Crítica de ‘Hoppers’: El ‘Avatar’ animalesco y desternillante de Disney Pixar.

La posibilidad de transferir nuestra consciencia a un cuerpo animal robótico e hiperrealista sería, sin duda, el sueño de cualquier therian, ese fenómeno (o leyenda urbana) de personas que se identifican con un animal no humano y que utilizan máscaras, colas y hasta adoptan conductas zoomórficas como caminar a cuatro patas.
Esta tecnología vanguardista también respondería a la necesidad de todas aquellas personas que tienen mascotas y desean comunicarse con ellas, o de las que, tras ver los tristes vídeos virales del monito abandonado por su madre en un zoológico japonés (ese que se aferra a un peluche de Ikea), no dudarían en convertirse en un chimpancé solo para abrazar al pequeño Punch, hacerle compañía y defenderlo de los bullies.

Sin embargo, los planes de Mabel, una chica hiperactiva y amante de los animales, son muy distintos. Esta estudiante universitaria, protagonista de Hoppers, tiene en sus manos este milagro de la ciencia ficción y envía su «yo» al interior de un castor artificial con un objetivo: infiltrarse en la vida salvaje, convencer a los animales de que regresen a su idílico claro del bosque –el mismo lugar que solía visitar de niña con su difunta abuela– y así evitar a toda costa que el alcalde local, Jerry Generazzo, acabe con toda la fauna y flora para construir una carretera de circunvalación.

Nace así una suerte de Avatar animalesco y pixariano –tan autoconsciente que hasta su personaje principal exclama: «¡Hala, esto es como Avatar!»–, capaz de concentrar en poco más de hora y media mucho más ritmo y trama que las dos secuelas juntas de la mastodóntica epopeya azul de James Cameron.
Por supuesto, tratándose del estudio del flexo saltarín, era más que evidente que no iban a faltar por el camino esas escenas toca-patatas, directas al lacrimal (un tanto machaconas en lo que respecta a la relación abuela-nieta, a la que se vuelve mediante redundantes flashbacks), pero donde Hoppers da verdaderamente en la diana y encuentra su personalidad es en la comedia. Y es que se nota (y mucho) la mano de su director y guionista, Daniel Chong, creador de la serie Somos osos, de Cartoon Network, que ha sabido trasladar su humor absurdo a la pantalla grande.
La secuencia de apertura, en la que vemos a una pequeña Mabel metiendo todas las mascotas del colegio –tortugas, hámsteres, iguanas– en su mochila como si no hubiera un mañana para liberarlas, ya te esbozará una sonrisa de oreja a oreja. Más sonrisas se sucederán en una desastrosa recolecta de firmas; en el descubrimiento del experimento ultrasecreto, siguiéndole la pista a un castor de comportamiento extraño por el campus; en su infiltración en el reino animal con sus particulares reglas; en el uso del móvil (emojis incluidos) para comunicarse con humanos desde su cuerpo peludo; y en los muchos momentos de muertes (¡muertes!) utilizados como gags en una película que, recordemos, se ampara bajo el paraguas familiar de Disney.

Aquí entra en juego la (in)expresividad de los animales, que están animados de forma completamente diferente dependiendo de la perspectiva. Desde la humana, tienen simples y opacos puntos negros como ojos y emiten un sonido ininteligible, mientras que, desde la animal, los ojos son más grandes y efusivos, los movimientos más cartoonescos y el habla es perfectamente entendible entre especies. A esto se suma un trabajo técnico de texturas peludas y achuchables que provocan unas ganas irrefrenables de traspasar la pantalla para abrazarlos cual peluches.

Transitamos por un sendero narrativo que, todo hay que decirlo, resulta bastante familiar, seguro y predecible. Con un enfoque mucho más sencillo y directo que obras maestras de la misma factoría, esta fábula ecologista ofrece un importante mensaje sobre el poder de la comunidad y la resolución de conflictos.

Dicho esto, Hoppers está lejos de poder competir con fenómenos culturales como Toy Story, Buscando a Nemo, Del revés o Coco, pero sí es superior a producciones recientes de Pixar que funcionan a medio gas (véanse Elio, Elemental o Lightyear). Su humor, a veces inesperadamente negro, hace que la propuesta resulte hilarante de principio a fin y suponga un soplo de aire fresco. Un salto que vale la pena dar.
NOTA: ★★★½
«HOPPERS», YA EN CINES.
TRÁILER DE HOPPERS:
PÓSTER DE HOPPERS:

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