Crítica de ‘Anaconda’ (2025): Incluso la piel de serpiente tiene límites.

2025 ha sido un año cargado de buenas secuelas: Predator: Badlands, 28 años después, o Zootrópolis 2 son algunos de los títulos recientes que vienen a la cabeza de películas que suman, aportan y amplían el legado de sus originales. Esta Anaconda, en cambio, es algo un pelín más cínica, un pelín más corporativizada, un pelín más cercana a ese cine que llevamos una década y media viendo, con Jack Black regurgitando como lo hacen las gigantescas cobras del Amazonas. Estamos un poco agotados, pero aun así, este es un viaje familiar entretenido y muy apto para su estreno navideño.

Todos tenemos presente aquello que soñábamos a nuestros catorce, quince, dieciséis años. Esto es lo que les pasa a Griffen (Paul Rudd) y a Doug (Jack Black), un actor y un realizador de vídeos de la BBC (bodas, bautizos y comuniones), igualmente frustrados por no haber sido capaces de cumplir sus sueños adolescentes de petarlo en Hollywood. Desesperados por revivir su juventud y agotados por la rutina laboral y familiar, deciden volar a Brasil para escribir, dirigir, grabar y actuar en un remake –secuela espiritual clandestina y de bajo presupuesto– de Anaconda, el infame clásico de Serie B de 1997, protagonizado por Jennifer López, Ice Cube, Jon Voight, Eric Stoltz y Owen Wilson.

La nueva Anaconda, dirigida por Tom Gormican (El insoportable peso de un talento descomunal), no busca engañar a nadie: es una comedia de serie B con jumpscares baratos, un guion iterativo y típico para lo que Hollywood está haciendo recientemente, y una de las pocas sorpresas es la brasileña Daniela Melchior (Road House. De profesión: duro) interpretando a Ana Almeida.
Las familias vienen a ver una peli tipo Sharknado, de las de apagar el cerebro durante una hora y media, y es exactamente lo que entrega. Es casi un reciclaje al completo de lo que vimos en Una película de Minecraft. Por sacarle algo positivo, la animación CGI de la serpiente está bastante bien conseguida. La iluminación, no tanto.

Hablando de Jack Black y de sus roles repetitivos, aquí le vemos haciendo de director de cine fracasado y excéntrico, realizando una expedición a un mundo salvaje y desconocido para demostrar su valía. Si os resulta familiar es porque es el mismo personaje que Carl Denham, el pseudo-villano de la fantástica King Kong de Peter Jackson. Es digno sacar esto a colación, porque debajo del tío que desafió a PewDiePie abriendo un canal a YouTube con su hijo, y del tío que sale cantando canciones de los 80 en Jimmy Kimmel y distintas películas como Kung Fu Panda, Escuela de rock o Una película de Minecraft, hay un muy buen actor que sabe perfectamente lo que está haciendo. De hecho, esta explotación constante de la nostalgia de los 80 y 90 es un movimiento comercial muy medido por su parte, la de su agente y equipo en general.

El verdadero problema de esta reinterpretación de Anaconda es el estilo «self-aware» en el que las empresas se ríen de sí mismas por no ser capaces de tener nuevas ideas y estar explotando siempre lo mismo: hace un par de años, Barbie hizo lo mismo, riéndose de Mattel. Sony ejecuta la misma jugada aquí, y le queda igual de cínico y vacío. La película es entretenida. Divertida, incluso. Pero las ideas de guion y montaje que tiene podrían haber servido para algo fresco.

Claramente, siempre va a ser más rentable y seguro, como hace Anaconda, regurgitar sagas de hace 30 años y hacer cameos vacíos de Jennifer Lawrence o de Ice Cube. La película es correcta, inofensiva y cumple con su cometido.
NOTA: ★★½
«ANACONDA», YA EN CINES.
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