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CRÍTICA: “La Zona de Interés” (“The Zone of Interest”)

Un devastador retrato de la anodinidad del mal.

Imagen de la película La Zona de Interés (The Zone of Interest)
© Elástica Films & Wanda Films

Probablemente uno de los acontecimientos más devastadores y deshumanizantes de la historia de la raza humana fue el holocausto. Un momento vergonzoso del pasado que ha sido llevado al cine en numerosas ocasiones, a veces adaptando novelas y escritos sobre el mismo. Películas como las oscarizadas “La Lista de Schindler” de Spielberg o “La Vida es Bella” de Roberto Benigni, que plasman este atroz periodo de la historia europea desde el abrumador y visceral punto de vista de quien lo sufre. Películas que nos sumergen en la deshumanización que se vivió durante más de cuatro años en los campos de concentración nazis, mostrándonos las paupérrimas condiciones de vida (por llamarlo de alguna forma) en las que vivían los instigados. Unas condiciones que para nada se asemejan a cómo vivían en esos mismos campos de concentración los oficiales nazis y sus familias durante la ocupación alemana, y que el director Jonathan Glazer (“Under the Skin”) nos retrata en esta adaptación de la novela homónima de Martin Amis.

Una adaptación, “La Zona de Interés”, en la que el director británico nos retrata el anodino día a día del comandante de Auschwitz, Rudolf Höss (Christian Friedel), y su esposa Hedwig (Sandra Hüller), quienes se esfuerzan en construir una vida palaciega para su familia en una casa con jardín anexada al campo de concentración más grande de Europa. Un campo de concentración, el de Auschwitz, que nunca llega a visualizarse en imágenes. Nunca llegamos a ver las atrocidades que a día de hoy sabemos que se cometieron, pero que sí que están presentes durante toda la película gracias al sonido.

Imagen de la película La Zona de Interés (The Zone of Interest)
© Elástica Films & Wanda Films

Desde el largo fundido en negro con el que se introducen los 106 minutos de metraje que componen “La Zona de Interés”, el espectador puede sentir la importancia que va a tener en la película tanto el sonido ambiente como la histriónica banda sonora compuesta por Mica Levi (“Jackie”). Un sonido que materializa los horrores que se vivieron durante la ocupación alemana en el campamento de Auschwitz, pero que siempre se encuentran fuera de campo. Un fuera de campo activo que se mantiene constante durante gran parte del metraje, y que reflejan de manera locuaz la pasividad con la que vivían estos horrores las familias de los ajusticiadores, comportándose como quien mira a otro lado sin hacer nada al respecto.

Y es que, el tratamiento frío y calculador que da Glazer a la película está destinado a plasmar lo anodino de la maldad que residía en los comandantes nazis y de sus familias. Con un ritmo pausado y lento, el director nos introduce en el día a día insignificantemente placentero de esta familia a base de planos amplios y cargados de profundidad, buscando cauterizar cualquier rastro de emoción humana en los personajes, evitando así cualquier posibilidad de empatía. Planos donde los puntos de fuga excelentemente bien alineados consiguen atraer la mirada del espectador al punto neurálgico de la acción, componiendo una sucesión de imágenes que perfectamente podrían formar parte de la colección pictórica de cualquier gran museo de arte. Una clase maestra de puesta en escena capaz de exprimir cada pulgada de la pantalla.

Imagen de la película La Zona de Interés (The Zone of Interest)
© Elástica Films & Wanda Films

A través de lo que recuerda a una serie de cámaras fijas de videovigilancia propias de un supermercado o un plató de televisión, el espectador es guiado por todas las estancias de la casa de manera que es capaz de escudriñar todos y cada uno de los recovecos de estas (gracias a esa profundidad que otorgan los planos), siendo capaz de trasladarse a la vivienda, haciendo que el impactante sonido ambiente cale más hondo, y pueda experimentar de primera mano la maligna anodinidad que rezumaba el día a día de estas familias nazis. Una película implícitamente aterradora, donde los planos están muy bien insertados a lo largo del todo el metraje, consiguiendo mantener la coherencia visual y el trasfondo del que hablamos a la perfección.

Toda la película supone un contraste continuo entre lo que vemos y lo que oímos. Un viaje sensorial tan aterrador como insensible, donde el escueto guion escrito por el propio Jonathan Glazer funciona como un mero justificador para plasmar lo que, desgraciadamente, en un momento de la historia fue una realidad. Un guion sumamente descriptivo y simbólico, que se apoya en la sobrecogedora fotografía de Lukasz Zal (“Cold War”), y donde las localizaciones exactas donde se desarrolla la acción siempre están ideadas para hacer más palpable esta dualidad en la forma de vida entre los instigadores e instigados. Un guion que no busca narrar un suceso aislado protagonizado por una familia concreta, sino que busca trasladarte al lado inmoralmente oscuro de la historia.

Imagen de la película La Zona de Interés (The Zone of Interest)
© Elástica Films & Wanda Films

Por todo ello, estamos ante una de las cintas mejor producidas del pasado año, donde las actuaciones contenidas que nunca terminan de verse en primer plano convierten a “La Zona de Interés” en una de las películas más crudas sobre el holocausto de los últimos tiempos. Una cinta donde lo importante no son los protagonistas per se, sino la situación sensorial que se transmite. Da igual que en esta casa vivieran Rudolf y su familia, porque como ellas había cientos en este tipo de situaciones. Da igual los “problemas del primer mundo” que pueda experimentar Hedwig a lo largo de la cinta, porque para los que conocemos la historia nos resultan insignificantes. Porque todo lo que te pueda pasar nos da igual si estás ajusticiando a personas por el simple hecho de tener unas creencias u orígenes distintos a los tuyos. Porque si eres capaz de convivir con esas atrocidades de fondo, precisamente tu día a día es el que menos importa.

NOTA: ★★★★★

LA ZONA DE INTERÉS”, YA EN CINES.


TRÁILER:

PÓSTER:

Póster de la película La Zona de Interés (The Zone of Interest)

© Elástica Films & Wanda Films

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Mario Hernández

Mario Hernández

Cinéfilo granadino de la generación del 98 (1998 más concretamente), amante del cine independiente y las grandes sagas. Entusiasta de una buena sesión de peli y manta, soy graduado en Economía por la Universidad de Granada (UGR) con nivel C1 de inglés. Actualmente, estoy realizando el curso de Crítica de Cine en la Escuela de Escritores de Madrid.