Entrevistas

Entrevista a Todopoderosos: «El programa nace a la luz de la legumbre».

El podcast formado por Arturo González-Campos, Rodrigo Cortés, Juan Gómez-Jurado y Javier Cansado alcanza los 130 episodios al cierre de su duodécima temporada.

entrevista todopoderosos mundocine
© Victoria Velasco / mundoCine

Sesenta minutos antes del comienzo de la grabación del último programa de la temporada 12 de Todopoderosos, Arturo González-Campos y Rodrigo Cortés realizan la prueba de sonido en el auditorio del Espacio Fundación Telefónica, hogar de uno de los podcasts de entretenimiento de referencia en nuestro país, a la espera de la llegada de Juan Gómez-Jurado.

Unos minutos después, atienden a mundoCine en una sala anexa al auditorio donde, mes tras mes, agotan las entradas y graban un nuevo episodio para el disfrute de miles de personas que siguen con lealtad el camino de estos cuatro jinetes del apodcastlipsis.

A lo largo de más de diez años han logrado consolidar un formato tradicional al que han insuflado un soplo de aire fresco basado en la contraintuición, la química y el humor como arma para derribar cualquier muro –o moral– que pueda presuponerse.

Además de trufar de contenido sobre películas, cómics, álbumes de música, novelas o cualquier otra obra artística que uno pueda imaginar, los Todopoderosos han construido unos códigos perfectamente reconocibles para sus seguidores, con los que han logrado conectar sin recurrir a la condescendencia ni a la búsqueda constante del agrado.

En esta extensa entrevista con Arturo González-Campos y Rodrigo Cortés, quienes ya conocen el programa podrán profundizar en sus orígenes, su filosofía y un humor tan particular como el de sus protagonistas. Quienes aún no lo hayan descubierto encontrarán un primer acercamiento al alma genuina de Todopoderosos, que no es otra que la amistad y la generosidad que existen entre sus cuatro integrantes.

Todopoderosos alcanza los 130 programas en el Espacio Fundación Telefónica como broche a su 12.ª temporada.
TE PUEDE INTERESAR
Todopoderosos alcanza los 130 programas en el Espacio Fundación Telefónica como broche a su 12.ª temporada.

Jesús Casas: Celebráis vuestra particular fiesta de fin de curso con el volumen V de Somos lo que comemos. Es el episodio 130 de 12 temporadas que empezaron, precisamente, en torno a la comida. ¿En qué momento os disteis cuenta de que estas conversaciones debían dar el salto al podcast que es hoy Todopoderosos?

Rodrigo Cortés: Si los lectores interpretan Somos lo que comemos como algo relacionado con los cocidos que nos preparaba Arturo es que no están familiarizados con el concepto de metáfora [ríe, mientras Arturo recoge el guante].

Arturo González-Campos: Pero es verdad que Todopoderosos nace en torno a la comida, entre otras cosas, porque no tenía otra cosa que ofrecer a esta gente que no fueran unas lentejas.

R. C.: Comida barata.

A. G.-C.: Eso es. Todopoderosos nace a la luz de la legumbre.

R. C.: Ni siquiera sabíamos lo que significaba exactamente un podcast. Fue algo que nos contó Arturo y que, para nosotros, era la oportunidad de reunirnos en torno a un hule de Spider-Man y hablar de cosas que nos hacían gracia sin cobrar, evidentemente, y sin ninguna conciencia específica de que fuera a haber alguien al otro lado.

Por eso mismo, cuando se lanzó el primer programa y Arturo nos dijo que era número 1 en iTunes, no sabíamos si era algo bueno o malo, aunque mal no sonaba [ríe de nuevo]. Sonaba, desde luego, improbable porque no lo anunciamos más allá de nuestras propias cuentas. Supongo que Todopoderosos nace cuando la podcastfera era una especie de yermo en el que, cuando aparecías y bailabas, se te veía desde lejos.

J. C.: Arturo, ¿te salía rentable? Ponías la casa y la comida para una gente que, además, come bien.

A. G.-C.: Desde luego que no. Salía perdiendo. Por otra parte, es la primera y única vez que he salido perdiendo rodeado de ellos. Todo lo demás ha sido aprovecharme para ganar dinero y tener… [busca la hipérbole hasta que la encuentra] un yate.

J. C.: Cada uno de vosotros pertenece a un ámbito comunicativo diferente, ya sea la radio, la literatura, el cine, el humor, etc. ¿Cuál era el bagaje previo entre vosotros antes de iniciar esta aventura en la que tenéis tanta química?

R. C.: En realidad fue algo casual. No se gestó un Los 4 Fantásticos en el que alguien, desde alguna cima, buscara a alguien elástico, a otro que ardiera bien o a uno que supiera hacerse el duro como la roca. Acudimos a la llamada de Arturo que, por otro lado, tampoco nos conocía tanto. Todos habíamos pasado en alguna ocasión u otra por La Parroquia y nos hacíamos gracia, pero no éramos amigos. Juan Gómez-Jurado fue otro de los cohesionadores porque se empeñó proactivamente en hacerse amigo de nosotros.
A. G.-C.: La ausencia de amigos de Juan nos acabó uniendo, no nos quedaba otra.

R. C.: La necesidad desesperada de Juan de tener amigos.

A. G.-C.: [Tras apagar el fuego de la risa] Es cierto que no hubo una intención de reunir a un grupo de Vengadores ni a unos amigos de infancia. Más bien, nos lo pasábamos muy bien juntos y decidimos grabarlo.

R. C.: Y, además, descubrimos que también disfrutábamos mucho grabando. Alguna vez más habíamos estado juntos y compartido tallarines, pero fue ahí cuando descubrimos que había gente que no tenía por qué ser graciosa y resultaba que lo era. Todo fluía de una manera muy extraña: cuando alguien decía algo, los demás se reían y, cuando eso no sucedía, siempre estaba Juan.

entrevista todopoderosos scaled
© Victoria Velasco / mundoCine

J. C.: Todopoderosos se caracteriza por una enorme variedad temática en tanto a artistas, obras y géneros de toda índole. Presuponiendo el interés mediático que generan figuras como Batman o Indiana Jones, ¿os sorprendió que los seguidores del programa se sumaran en masa con el mismo entusiasmo a otros episodios dedicados a Leni Riefenstahl, Richard Matheson o Luis Buñuel, por citar solo algunos?

R. C.: Nos sorprendió a posteriori, pero nunca fue una variable que tuviéramos en cuenta. De una forma un poco suicida e insensata decidimos que los planes le salieran mal a Arturo, que quería hacer algo parecido a un programa friki.

A. G.-C.: Y me rodeé de la gente equivocada, como puedes ver.

R. C.: Le explicamos con mucho cariño, eso sí, que a alguien a quien le gusta Star Wars no es un friki, sino toda la p*ta humanidad, y que no había nada que reivindicar [Las palabras brotan entre risas y miradas cómplices].

Nos hicimos muy fuertes en la falta de cálculo y decidimos que, efectivamente, íbamos a hablar de lo que quisiéramos. Muy pronto, con cierta chulería, descubrimos que daba igual, porque se había creado una especie de sonido del que el oyente era cómplice y que, más o menos, podíamos hablarle de cualquier cosa.

Nunca hicimos el mínimo esfuerzo por hacer un programa taquillero ni por insertar uno de esos temas cada tres episodios. Siempre hemos elegido los temas de manera intuitiva, sin preocuparnos por las teóricas reglas que gente venida de Dinamarca te explica algunas veces.

A. G.-C.: Así fue. Yo venía del mundo de la radio y la televisión comerciales y sí tenía esa idea, que ellos, afortunadamente, me fueron quitando de la cabeza.

R. C.: Probablemente Arturo y yo seamos, de los cuatro, los que más nos hemos criado con la radio. Recuerdo que, siendo adolescente, llegué a una reflexión sobre por qué los programas que más me gustaban eran los de madrugada o los de las televisiones locales donde aparecían cuatro historiadores para llenar dos horas de emisión. Llegué a la conclusión de que, en la franja nocturna, los ejecutivos no estaban prestando atención ni había anunciantes, por lo que esas personas simplemente hablaban, sin interrupciones.

En cambio, en las horas buenas se suponía que había que cambiar de tema cada cinco minutos y existía, existe, el famoso «que pasen cosas» que se dice en todas partes. Un poquito de entrevista, ahora un poco de viaje al Taj Mahal, enseguida las señales horarias… Ya todos conocemos las exigencias de la radio. Todo eso me llenaba de ansiedad y me parecía un c*ñazo, una especie de sonido de fondo pensado para rellenar un viaje en coche de una hora, cuando lo verdaderamente interesante no respetaba ninguna de esas reglas.

Pensamos que probablemente hubiera gente al otro lado que sintiera lo mismo y que, si estaba interesada en algo, quisiera que siguiéramos hablando de ello en lugar de cambiar de tema cada quince minutos o llamar a otro señor.

A.G.-C.: Llaman a un concejal; siempre hay un momento en el que llaman a un concejal en la radio. No se sabe muy bien por qué [ríe].

J.C.: ¿Seguís manteniendo la norma de que cuanto más solicita alguien un tema, más atrás queda en la lista?

A.G.-C.: Sí, porque, básicamente, esa es nuestra filosofía: no hablar de nada que no nos apasione o no nos apetezca tratar en ese momento. Eso se sigue manteniendo como una ley y eso implica que hay temas que la gente está deseando que tratemos y que, probablemente, sí acabemos tratando, pero será cuando nosotros queramos hacerlo. Creo que, en la época del «lo quiero todo y lo quiero ya», la gente se ha acostumbrado a que con nosotros va a ir por un camino distinto al habitual.

R.C.: Del mismo modo que no conmemoramos aniversarios o, si se muere alguien, no hacemos inmediatamente un programa homenaje. En el fondo es por respeto, precisamente, al propio finado, que tiene suficiente entidad y obra como para merecer ser tratado como cualquier otro. Desde el primer momento, la apuesta fue no tener ningún tipo de enganche con la actualidad.

Por eso tampoco nos hacemos muchas preguntas. Cambiar esto ahora no tiene mucho sentido porque llevamos haciendo las cosas «mal» desde el primer momento y nos ha ido más o menos bien, así que no hay ninguna intención de romper lo que parece que funciona.

J.C.: Después de saquear la casa de Arturo durante la primera temporada de Todopod…

R.C.: ¡Legumbres! ¡Eran legumbres MUY baratas! Puedes hacer una olla y repetir tres veces, que es lo que hacía yo. ¿Cuánto puede costar eso?

A.G.-C.: Le ponía choricito, ¿eh? No era legumbre viuda. Ya que se dice, que se diga TODO.

rodrigo cortes entrevista todopoderosos
© Victoria Velasco / mundoCine

J.C.: ¿Cómo surge la colaboración para que Espacio Fundación Telefónica sea el hogar de Todopoderosos y convertir su grabación en un espacio abierto al público?

A.G.-C.: Es otra suerte de milagro. Vinimos a hacer un programa específico y, al finalizar, Andrés Perruca [responsable de Programación y Contenidos] nos dijo: «Queremos esto todos los meses en Espacio Fundación Telefónica». Y así ha sido desde entonces con él, con Elena González y con toda la gente que se ha ido incorporando y que hace que todo sea muy cómodo para nosotros. Lo sentimos como nuestra casa. Ellos están contentos y nosotros aún más, porque tenemos un espacio donde hacer el programa y esperamos que se mantenga hasta que muramos todos.

R.C.: O, mejor aún, ellos. Si hay que establecer un orden, mejor así.

J.C.: ¿Uno se acostumbra o normaliza que las entradas para cualquier programa, con independencia de a quién esté dedicado, se agoten en cuestión de minutos?

R.C.: ¡Sí! Uno se acostumbra porque, cuando algo pasa durante doce años, acaba acostumbrándose. Lo que no hace es darlo por sentado ni creer que lo merece. En el fondo hay algo de «la brujería ha funcionado» o, más bien, «todavía no se han dado cuenta». Tenemos más o menos claro que va a suceder, porque las entradas se agotan en minutos y porque mucha gente nos dice que lleva siete meses tratando de venir y no consigue hacerlo. Pero, por otro lado, a nosotros lo que nos preocupa es que nos dejen venir a nosotros [bromea].

A.G.-C.: A nosotros nos cuesta entender cuál es la magia, porque está claro que la hay, de vernos en directo en Espacio Fundación Telefónica, ya que no es un programa condescendiente con el público que asiste.

Somos muy conscientes de que estamos grabando un programa de radio, aunque también se emite por YouTube. Yo, por ejemplo, todavía no sé dónde están las cámaras que nos graban, ni lo quiero saber. Tampoco solemos interactuar con el público que acude al auditorio.

Aun así, no solo se sigue llenando cada programa, sino que, además, nos dicen que es una experiencia muy grata, pese a que no sea un programa concebido para el directo, aunque también lo disfruten mucho.

R.C.: Esto que dice Arturo es muy interesante. Otra lección que hemos aprendido como oyentes de radio es que los programas que se hacen desde el Salón de Actos del Ayuntamiento de Teruel con entrevistas al Concejal de turno son insoportables para el oyente. Sirven para hacer caja, pero el oyente se siente excluido porque son retransmisiones para otros que están llenando ese Salón de Actos.

A.G-C.: Hay una fiesta a la que no estás invitado y que tú estás viendo desde fuera por una ventana.

R.C.: Además de los colaboradores, cuando están en esas circunstancias, suelen interactuar mucho con el público y empiezan los «¿a que como en Teruel no se come como en ninguna otra parte?», y tú estás en casa oyendo y pensando que ya volverán al estudio.

Así que, una cosa que tuvimos muy clara desde el inicio es que esto es radio, como cuando empezamos a grabar en casa de Arturo. Diseñamos una mesa ovalada, literalmente [el propio Rodrigo pausa, se contradice a sí mismo y ríe]. No, no inventamos la mesa ovalada, naturalmente.

J.C.: Debo decir que como titular es perfecto: «En Todopoderosos inventamos la mesa ovalada».

R.C.: Lo hicimos para mirarnos entre sí, no para colocarnos hombro con hombro frente al público, sino entre nosotros y con cascos para tener señal directa y no de la megafonía propia del Espacio Fundación. También, hablar lo menos posible con el público más allá de alguna pequeñísima concesión de Arturo.

De ese modo, lo que hace la gente que está en el auditorio es asistir en directo a la grabación de un programa de radio que es para otras decenas de miles de personas, en lugar de asistir a un show para ellos que otras decenas de miles de personas van a oír de prestado.

Así que, seguimos sin entender por qué viene la gente. Esto sí que nos cuesta entenderlo. Cuando alguien graba en la radio hay unas pequeñas gradas muy pequeñas a la que va la gente. Eso lo podemos entender, pero no que se llene de centenas de personas que, además, nos dicen que se está generando algo muy especial porque no está diseñado escénicamente para que pase algo especial. Tampoco tenemos mucha intención de indagar en ello, por otro lado.

arturo gonzalez campos entrevista todopoderosos
© Victoria Velasco / mundoCine

J.C.: De hecho, casi como en una película o en un libro, las personas que os escuchan se identifican con uno u otro por los roles tan marcados que habéis ido adoptando en el programa. Unos roles que, además de mucha generosidad, tienen un marcado sentido del humor. ¿Cómo de importante es el humor para construir la seña de identidad de Todopoderosos?

A.G.-C.: Es la clave de todo lo demás. Da igual el tema que tratemos, porque la gente lo que espera es que insultemos a Juan, que nos metamos con Javi, que…

R.C.: Rodrigo, Rodrigo. Me llamo Rodrigo.

A.G.-C.: …soportemos regular a Rodrigo y que yo meta la pata.

Es así y forma parte de lo que conforma el programa. Juntar a cuatro personas para hablar de temas es algo que se hace continuamente, pero, al final, es esa química no buscada, aunque sí existe y se transmite, la que hace que dediquemos un programa a Jacques Tati y la gente se interese, porque se lo cuentan estos cuatro con sus manías, sus tropos y sus giros. Y, como consecuencia, acaban viendo las películas de Tati porque hemos conseguido convencerlos de que merece la pena. Todo ello sin tener un plan perfectamente estructurado ni acariciando a un gato en un sillón mientras diseñábamos la idea desde el principio.

R.C.: Hay una respuesta aparentemente contradictoria, y sin duda paradójica, y es que cada uno de nosotros es un personaje; no somos enteramente así. Todos sabemos, porque lo hemos aprendido, no porque lo hayamos diseñado, cuál es la química del grupo y, por lo tanto, Juan es el huerfanito, Arturo es el cascarrabias, Javi…

A.G.-C.: ¡El loco!

R.C.: Eso es. Y voy a pararlo aquí para saltarme a mí mismo con una buena coartada. Esos personajes, en cambio, se parecen muchísimo a quienes somos. Si alguien pusiera una cámara espía en la cena posterior al programa, estarían pasando exactamente las mismas cosas.

Alguien diría algo y otro lo aprovecharía para responder con otra cosa, hasta que, en un momento dado, te parecería que estás escuchando el silbidito de Aquí hay dragones o cualquiera de esos extraños momentos de improvisación, porque todo está muy pegado a la realidad. La gente percibe ese buen rollo porque es real.

Podríamos, y sería perfectamente legítimo, salir de aquí, apagar los micros, venirnos abajo, darnos la mano y despedirnos hasta la siguiente, para que cada uno descansara de los demás. Pero no es así. La química es real y, al mismo tiempo, no está diseñada. No hay humor porque exista una decisión consciente, sino porque estamos estos cuatro.

En la primera temporada estaba Sergio «El Monaguillo» y, a partir de la segunda, Javier Cansado. No tienes que decirles: «Estaría bien salpimentar la charla con un poquito de humor». No. Es una cuestión de mirada, de reacción y de intuición.

Lo que pasa es que aquí hay unos cuantos pura sangre de la improvisación que consiguen, de forma muy rápida, que las cosas funcionen sin impostarlas nunca, porque son muy buenos. Lo de juntar a cuatro personas para ponerse a hacer gracias está inventado y, por lo general, no funciona. Aquí nadie intenta hacer chistes.

Javi javiea, Arturo arturea y todos recibimos pelotas curvas que devolvemos como podemos. Y luego tenemos a Juan, que es el único que no es gracioso, pero que resulta imprescindible, porque es sobre él sobre quien pivota absolutamente todo.

A.G.-C.: Es el que genera más humor con su sola presencia y, por tanto, nos lo pone más fácil a los demás.

R.C.: Tú podrías no ser gracioso… hasta que habla Juan. Él te da material inmediatamente sobre el que replicar en el acto y tener algo que decir.

J.C.: Habláis de la química entre los cuatro como la identidad de Todopoderosos y, ahora que Javi lleva un tiempo ausente, quería preguntaros: ¿cómo es cuando alguno de los cuatro no está presente en una grabación?

R.C.: Es difícil, ¿eh?

A.G.-C.: Es muy complicado.

R.C.: Nos toca remar más.

A.G.-C.: Estamos muy acostumbrados a que las cosas fluyan cuando estamos los cuatro e intentamos que, haya el hueco que haya, desde fuera se note lo menos posible. Somos conscientes de que no vamos a poder esconder ningún elefante si no está Rodrigo, si no está Juan o si no está Javi. Evidentemente, es algo que se va a notar y que dificulta llegar a ese clima.

R.C.: Hay un flujo que va solo; nunca tenemos miedo de que se pare el programa. Por ejemplo, al principio de cada episodio nadie sabe lo que va a pasar, aunque hay gente que no se lo cree. No hay escaletas, no hablamos sobre aquello de lo que vamos a tratar y simplemente sabemos que hay una serie de películas de alguien, si es que se trata de un monográfico sobre un director, de las que se va a hablar. Eso es todo lo que sabemos.

Arturo empieza a hablar y, a partir de ahí, alguien dice algo y otro responde con otra cosa. Hace muchos años que ninguno de nosotros tiene miedo de que el programa se detenga, porque siempre alguien va a tener algo que decir. Por eso, cuando falta alguno, es mucho más duro.

Intentamos que no se note más allá de que, si falta Javi, por supuesto echas de menos que no está. Hemos grabado la vuelta de Aquí hay dragones sin Javi, aunque ha hecho algunos cameos, y, por un lado, recuperamos el sonido muy, muy rápido; pero, por otro, salimos mucho más cansados de cada grabación porque hemos tenido que poner más energía de la habitual.

J.C.: Al hilo de la grabación de Aquí hay dragones y del regreso de esta primera temporada, hubo un auténtico tsunami de cariño en redes sociales en torno a ese reencuentro. Es muy poco habitual encontrar una unanimidad así en una época tan polarizada.

R.C.: Pues nos parece muy mal [ironiza].

A.G.-C.: No estamos nada contentos con eso.

R.C.: No lo estamos. Para nada.

R.C.: «Javi, Javi, Javi… ¡Te queremos, Javi!».

A.G.-C.: Nos ha quitado todo el foco. Allí estábamos cuatro personas y parecía que solo importaba Javi.

R.C.: Hubiera bastado con una o dos personas que, ya no digo que dijeran algo bueno de nosotros, pero al menos comentaran: «Pues yo no lo echaba en falta» o «La verdad es que a mí Javi me sobra».

A.G.-C.: Con que hubieran dicho algo de nosotros…

R.C.: ¡Algo!

A.G.-C.: Pero no, aquello fue un monográfico sobre Javi y estamos muy indignados con todo eso.

juan gomez jurado entrevista todopoderosos
© Victoria Velasco / mundoCine

J.C.: ¿Quiénes fueron vuestros Todopoderosos? Aquellos que, a través de la radio, las revistas de cine o la televisión, os transmitían su amor por la cultura en sus diversas formas.

R.C.: Arturo y yo hemos hablado más de una vez de Carlos Pumares, por ejemplo. Éramos niños con la radio puesta de madrugada cuando debíamos estar dormidos, en lugar de llegar al colegio con ojeras por escuchar a aquel señor enfadado poniendo música de Bing Crosby o de Fred Astaire y hablándote de cosas de las que no sabías nada, pero de las que querías saber algo más. Para mí también fue muy importante escuchar a José Luis Garci cuando hacía Asignatura pendiente.

A.G.-C.: Sí, para mí también.

R.C.: Pues para Arturo y para mí [sonríen].

A.G.-C.: Creo que son los dos grandes referentes y, en televisión, ¡Qué grande es el cine!. Me lo tragué enterito y el día que lo emitían era un momento glorioso para mí: ver la película y la charla posterior.

Nunca hemos negado que Todopoderosos tiene mucho que ver con esa idea. Es una especie de agradecimiento por toda aquella información que recibíamos a una edad determinada, que nos iluminaba sobre King Vidor o cualquier otro autor y despertaba en nosotros las ganas de ver las películas de las que hablaban Pumares, a gritos, o José Luis Garci.

R.C.: Me di cuenta de dos cosas, Arturo, al hilo de esto. Nunca hemos mencionado la palabra «cultura», ni en el programa, ni en la publicidad, ni en nada parecido. Si alguna vez, que tal vez haya sucedido por pura estadística, se ha dicho la palabra «cultura», ha sido por error o de una forma poco edificante. Nunca nos hemos sentado para hablar de cultura porque tampoco sabemos muy bien qué significa esa palabra.

La segunda es que un día le dije a Arturo: «Me he dado cuenta de que le estoy hablando a mi yo de 15 años». Me recuerdo hambriento de datos, yendo a la biblioteca municipal para sacar libros, oyendo a Carlos Pumares o escuchando los viernes a Garci, que te contaba según qué anécdotas sobre ¿Qué me pasa, doctor?, de Peter Bogdanovich.

Me di cuenta de que estábamos haciendo un programa que yo habría querido escuchar en mi adolescencia y hay algo de eso en el centro de todo lo que hacemos.

Juan, siempre que habla de su obra o de su oficio, lo hace con el adolescente que fue. No lo verbaliza, claro, pero siempre vuelve al niño lector, y es obvio para todos los que le escuchan. Se vuelve a colocar en el lado del lector y, por eso, quienes están al otro lado lo reconocen como un igual: les está transmitiendo lo que él sintió con Conan Doyle, Salgari o Stephen King. Del mismo modo que veo en Arturo al niño que escuchaba el transistor.

A.G.C.: Sin duda.

R.C.: Y con Javi no hay nada que decir, porque no ha crecido desde los seis años. No ha mostrado cambios reseñables [ríen].

J.C.: Siendo personas exitosas en cada uno de vuestros ámbitos profesionales, a nivel personal ¿qué es lo que os aporta juntaros cada mes, durante ya más de diez años, para charlar sobre cualquier tema?

A.G.C.: No sé si me he parado a pensarlo, pero sí sé que, si no lo tuviera, lo echaría muchísimo de menos. Juan acaba de decirlo: «Nos vamos a morir haciendo esto, aunque sea en casa, alrededor de una mesa». Por eso creo que debe aportarme más de lo que parece. Nunca me he planteado qué me aporta exactamente en el día a día.

R.C.: Paladas de dinero, Arturo.

A.G.C.: Palés en la puerta de casa, claro. Pero, más allá de eso, Todopoderosos es algo que, si no tuviera, echaría profundísimamente de menos.

R.C.: De hecho, es sorprendente que siga existiendo. No porque haya gustado tanto, ni por hacerme el humilde. No hablo de eso. Hablo del hecho de juntar a cuatro personas con carreras muy consolidadas, en ámbitos distintos y, en general, muy ocupadas. No es fácil conseguir que cuatro personas coincidan una vez al mes durante un año; cualquiera puede marcharse tres meses fuera por un proyecto perfectamente.

Algo tiene el agua cuando la bendicen. En lo personal te puedo decir, sin intentar aterrizarlo ni ponerle nombre, que una de las cosas que más satisfacción me han dado, teniendo en cuenta a lo que me dedico, que ya de por sí es muy satisfactorio e improbable, y la cantidad de gente con la que he trabajado, es venir aquí o grabar Aquí hay dragones cada mes.

Hay una extraña magia que nos llena de alegría y nos hace sentir muy bien, con la sensación, además, de que no dejamos las cosas peor de lo que estaban y de que es uno de los mejores momentos del mes.

entrevista todopoderosos temporada 12
© Victoria Velasco / mundoCine

J.C.: Y para terminar, después de agradeceros enormemente vuestra atención y este rato de charla con mundoCine.es: Rodrigo, ¿qué canción es para ti Arturo González-Campos?

R.C.: ¡Uf! No lo voy a intelectualizar, pero pienso en cualquiera de Stevie Wonder.

A.G.-C.: ¡Toma!

R.C.: Sobre todo, del album Songs in the Key of Life. Por ejemplo, el segundo tema, que ahora mismo no sé cómo se llama [saca su teléfono móvil, al que él mismo llama «teléfono celular con conexión satelital», y pulsa el play]. ¡Lo tengo! Have a Talk with God. El segundo tema de la cara A.

J.C.: Arturo, ¿qué libro es para ti Juan Gómez-Jurado?

A.G.-C.: Tampoco lo voy a pensar demasiado porque me sale solo: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Me leí ese libro en su momento y, después, me lo he vuelto a leer por el c*ñazo que me ha dado Juan con él. El Juan niño del que hablaba antes Rodrigo está en ese libro. Creo que todas sus obsesiones están descritas ahí. Entiendo perfectamente por qué no para de hablar de La isla del tesoro una y otra vez.

[Se incorpora para la última pregunta Juan Gómez-Jurado después de atender unos compromisos]

J.C.: Juan, ¿qué película es para ti Rodrigo Cortés?

Juan Gómez-Jurado: Pues te diría que Rodrigo Cortés son todas sus películas. Es Buried, es Love Gets a Room, Blackwood, Escape, Luces rojas… Cuando miro a Rodrigo lo que veo es una enorme videoteca llena de Blu-rays caminando dentro de una camisa que, por otro lado, hay que decir que está perfectamente planchada.


¡SÍGUENOS!

Jesús Casas

Jesús Casas

Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico. Ha cubierto el Festival de Cannes como prensa acreditada para mundoCine y ha entrevistado a personalidades de la talla de Rodrigo Cortés, Paul Urkijo, Álvaro Cervantes, Alba Flores o Sam Reid, y ha cubierto eventos desde la Academia de Cine y galas de premios como las Medallas CEC y los Días de Cine.

mundoCine
AVISO LEGAL de mundoCine

AVISO LEGAL

DATOS IDENTIFICATIVOS: En cumplimiento con el deber de información recogido en artículo 10 de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico, a continuación, se reflejan los datos del titular del dominio web:

Marca registrada: mundoCine

  • Entidad mercantil: LIVE OF THINGS, S.L.U.
  • C.I.F.: B90276775
  • Domicilio: Avda. de Emilio Lemos 2 (Edif. Torre Este), Mod. 411, 41020 Sevilla
  • Inscripción: Registro Mercantil de Sevilla, folio 20, tomo 6.238, hoja SE-110.597
  • E-mail: contacto@mundocine.es

A los efectos del presente Aviso Legal y resto de políticas, la entidad mercantil operando bajo su marca comercial registrada será denominada, en lo sucesivo, mundoCine.

USUARIOS: El acceso y/o uso de este portal atribuye la condición de USUARIO, que acepta, desde dicho acceso y/o uso, las Condiciones Generales de Uso aquí reflejadas. Las citadas Condiciones serán de aplicación independientemente de las Condiciones Generales de Contratación que en su caso resulten de obligado cumplimiento.

USO DEL PORTAL: www.mundocine.es proporciona el acceso a informaciones, servicios, programas o datos (en adelante, “los contenidos”) en Internet pertenecientes a mundoCine o a sus licenciantes a los que el USUARIO pueda tener acceso. El USUARIO asume la responsabilidad del uso del portal. Dicha responsabilidad se extiende al registro que fuese
necesario para acceder a determinados servicios o contenidos.
En dicho registro el USUARIO será responsable de aportar información veraz y lícita. Como consecuencia de este registro, al USUARIO se le puede proporcionar una contraseña de la que será responsable, comprometiéndose a hacer un uso diligente y confidencial de la misma.

El USUARIO se compromete a hacer un uso adecuado de los contenidos y servicios (como por ejemplo servicios de chat, foros de discusión o grupos de noticias) que mundoCine ofrece a través de su portal y con carácter enunciativo pero no limitativo, a no emplearlos para (i) incurrir en actividades ilícitas, ilegales o contrarias a la buena fe y al orden público; (ii) difundir contenidos o propaganda de carácter racista, xenófobo, pornográfico-ilegal, de apología del terrorismo o atentatorio contra los derechos humanos; (iii) provocar daños en los sistemas físicos y lógicos de mundoCine, de sus proveedores o de terceras personas, introducir o difundir en la red virus informáticos o cualesquiera otros sistemas físicos o lógicos que sean susceptibles de provocar los daños anteriormente mencionados; (iv) intentar acceder y, en su caso, utilizar las cuentas de correo electrónico de otros usuarios y modificar o manipular sus mensajes. mundoCine se reserva el derecho de retirar todos aquellos comentarios y aportaciones que vulneren el respeto a la dignidad de la persona, que sean discriminatorios, xenófobos, racistas, pornográficos, que atenten contra la juventud o la infancia, el orden o la seguridad pública o que, a su juicio, no resultaran adecuados para su publicación. En cualquier caso, mundoCine no será responsable de las opiniones vertidas por los usuarios a través de los foros, chats, u otras herramientas de participación.

MENORES DE EDAD: Los menores de 14 años no deberán facilitar sus datos personales a mundoCine sin el previo consentimiento de sus padres o tutores. Por tanto, si tiene menos de 14 años, por favor, absténgase de facilitar sus datos personales en esta web (por ejemplo, mediante formularios de contacto o suscripciones) sin la correspondiente autorización de sus padres o representantes legales. mundoCine no se hace responsable de los datos de menores de 14 años que se hayan facilitado sin dicho consentimiento.

PROPIEDAD INTELECTUAL E INDUSTRIAL: mundoCine por sí o como cesionaria, es titular de todos los derechos de propiedad intelectual e industrial de su página web, así como de
los elementos contenidos en la misma (a título enunciativo, imágenes, sonido, audio, vídeo, software o textos; marcas o logotipos, combinaciones de colores, estructura y diseño, selección
de materiales usados, programas de ordenador necesarios para su funcionamiento, acceso y uso, etc.), titularidad de mundoCine.
Todos los derechos reservados. Quedan expresamente prohibidas la reproducción, la distribución y la comunicación pública, incluida su modalidad de puesta a disposición, de la
totalidad o parte de los contenidos de esta página web, con fines comerciales, en cualquier soporte y por cualquier medio técnico, sin la autorización de mundoCine. El USUARIO se
compromete a respetar los derechos de Propiedad Intelectual e Industrial titularidad de mundoCine. Podrá visualizar los elementos del portal e incluso imprimirlos, copiarlos y
almacenarlos en el disco duro de su ordenador o en cualquier otro soporte físico siempre y cuando sea, única y exclusivamente, para su uso personal y privado. El USUARIO deberá
abstenerse de suprimir, alterar, eludir o manipular cualquier dispositivo de protección o sistema de seguridad que estuviera instalado en la página de mundoCine.

EXCLUSIÓN DE GARANTÍAS Y RESPONSABILIDAD: mundoCine no se hace responsable, en ningún caso, de los daños y perjuicios de cualquier naturaleza que pudieran
ocasionar, a título enunciativo: errores u omisiones en los contenidos, falta de disponibilidad del portal o la transmisión de virus o programas maliciosos o lesivos en los contenidos, a pesar de
haber adoptado todas las medidas tecnológicas necesarias para evitarlo.

MODIFICACIONES: mundoCine se reserva el derecho de efectuar sin previo aviso las modificaciones que considere oportunas en su portal, pudiendo cambiar, suprimir o añadir tanto
los contenidos y servicios que se presten a través de la misma como la forma en la que éstos aparezcan presentados o localizados en su portal.

ENLACES: En el caso de que en nombre del dominio se dispusiesen enlaces o hipervínculos hacía otros sitios de Internet, mundoCine no ejercerá ningún tipo de control sobre dichos sitios
y contenidos. En ningún caso mundoCine asumirá responsabilidad alguna por los contenidos de algún enlace perteneciente a un sitio web ajeno, ni garantizará la disponibilidad técnica, calidad,
fiabilidad, exactitud, amplitud, veracidad, validez y constitucionalidad de cualquier material o información contenida en ninguno de dichos hipervínculos u otros sitios de Internet.
Igualmente, la inclusión de estas conexiones externas no implicará ningún tipo de asociación, fusión o participación con las entidades conectadas.

DERECHO DE EXCLUSIÓN: mundoCine se reserva el derecho a denegar o retirar el acceso al portal y/o los servicios ofrecidos sin necesidad de preaviso, a instancia propia o de un tercero,
a aquellos usuarios que incumplan las presentes Condiciones Generales de Uso.

GENERALIDADES: mundoCine perseguirá el incumplimiento de las presentes condiciones, así como cualquier utilización indebida de su portal ejerciendo todas las acciones civiles y
penales que le puedan corresponder en derecho.

MODIFICACIÓN DE LAS PRESENTES CONDICIONES Y DURACIÓN: mundoCine podrá modificar en cualquier momento las condiciones aquí determinadas, siendo debidamente
publicadas como aquí aparecen. La vigencia de las citadas condiciones irá en función de su exposición y estarán vigentes hasta que sean modificadas por otras debidamente publicadas.

El usuario debe tener en cuenta que Internet no es un lugar completamente seguro y que, por tanto, ha de adoptar las medidas necesarias para evitar que sus datos personales sean conocidos
por terceros no autorizados que pudieran hacer un uso inadecuado de los mismos.