de los obstáculos que encuentre a su paso, además de aportar la sensualidad habitual en su exuberante físico. Sin llegar muy lejos en registros, sí ofrece el carisma suficiente para hacer suya la película –y el personaje– en su último acto.
Seyfried, por su parte, no necesita de artificios ni físico para mostrar su solvencia encarnando a Nina, y sabe apelar a la desesperación del espectador cuando así lo requiere el personaje, como empatizar con él en el momento que toca. Sklenar, por otro lado, es un buen apoyo dramático para ambas coprotagonistas femeninas y despliega toda la atracción y erotismo que refleja una de las sonrisas más atractivas de Hollywood.

Sin duda alguna, los fans de la saga literaria disfrutarán con este thriller telenovelesco de manual, que Paul Feig sabe a dónde –y a quién– dirige, logrando el efecto buscado desde el minuto uno: entretener. Sin duda es una opción pertinente para echar un rato en el cine y ver un despliegue de carisma y sensualidad para calentar el alma en este frío invierno.
NOTA: ★★★☆☆
«LA ASISTENTA», YA EN CINES.
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