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CRÍTICA (27FestivalMálaga): “Yana Wara”

Realismo mágico antropológico.

© Festival de Málaga

A principios del siglo pasado, y como parte del vanguardismo literario que experimentó la literatura iberoamericana, surgió el denominado realismo mágico. Un movimiento definido por centrarse en la estética de la narración, y el interés por mostrar lo irreal o fantástico como algo cotidiano y común. Autores como Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o, la más coetánea, Isabel Allende, fueron algunos de los impulsores de este movimiento, dejando para la posteridad novelas como “Cien Años de Soledad”, “Pedro Páramo” o  “La Casa de los Espíritus”.

Obras literarias que han superado el paso del tiempo, inspirando a nuevos literatos -se me viene a la cabeza Dolores Redondo y su “Trilogía del Baztán” – llevando incluso este movimiento nacido a principios del siglo XX al campo de lo cinematográfico. Películas como “El Laberinto del Fauno”, “Amelie” o la propia “El viaje de Chihiro”, que se nutren de la corriente literaria hispanoamericana, y a la que debemos de sumarle esta película proyectada en la 27ª edición del Festival de Málaga.

Y es que, en este ejercicio de antropología que supone “Yana-Wana”, la pareja de directores formada por Tito Catacora (“Pakucha”) y el recientemente fallecido Óscar Catacora (“Wiñaypacha”) se valen del realismo mágico para contarnos la historia de Yama-Wara.

En los lugares prohibidos del Ande peruano, la Justicia Comunal acusa a don Evaristo, un señor de 80 años de edad, por el asesinato de esta joven de tan solo 13 años. Durante la audiencia, todos – incluido el espectador que se sitúa como uno más de los jueces – se enteran de la trágica historia de esta joven. Una joven que, a causa de una violación por parte de su profesor, empieza a experimentar una serie de aterradoras visiones provocadas por los espíritus malignos que habitan la zona.

© Festival de Málaga

Con el uso de una fotografía en blanco y negro y un formato de proyección 1.33:1, la pareja de directores encapsula la extensa profundidad de este recóndito lugar, así como las tradiciones y austera forma de vida de sus gentes. Unas gentes cuyos ritos de chamanismo y brujería son retratados por el guiñó de Óscar Catacora a través de este viaje por sanar a su nieta que recorre el personaje de Evaristo. Algo que retrata el apartado directoral desde una serie de planos cercanos rebosantes de este misticismo que radica en el realismo mágico, y que trata de esconder los momentos más macabros que sufre la joven Yana-Wara con una puesta en escena que los saca por completo del plano.

© Festival de Málaga

Una dirección que decide contar esta historia desde el naturalismo interpretativo más absoluto, seleccionando como elenco a los propios vecinos de la zona, y cuyas indicaciones a la hora de representar a los personajes que el espectador ve en pantalla parecen ser del tipo “se tú mismo, no fuerces nada”.

Todo ello, salpimentado por unos toques de cine de terror fantástico al más puro estilo “El Día de la Bestia”, y que dotan de vida a estas leyendas y explicaciones esotéricas que le dan los implicados en la historia de “Yana-Wara” a la condición que padece la protagonista.

© Festival de Málaga

En definitiva, “Yana-Wana” supone un intento (fructífero) por incorporar el realismo mágico iberoamericano a este estudio antropológico que realizan Tito y Óscar Catacora, y que resulta en una película naturalista de lo más peculiar para el panorama cinematográfico actual.

NOTA: ★★★★☆

“YANA-WARA”, ESTRENO EN CINES PRÓXIMAMENTE.


TRÁILER:

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© Festival de Málaga

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Mario Hernández

Mario Hernández

Cinéfilo granadino de la generación del 98 (1998 más concretamente), amante del cine independiente y las grandes sagas. Entusiasta de una buena sesión de peli y manta, soy graduado en Economía por la Universidad de Granada (UGR) con nivel C1 de inglés. Actualmente, estoy realizando el curso de Crítica de Cine en la Escuela de Escritores de Madrid.