Muere Sam Neill a los 78 años: adiós al hombre que nos enseñó a quedarnos quietos frente a un T-Rex.
Que descanse en paz.

Basta con cerrar los ojos para volver a encontrarlo con el pañuelo rojo anudado al cuello, el sombrero de explorador bien encajado y una bengala en alto, dispuesto a distraer al depredador prehistórico que hizo contener la respiración a toda una generación. Para millones de espectadores es y seguirá siendo, para siempre, el Dr. Alan Grant, el paleontólogo de la revolucionaria Jurassic Park, de Steven Spielberg.
Pero quedarse en este parque temático de dinosaurios clonados en la ficticia Isla Nublar sería hacerle un flaquísimo favor a una carrera que nunca entendió de encasillamientos, porque, con la misma facilidad con la que huía de lagartos gigantes bajo una lluvia torrencial, dio vida al reprimido y moralmente complejo esposo colono de una mujer cuya única voz era un piano, y demostró que no necesitaba garras, escamas ni dientes afilados para convertirse en un rival de altura para Tommy Shelby.
Hoy el cine pierde uno de esos rostros que parecían destinados a permanecer para siempre en cartel. Sam Neill ha fallecido este lunes 13 de julio de 2026 en Sídney, a los 78 años. La triste noticia ha llegado a través de una publicación difundida por su familia: «Con inmensa tristeza, la whānau [precioso término maorí utilizado para referirse a la familia extendida y la comunidad] de Sam Neill comparte la noticia de su fallecimiento. Sam ha estado rodeado de su familia y se ha marchado con la misma dignidad que ha caracterizado toda su vida».
Conviene recordar que al actor le diagnosticaron un linfoma angioinmunoblástico de células T en marzo de 2022, una enfermedad con la que convivió durante años. Aun así, sus familiares han querido dejar constancia de que, cuando partió, se encontraba «libre de cáncer».
Dinosaurios, pianos, tentáculos, naves y casi licencia para matar

Nacido en Irlanda del Norte bajo el no muy cinematográfico nombre de Nigel John Dermot Neill, se mudó a Nueva Zelanda siendo apenas un niño. A los doce años decidió empezar a llamarse Sam, simple y llanamente porque en su clase había demasiados chicos llamados Nigel.
Tras sobrevivir a lo que él mismo describió como un año catastrófico estudiando Derecho, encontró su verdadera vocación sobre las tablas del Downstage Theatre de Wellington, donde cobraba 35 dólares semanales y sobrevivía a base de las sobras de los banquetes que se servían al público antes de las funciones.

El salto al estrellato no se hizo esperar. Su papel en Perros de presa (1977) marcó un hito al ser la primera cinta neozelandesa en proyectarse comercialmente en los cines estadounidenses. Aquella carta de presentación le abrió las puertas de Hollywood y pronto lo vimos, entre otros, como el marido de Meryl Streep que tuvo que enfrentarse a un juicio mediático tras la desaparición de su bebé en Un grito en la oscuridad (1988).
Antes de eso ya se había lanzado de cabeza a uno de los matrimonios más enfermizos e inolvidables que ha dado el cine. En La posesión (1981), la obra de culto de Andrzej Żuławski, interpretó a un hombre en pleno divorcio incapaz de comprender el colapso psicológico de su mujer, una desatada Isabelle Adjani, inmortalizada por su antológica secuencia en el metro.
Y casi consigue la licencia para matar del MI6. Sí, Neill estuvo a poco de pedir los martinis «agitados, no mezclados» de James Bond en 1986, pero el elegante esmoquin de 007 recayó finalmente sobre los hombros de Timothy Dalton. Lo curioso es que no se lamentó; de hecho, confesó en repetidas ocasiones que jamás quiso el papel y que sintió un enorme alivio cuando no fue el elegido, asegurando que «nadie quiere ser el Bond que a nadie le gusta».
En 1993 firmó el año con el que cualquier actor soñaría para su currículum. En cuestión de meses estrenó la Palma de Oro de Jane Campion, El piano (1993), y el ya mencionado bombazo de los dinosaurios clonados, asumiendo el rol del paleontólogo gruñón que un tal Harrison Ford había rechazado previamente y para el que Steven Spielberg no podía permitirse contratar a una gran superestrella, ya que había destinado buena parte del presupuesto a los efectos especiales de los dinosaurios.
Con cerca de 150 títulos a sus espaldas, Neill construyó una filmografía inabarcable. Volvió a dar vida a otro doctor, esta vez el desquiciado científico que diseñó el motor gravitatorio experimental de la nave maldita en Horizonte final (1997). También actuó en comedias independientes como A la caza de los ñumanos (2016), de Taika Waititi, donde interpretó a un hosco superviviente de las montañas neozelandesas obligado a convivir con un adolescente problemático.
Se permitió, además, tronchantes cameos en Thor: Ragnarok (2017) y Thor: Love and Thunder (2022), dando vida a un falso Odín sobre un escenario, fue un memorable antagonista en Peaky Blinders (2013-2014) y hasta dejó su huella en la televisión animada. Imposible olvidar su paso por Springfield en la quinta temporada de Los Simpson (1994) como Malloy, el anciano del asilo que resultó ser un astuto ladrón de guante blanco, o su incursión en la locura de Rick and Morty (2019), donde prestó su voz al líder Monogatron, un alienígena de piel gris, cuatro ojos, largos colmillos y un prominente bigote.
El telón todavía no ha caído del todo para Neill. El nominado al Emmy deja tres largometrajes listos para encontrarse con el público: The Fox, en la que pone voz a una urraca creada mediante marionetas y tecnología animatrónica; Godzilla x Kong: Supernova, cuyo personaje aún no ha sido revelado; y la comedia romántica The Last Resort, en la que interpreta un papel secundario.
Cuando los enormes focos se apagaban, el actor se refugiaba en su auténtico paraíso terrenal: Two Paddocks, una pintoresca granja y bodega situada en la región vitivinícola de Central Otago. Él mismo la definía como «un negocio ridículamente consumidor de tiempo y dinero». Tan particular era su vínculo con el lugar que bautizó a muchos de sus animales con los nombres de compañeros de profesión, entre ellos Laura Dern (una gallina), Kylie Minogue (un pato) y Helena Bonham Carter (una vaca).
Ese mismo sentido del humor fue su escudo cuando las cosas se torcieron. En 2023, Neill reveló en sus memorias que llevaba un año sometiéndose a sesiones de quimioterapia tras ser diagnosticado con un linfoma. «No tengo miedo a morir», confesó aquel mismo año a The Guardian, «pero me fastidiaría bastante. Me gustaría vivir otra década o dos. Hemos construido todas estas preciosas terrazas, tenemos olivos y cipreses, y quiero estar aquí para ver cómo crecen. Además, tengo unos nietos maravillosos y quiero verlos hacerse mayores».
El adiós de Hollywood

La noticia de su repentina partida ha provocado una oleada de reacciones en toda la industria cinematográfica. Colin Trevorrow, quien tuvo la suerte de dirigirlo en su nostálgico regreso a la franquicia prehistórica con Jurassic World: Dominion (2022), aseguró que fue un gran amigo y colaborador en tiempos muy difíciles, y que su fortaleza dio energía a todo el equipo durante el rodaje. Añadió que siempre lo recordará por su profunda tranquilidad, su inmenso amor por el buen vino y por esa calma y seguridad abrumadoras que aportaba a todos y cada uno de sus personajes.
Por su parte, Richard E. Grant describió a Neill como «un oficial y un caballero», rememorando con nostalgia las risas que compartieron trabajando juntos en la comedia Palm Beach (2019). En la misma línea se pronunció la actriz australiana Toni Collette, su compañera de reparto en Mejor otro día (2014) y Juego sucio (2002), quien resumió el sentir de toda la comunidad cinéfila calificándolo de «un auténtico encanto».
A estas sentidas despedidas se sumó Kate Mulvany, compañera de reparto de Neill en la miniserie australiana The Twelve (2022), quien le dedicó un emotivo homenaje utilizando el término latino «vale», ampliamente empleado en Australia como una solemne despedida. Mulvany envió sus condolencias a la familia y los amigos del actor, recordando que Neill no solo deja un legado artístico extraordinario, sino que su incansable defensa de los nuevos tratamientos e investigaciones contra el cáncer ayudará a salvar muchísimas vidas.
El también neozelandés Karl Urban, estrella de la salvaje The Boys (2019), lo definió como una auténtica inspiración y un pionero absoluto para todos sus compatriotas. «Un hombre maravilloso» y «un tesoro nacional que dio muchísimo a Nueva Zelanda y al mundo entero», escribió en redes.
La avanzada tecnología genética de InGen fue capaz de devolver la vida a los dinosaurios. Fabricar otro Sam Neill, eso ya parece imposible. Descansa en paz.
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