Crítica de ‘La chica zurda’: Miseria y mirada.

La chica zurda, que tuvo su estreno mundial en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y su estreno nacional en la Seminci, llega a los cines españoles mañana, veintiún años después de que sus guionistas, Shih-Ching Tsou y Sean Beaker, colaboraran en el guion y la dirección de Take Out.
Ese filme marcó el inicio de una fructífera relación profesional en la que Baker escribe y dirige mientras que Tsou se encarga de actuar y de producir. Para este drama ambientado en Taipei, escriben de nuevo a cuatro manos, pero Tsou se pone por primera vez detrás de las cámaras en solitario.

La historia, rodada íntegramente con iPhone, sigue a la familia de Shu-fen (Janel Tsai), una madre que se muda a Taipei para conseguir una nueva vida, acompañada de sus dos hijas: I-Ann (Shih-Yuan Ma), la mayor, que ya puede trabajar, e I-Jing (Nina Ye), una niña pequeña y la titular chica zurda.

A pesar de contar con la dirección de Tsou, es imposible no trazar paralelismos con la obra de Baker (ambos parecen tener inquietudes artísticas similares, algo que explicaría su longeva colaboración), ya que esta película se sustenta sobre tres pilares temáticos: la familia, la precariedad y la infancia. La infancia y su inocencia como escudo que protege a los niños de la crueldad de la precariedad era el corazón de The Florida Project (2017), filme que catapultó a la fama a Baker, y que en esta cinta se cruza con el determinismo, ya que a I-Jing se le implanta una relación entre ser zurda y la maldad.
Tsou aporta su toque personal incorporando el choque generacional como otro de los temas a tratar dentro de la narrativa. Este choque se ve en la relación de Fen y Ann, y en cómo el abuelo de Jing le dice que no puede usar la mano izquierda, «la mano del diablo», debido a supersticiones ya superadas por generaciones posteriores.
También se intersecta temáticamente con obras anteriores de Baker al presentar el trabajo sexual como una sombra que persigue a las mujeres en situación de precariedad. Es imposible no seguir trazando paralelismos con la obra de Baker, ganador del Óscar a la Mejor Película por Anora, ya que, además de guionista, se hace cargo del montaje de la cinta, aportando a la narración un look y unas sensaciones muy similares a las de The Florida Project.

La dirección de Tsou, por su parte, apuesta por un estilo intimista y cercano, utilizando planos cortos para acercarnos a sus personajes, además de cámara en mano y planos de seguimiento, que hacen que el punto de vista del espectador esté completamente inmerso en el mundo de la ficción.

Uno de los problemas que plantea la cinta, al igual que otras obras de Baker, es ver si arrojar luz sobre historias de este estilo incurre en porno miseria o no. Este término hace referencia a las obras que se centran en mostrar situaciones en las que los personajes lo pasan mal, sin aportar nada especialmente, simplemente exhibiendo estas situaciones. Mientras que a lo largo de la película no parece cruzar la línea de convertirlo en espectáculo, el clímax plantea más problemas.
En el cumpleaños de la madre de Fen se presentan unos personajes (que no desvelaremos) para reclamarle a Ann algo, generando drama y tensión con gritos, lo que lleva a Ann a beber y a provocar más drama y gritos con su madre, arruinando el cumpleaños. Es una secuencia tan disonante con el tono del resto de la película y tan extrema, rozando el melodrama con sus revelaciones y resultado, que hace que nos preguntemos cuál es el objetivo de este volantazo, si de verdad proporcionar un clímax emocional a sus personajes u ofrecerle al espectador fuegos artificiales antes de finalizar la cinta.

Cada espectador tendrá su propia lectura sobre las intenciones del final, pero lo que sí podemos asegurar es que La chica zurda es un relato sobre los momentos, buenos y malos, por los que pasa una familia que, a pesar de su dureza, siempre se mantiene unida.
NOTA: ★★★☆☆
«LA CHICA ZURDA», ESTRENO MAÑANA EN CINES.
TRÁILER DE LA CHICA ZURDA:
PÓSTER DE LA CHICA ZURDA:

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