Crítica de ‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’: Gore Verbinslki vuelve al cine con una divertida propuesta de ciencia ficción postapocalíptica.

Gore Verbinski llevaba ocho años sin dirigir después del tremendo costalazo que se llevó con esa fábula enfermiza de terror que es La cura del bienestar, una película que, por méritos propios, ya forma parte del culto de los «soldados» del cine de género; un estatus que, muy probablemente, alcanzará la película que hoy nos ocupa.
Con Buena suerte, pásalo bien, no mueras, el cineasta estadounidense retoma los mandos –tanto en la dirección como en la producción– para adentrarnos en una distopía futurista donde la tecnología, los smartphones y una temida inteligencia artificial –que haría temblar las tuercas de la mismísima Skynet– nos han vuelto a todos imbéciles.

Así, la nueva obra de Verbinski introduce en la coctelera ciencia ficción postapocalíptica, viajes en el tiempo y narrativa tecnófoba al más puro estilo Black Mirror para alertarnos sobre los peligros de la complacencia asociada al sistema capitalista y los efectos nocivos de una alienación que tenemos más cerca de lo que parece. De hecho, resulta casi imposible no verse reflejado en muchos de los guiños y situaciones que plantea.
Ya desde el tráiler se percibe cómo la propuesta abraza el exceso y la comedia disparatada. En ella, Sam Rockwell (Tres anuncios en las afueras) se marca un solo de guitarra para sujetar la película sobre sus hombros, evidenciando una vez más lo gran actor que puede llegar a ser, con matices que van desde el humor absurdo hasta el drama familiar más intimista.

A pesar de que la cinta se configura con grandes dosis de comedia y gags que funcionan de maravilla para mantener un ritmo endiablado en el que el entretenimiento no decae en sus 136 minutos de metraje, lo cierto es que cuesta no cazar al vuelo las referencias que utilizan el director de Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra y el guionista Matthew Robinson (De amor y monstruos) y, por ende, anticipar lo que va a ocurrir.
Esta ligera sensación de que el suflé baja se acrecienta con las pequeñas historias cortas que, a modo de flashbacks, contextualizan a los personajes de Michael Peña (Ant-Man), Zazie Beetz (Te van a matar), Juno Temple (Ted Lasso) y Haley Lu Richardson (The White Lotus). Pasamos por alto al resto de secundarios, que carecen de desarrollo y solo sirven de carnaza para las trampas de la IA en esta aventura survival.
Dichas pruebas calcan ideas de la citada Black Mirror (o, lo que es lo mismo, La dimensión desconocida), apuntando directamente a episodios como San Junípero (3×04) y Ahora mismo vuelvo (2×01). La cinta también respira el aire de las clásicas historias de invasiones extraterrestres a lo La invasión de los ultracuerpos y, muy especialmente, del terror adolescente de The Faculty, aunque con un girito de tuerca. Existen otras referencias más textuales, como un guiño a Toy Story que es mejor no desvelar, y que funcionan precisamente porque se palpa el genuino deseo de Verbinski de hacernos pasar un gran rato.
Todo esto manteniendo presente que se trata de la clásica historia del salvador frente al apocalipsis tecnológico; un relato con similitudes al juego metacristiano de «El elegido» de John Connor en Terminator 2, con su Sarah Connor incluida. Y, claro, es inevitable acordarse de las distopías urbanas de Terry Gilliam (Brazil, 12 monos), palpables en esa fotografía sucia y oscura, y en la manera tan callejera de rodar de Verbinski.

Quizá el cine de terror tecnológico haya alcanzado un punto de saturación donde ya nada logra sorprendernos (al fin y al cabo, la realidad hace tiempo que superó a la ficción). Y cuando el armazón de la cinta se basa en un «corta y pega» de grandes éxitos del subgénero, esa sensación de déjà vu se vuelve aún más latente. Por todo ello, y aunque a nivel de entretenimiento cumple con creces, la película no deja de ser un collage de homenajes que el director modifica levemente para disparar su crítica a la sociedad consumista norteamericana.
Es innegable que Verbinski tira con bala, haciéndolo en ocasiones con tal acidez que logra arrancar una risa incómoda. Su dardo apunta hacia la deshumanización y la preocupante falta de empatía que estamos desarrollando como sociedad cuando el único estímulo de placer que experimentamos se está produciendo a través de pantallas negras, anestesiándonos frente a los problemas del mundo offline. Y es que, nos hemos acostumbrado a encontrar acomodo y arreglo en el mundo virtual, de tal manera que, cuando algo se rompe, lo cambiamos por otro producto nuevo, y si los problemas del mundo real nos son excesivos, nosotros nos introducimos en ese carrusel de reels y vídeos cortos donde ahogar nuestra ansiedad. El problema surge cuando esos contenidos están pensados y colocados ahí por una «mente maestra» que pretende pastorearnos como rebaño en beneficio propio (en la película, ese gran ente es la inteligencia artificial).

Además de lo anterior, a nivel de dirección, la película no plantea grandes ideas, más allá de jugar con una fotografía y composición de planos que va siempre a favor de la historia, así como la banda sonora de Zanelli con ritmos electrónicos y sintetizadores que remiten a una época atemporal que le sientan como un guante a la propuesta. Muy destacable también son los malabares que hace Verbisnki para que una producción de unos ridículos 20 millones de dólares luzca como un gran blockbuster, sacándole nuevamente las vergüenzas al cine made in Hollywood.

En resumen, Buena suerte, pásalo bien, no mueras es un auténtico disfrute para los amantes de las distopías tecnófobas que quieran pasarlo bien en esa liturgia que es acudir a la gran pantalla en la oscuridad compartida con unos cuantos desconocidos.
NOTA: ★★★½
«BUENA SUERTE, PÁSALO BIEN, NO MUERAS», ESTRENO HOY EN CINES.
TRÁILER DE BUENA SUERTE, PÁSALO BIEN, NO MUERAS:
PÓSTER DE BUENA SUERTE, PÁSALO BIEN, NO MUERAS:

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