Crítica de ‘Oppenheimer’: La nueva bomba de Christopher Nolan.

A lo largo de su consagrada carrera, el cineasta británico Christopher Nolan (Sir desde 2024) ha hecho gala de una maestría poco común que le ha consolidado como uno de los mejores directores de nuestros tiempos –e incluso mejores directores, a secas–, con una filmografía titánica en la que figuran películas que todos conocemos –también los menos cinéfilos– como Origen, Interestellar o la trilogía de El Caballero Oscuro. Ahora, Nolan enriquece su colosal y minuciosamente curado corpus fílmico con Oppenheimer.
Dicha cinta, adaptación del laureado (Premio Pulitzer, nada menos) libro Prometeo americano: El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer, publicado por Kai Bird y Martin J. Sherwin en 2005, narra precisamente el desarrollo de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Lo hace a través de un retrato de cuerpo entero (un biopic, sí, aunque no de manual) de la figura clave de su creación: el físico teórico J. Robert Oppenheimer. Un acontecimiento que no solo precipitó el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, sino que también dio inicio a la carrera armamentística de la Guerra Fría con Rusia y que, desde entonces, nos mantiene bajo la amenaza latente de una más que posible guerra nuclear.

Desde la primera frase que se muestra en la pantalla, cita que establece un paralelismo entre Prometeo y Oppenheimer («Prometeo robó el fuego a los dioses y se lo dio al hombre. Por ello fue encadenado a una roca y torturado por toda la eternidad.»), queda muy claro que Oppenheimer es mucho más que una mera película histórica al uso. Con ella, Nolan imagina y presenta las inquietantes posibilidades de un posible acechante futuro próximo al espectador y le plantea profundas cuestiones filosóficas sobre las consecuencias de las acciones humanas, y al igual que en Dunkerque, el cineasta lo hace apoyándose en una acertadísima narración no lineal en la que se entremezclan pasado, presente y futuro, a través de una fantástica edición por parte de Jennifer Lame, con quien el británico ya trabajó anteriormente en Tenet.

La clave de todo es Cillian Murphy (Peaky Blinders) interpretando magistralmente al científico J. Robert Oppenheimer con una actuación de lo más convincente. No es la primera vez que Murphy colabora con Nolan, habiendo formado parte con anterioridad de la saga El Caballero Oscuro, Origen y Dunkerque, pero sí es la primera vez que hace de protagonista en una película del director. Y no es sorprendente que Nolan haya vuelto a confiar en él para este papel protagónico tan intrincado que, sin duda, le podría valer la primera estatuilla –no solo nominación– al irlandés, que ya lleva tiempo demostrando su talento sin apenas reconocimiento en los premios.
A Murphy lo secunda un estupendo reparto secundario, formado por grandes estrellas que no pasan desapercibidas y que se nutre de diálogos densos y sesudos. Entre los intérpretes figuran Emily Blunt (El filo del mañana), Matt Damon (El indomable Will Hunting), Benny Safdie (Diamantes en bruto), Rami Malek (Bohemian Rhapsody), Alden Ehrenreich (Oso vicioso) o Jason Clarke (El amanecer del planeta de los simios). Menudo desfile. Pero, por encima de todo, hay que destacar a un excelente Robert Downey Jr. (Iron Man) que deja atrás su registro más comercial para dar vida a un Lewis Strauss poliédrico.
Aunque menos afortunado resulta ciertamente el tratamiento de los personajes femeninos. Tristemente, Nolan sigue sin crear personajes femeninos que cautiven (una asignatura pendiente). Esto es particularmente notorio y muy palpable en el caso del personaje de Florence Pugh (Midsommar), cuyo potencial interpretativo queda ostensiblemente limitado, a pesar de su innegable talento actoral.

Con nada menos que tres (!) horas de metraje, sorprende gratamente que el tiempo se pase volando, y esto es en parte mérito de la envolvente y emocionante partitura de Ludwig Goransson (Black Panther), así como de la magnífica fotografía y montaje, que mantienen al espectador absorto en todo momento. Estamos, sin duda, ante una de las bandas sonoras más memorables del año en curso, y seguramente ganará muchos premios a la Mejor Banda Sonora Original.

En definitiva, Oppenheimer logra capturar la esencia y la complejidad de la figura histórica de J. Robert Oppenheimer de una manera impactante y soberbia. Casi no hay aspecto en la película que no se pueda destacar. Nolan ha creado una bomba cinematográfica.
NOTA: ★★★★½
“OPPENHEIMER”, YA EN CINES.
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