Naomi Watts recogerá el Premio Donostia en el Festival de San Sebastián 2026, donde presentará ‘La esposa perfecta’ (‘The Housewife’).
La actriz británico-australiana será homenajeada en la Zinemaldia y acompañará la proyección de su nueva película recién salida del Festival de Toronto.

Sobrevivió a los arrebatos románticos de un simio gigante con el corazón roto en lo alto del Empire State, nos hizo mirar de reojo a nuestros televisores por culpa de una dichosa cinta de VHS y nos enseñó que nada bueno sale jamás de un pozo, se perdió por las carreteras más serpenteantes y alucinadas de Hollywood y salió a flote tras el tsunami más devastador del sudeste asiático. Ahora, Naomi Watts tiene una cita con un escenario mucho más apacible, pero igual de imponente: la 74.ª edición del Festival de San Sebastián. Porque, tal y como ha anunciado la organización este lunes en un comunicado, la actriz recogerá el Premio Donostia en una gala que tendrá lugar el sábado 19 de septiembre.
Watts llegará así a Donostia para sumarse al cartel de homenajeados junto al cineasta alemán Werner Herzog en esta edición, entrando por la puerta grande en ese exclusivo club del Zinemaldia donde ya brindan con pintxos leyendas de la talla de Hayao Miyazaki, Cate Blanchett, Pedro Almodóvar o David Cronenberg. Además, la actriz no será precisamente una desconocida para los asiduos al festival, ya que desfiló por la alfombra donostiarra en 2009, cuando consiguió humedecer más de un lagrimal durante la clausura del certamen con Madres e hijas (Mother & Child), de Rodrigo García.
El viaje de Naomi Watts hasta la cima

Hija de una anticuaria, diseñadora de vestuario y escenógrafa, y de un mánager de gira de la mítica banda Pink Floyd, su infancia estuvo marcada por el divorcio de sus padres y la trágica pérdida de su progenitor por una sobredosis de heroína cuando ella apenas tenía siete años. La futura estrella pasó por una etapa bastante nómada antes de poner rumbo a Australia junto a su familia cuando tenía catorce años.
Fue allí donde empezó a poner los primeros ladrillos de su sueño interpretativo. La joven Naomi comenzó a formarse como actriz y a presentarse a castings, aunque antes de convertirse en una de las caras más conocidas del cine internacional también tuvo tiempo para curiosear otros terrenos profesionales: trabajó como modelo en Japón y hasta pasó por el mundo editorial como editora de moda.
Años después de su debut cinematográfico con Solo por amor (1986), apareció en La primera experiencia (1991) como estudiante de un internado de chicas, compartiendo pupitre con una tal Nicole Kidman. Más tarde, hizo las maletas rumbo a Estados Unidos, donde su ya íntima amiga Nicole ejerció de hada madrina improvisada y la animó a seguir picando piedra, aunque por aquel entonces nadie parecía reparar en ella.
Las cosas cambiaron finalmente para Watts cuando consiguió el papel protagonista en Mulholland Drive (2001), la obra maestra surrealista de David Lynch. Como el añorado director recordaría más tarde: «Vi a alguien que sentí que tenía un talento tremendo, un alma hermosa e inteligencia; las posibilidades para un montón de papeles diferentes. Era el paquete completo».
A partir de aquel accidentado viaje nocturno por las colinas de Los Ángeles, la carrera de Watts despegó como un cohete. De repente, ahí estaba ella: consiguiendo que media humanidad mirase con desconfianza su reproductor de VHS –¡qué tiempos aquellos!– por culpa de The Ring (2002); dejándose enamorar por el simio gigante de Peter Jackson en King Kong (2005); y compartiendo una velada de lo más poco recomendable con dos jóvenes invasores psicópatas vestidos de blanco en la versión de Michael Haneke de Funny Games (2007).
Entre muchos otros trabajos, acabó embolsándose dos nominaciones al Óscar: la primera por encarnar el peso del dolor en 21 gramos (2003), a las órdenes de Alejandro González Iñárritu; y la segunda por contener la respiración y enfrentarse a su propia hidrofobia en Lo imposible (2012), de J. A. Bayona. Y, teniendo en cuenta el cariño que se profesan, no nos extrañaría en absoluto que fuera precisamente el cineasta español quien le entregase el Premio Donostia.

Tampoco la pequeña pantalla se le ha resistido. Watts ha ido dejando su sello en televisión y acumula candidaturas al Emmy por meterse en la piel del «cisne» favorito de Truman Capote en Feud: Capote vs. The Swans (2024). Además, ha tenido que hacer frente a cartas anónimas y vecinos con muy malas vibraciones en Vigilante (2022); se puso en la piel de la periodista y presentadora Gretchen Carlson en La voz más alta (2019); y dio vida a una psicoterapeuta de moral bastante discutible –ejerciendo también como productora ejecutiva– en Gypsy (2017).
Aunque, puestos a rebuscar en su particular cajón de joyas televisivas, siempre nos quedaremos con dos momentos: su regreso al universo creativo de David Lynch en esa locura onírica marca de la casa que fue Twin Peaks: The Return (2017), y su divertida aparición en BoJack Horseman (2014), donde se puso voz a sí misma en versión animada.
Madre de dos hijos, Alexander y Kai, nacidos de su relación con el también actor Liev Schreiber, del que se separó en 2016, Watts ha convertido la salud femenina en una de sus grandes causas. La intérprete es una voz activa a la hora de visibilizar la menopausia y trabaja para derribar los tabúes que todavía rodean esta etapa. En 2022 pasó a la acción fundando Stripes Beauty, una empresa de bienestar y belleza con base científica que busca normalizar este tema, y es autora del éxito de ventas Me atrevo a contarlo: Todo lo que me hubiera gustado saber sobre la menopausia (Testimonios de vida).
La esposa de un posible nazi escondido en la Nueva York de los sesenta

Por supuesto, la estrella de 57 años no viaja a Donostia solo para recibir el mencionado galardón. En su segunda visita a la ciudad vasca presentará The Housewife (La esposa perfecta), la cinta elegida para poner el broche de oro a su Proyección Premio Donostia y que llega al certamen recién salida de su estreno mundial en Toronto.
El proyecto supone el debut en el largometraje del realizador canadiense Ben Shirinian, quien, tras curtirse en premiados cortometrajes (Josef et Aimée, Lost in Motion), da el gran salto rodeando a Watts de un sólido reparto que incluye a Tye Sheridan (The Order), Luke Evans (Drácula: La leyenda jamás contada), Michael Imperioli (Los Soprano) y Normal Reedus (The Walking Dead).
Ambientada en 1964 y basada en hechos reales, la película sigue los pasos de un joven periodista que descubre que un supuesto antiguo nazi vive escondido en Nueva York. La historia empieza entonces a ponerse realmente interesante cuando este reportero de The New York Times decide entablar amistad con la aparentemente encantadora esposa del sospechoso.
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