Crítica de ‘Tres adioses’: Una herida luminosa en el cine de Isabel Coixet.

Se cumplen más de 20 años desde que Isabel Coixet presentó Mi vida sin mí (2003), una reflexión lúcida sobre cómo una mujer y madre joven afronta el anuncio de su muerte prematura a causa de una enfermedad terminal. Esta película consolidó a la cineasta catalana como una de las miradas más interesantes del cine del nuevo siglo, pese a que ya con su opus primum, Demasiado viejo para morir joven (1989), había recibido la nominación a los Goya como Mejor Dirección Novel.
La propia Coixet ha declarado su titubeo a la hora de adaptar la novela Tre Ciotole, de la escritora y activista italiana Michela Murgia –fallecida a causa del cáncer a los 51 años–, por la similitud argumental entre la misma y su película protagonizada por Sarah Polley (ganadora del Óscar al Mejor Guion por Ellas hablan en 2022) y Mark Ruffalo (Pobres criaturas). Una vez encontrada una manera diferente –y más universal– de aproximarse a la gestión de un adiós precoz, Tres adioses ha recibido el favor de la crítica en su presentación en el Festival Internacional de Cine de Toronto y la SEMINCI de Valladolid, así como el éxito en la taquilla italiana –país coproductor de la película–, mientras que en nuestro país se estrena hoy en salas comerciales.

La historia comienza con el primer adiós, que forma parte del título, y que Marta deberá gestionar a lo largo de la película. La ruptura con su pareja, chef y regente de un restaurante de éxito en crecimiento, sumirá al personaje en un estado de apatía, soledad y depresión que le está causando, además, un trastorno digestivo que le ha cerrado el apetito y hace que vomite todo lo que come. Todo ello, sumado a la insatisfacción en su trabajo como profesora de educación física y la complicada relación que mantiene con su hermana, sitúan a Marta en un marco contextual complejo que estalla con el detonante de la película, el inesperado segundo adiós del film, la noticia de que padece una grave enfermedad incurable. Lejos de ahondar en la herida, Marta descubrirá una nueva forma de mirar y afrontar su vida en el romano Barrio de Trastévere, hasta que llegue el último y definitivo adiós.

El guion, escrito por Coixet junto a Enrico Audenino, establece tres actos que conforman los diferentes estados anímicos y físicos por los que transita la protagonista, interpretada por Alba Rohrwacher (La quimera). Mediante el uso del flashback, durante los tres episodios narrados en el presente, la directora completa los recuerdos de la relación pasada entre Marta y su pareja.
Para narrar y cargar de matices la plasticidad estética del relato, Coixet rueda estos momentos de melancolía y nostalgia en formato Super 8, y sirve como contraste al 35 mm, que también da forma a la película. Debido a que el punto de vista durante gran porcentaje del metraje lo ocupa el personaje de Marta, se siente algo extraño el tramo en el que la película abandona a su personaje principal para contemplar los vaivenes de su expareja, tras la ruptura. El uso de la voz en off retrospectiva del personaje de Rohrwacher inicia, acompaña y cierra la historia, acertando en algunos momentos donde aporta emoción y otros donde no deja respirar la misma creada por las imágenes de forma orgánica.

Una de las apuestas más fuertes de la película es la de intentar aportar belleza a cada plano, por fútil que parezca. Para ello, Coixet localiza la película en Roma y focaliza su mirada –y crítica a la turistificación urbana– en el Barrio de Trastévere. Destaca, por encima de otros aspectos más puramente estéticos, la relación íntima que establece con Marta en su transitar por esta zona de la ciudad. La tensión y el equilibrio de la cámara y la elección del encuadre modifican el pulso y el espacio en consonancia con la situación emocional en la que la protagonista se encuentre en ese momento de la narración. Del mismo modo, hay un interesante uso expresivo del espacio dentro del plano, de los elementos y personajes; ejemplo de esto el primer acto, en el que los vacíos de las habitaciones reducen a la protagonista dentro del encuadre.

Alba Rohrwacher es el gran sustento interpretativo de la película. Su capacidad expresiva, sin abandonar ni un segundo el poso de tristeza y vulnerabilidad en su mirada, cautiva a la cámara y al espectador. Por un lado, esto hace que, como hemos mencionado, en los momentos de su ausencia en pantalla la atención decaiga y que haya cierta irregularidad en la relación con el resto de personajes que aparecen en la trama. Elio Germano (La increíble historia de la Isla de las Rosas) interpreta a la pareja de Marta y, ambos, entregan la escena donde confluyen en un punto más álgido la emoción y la esencia visual de la película. Francesco Carril, alabado y premiado por su papel en la serie Los años nuevos, es el compañero de trabajo de la protagonista en el instituto.

Es probable que Tres adioses acabe teniendo más finales de los que podrían favorecer al impacto total de la película, pero también que logrará emocionar al espectador que se entregue al drama humano y la relación optimista con los golpes de la vida que ofrece Isabel Coixet, quien, aun pecando de cierta irregularidad y dispersión a lo largo del metraje, consolida su estado de forma actual.
NOTA: ★★★½
«TRES ADIOSES», ESTRENO HOY EN CINES.
TRÁILER DE TRES ADIOSES:
PÓSTER DE TRES ADIOSES:

¡SÍGUENOS!
- Crítica de ‘Tres adioses’: Una herida luminosa en el cine de Isabel Coixet. - febrero 6, 2026
- Mireia Vilanova, productora española premiada en Sundance 2026: «Robert Redford nos cambió la vida a miles de personas». - febrero 4, 2026
- Guillermo de Mulder, periodista y corresponsal en Hollywood: «Mi relación con las estrellas es de respeto y complicidad». - febrero 1, 2026

