Crítica de ‘Peaky Blinders: El hombre inmortal’: Un limbo de cenizas y fantasmas.

No es fácil decir adiós. Las despedidas generan un regusto amargo entre la ausencia y la melancolía de lo que una vez fue y ya nunca será. Qué decir de aquella puerta que se cerró para siempre en la Calle Bedford Street de Nueva York, o aquel profesor de química convertido en narcotraficante que puso en el mapa Albuquerque para todos aquellos ajenos a la ciudad más poblada del Estado de Nuevo México.
Tampoco lo es cerrar un ciclo de éxito con tantos ojos acechando como luciérnagas en la noche más oscura, pues cuando una creación sale al exterior deja de ser de uno para ser de todos. Abrahams, Lindelof y Lieber bien saben lo que es sentir la presión de medio mundo sobre sus espaldas con el cisma final en torno a Lost.
Para quien esto escribe, no es sencillo elaborar un texto sobre una serie que lo acompañó durante diez años y cuyo final, ahora, se entrega en forma de largometraje. Y es que a Steven Knight, Netflix y BBC –como a tantísimos otros, por otro lado– la pandemia COVID sus planes respecto a Peaky Blinders y con una séptima temporada.
La imposibilidad de reunir al equipo de rodaje por las restricciones, el temor a un envejecimiento de los personajes y un desapego por parte de la audiencia, entre otros factores, reformularon la serie en la película que, cuatro años después del (pen)último capítulo, llega directamente a Netflix en nuestro país.

Peaky Blinders: El hombre inmortal retoma la historia metida de pleno en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La historia de la banda de Birmingham siempre fue, desde un inicio, una de entreguerras y Knight, aunque no de la manera esperada, ha podido dar el cierre al arco de esta generación Shelby en plena amenaza nazi contra el Reino Unido.
Tommy Shelby vive de espaldas a un mundo en el que Hitler quiere asestar el golpe definitivo a Europa detonando la economía británica desde dentro mientras la bombardea desde fuera. Mientras su padre se consume entre fantasmas, su hijo bastardo Duke lidera a unos Peaky Blinders desatados que navegan a sus anchas entre el caos y la corrupción de un mercenario que trabaja para el ejército alemán. Tras la aparición de la hermana de la madre de Duke, Tom decide volver a Birmingham para resarcirse de sus pecados en pro de Reino Unido y reencontrarse con su hijo.

Es llamativo cómo los fantasmas que asolan al icónico personaje encarnado por Cillian Murphy son los mismos que sobrevuelan la película. Además de un sello estilístico labrado a base de piezas tweed, flat caps y anacronismo musical, destacando, por encima de todos, el Red Right Hands de Nick Cave & The Band Seeds, el espíritu de la serie a lo largo de los años lo han cimentado unos personajes escritos de manera exquisita e interpretados magistralmente que lograban hacer empatizar al espectador con unos tipos con los que, de manera racional, convendría no coincidir en la acera.
A las ausencias justificadas a lo largo de la serie, se sumó un primer golpe con el fallecimiento de Helen McCrory, la Polly que, con personalidad y mano dura, ejercía de matriarca de los Shelby y cuya ausencia es un hueco imposible de suplir. Por otro lado, la decisión de dar fin en off al violento, alienado y extremadamente frágil Arthur Shelby, hermano mayor de Tom, ha hecho que muchos rumores circularan sobre si era una pura cuestión artística o una tomada por los continuos escándalos que el actor, Paul Anderson, suma a sus espaldas. Sea como fuera, Arthur, Polly y cada una de las ausencias a lo largo de más de diez años se llevaron consigo parte del alma que palpitaba en Peaky Blinders.

Uno encontrará en la historia de El hombre inmortal todos los elementos con los que se enamoró de la serie y, sin embargo, notará que algo se ha perdido. Entre las razones, puede encontrarse la transformación del aspect ratio visual al formato panorámico para hacerla más cinematográfica respecto a los más habituales en las primeras temporadas de la serie, relacionadas con el anamórfico.
También puede deberse a que el guion abandona el retrato de los Shelby y el conflicto intrínsecamente británico para desenvolverse en un mapa argumental mayor, iniciando la película en Alemania y estableciendo un enemigo más manido e impersonal como los nazis.
No se puede culpar, de ningún modo, a la incorporación del nuevo reparto, entre los que se encuentran nombres como Barry Keoghan (Saltburn), Tim Roth (Pulp Fiction) o Rebecca Ferguson (saga Misión imposible), cuyas actuaciones son más que solventes, pero cuyos personajes no acaban de encajar de manera orgánica en el puzle.

O puede, quizá, que todos hayamos cambiado, incluido Cillian Murphy, y que idealicemos el recuerdo de una época en la que el engranaje de la serie funcionaba como un reloj suizo. Tanto es así, que el propio Murphy es ahora un actor ganador, de manera incontestable, de un Óscar de la Academia.
Su alter ego, Thomas Shelby, se presenta como un personaje derrotado, abandonado a su suerte y acuciado por los fantasmas de todos los muertos que lleva a sus espaldas. Físicamente, se demuestra el cambio en el maravilloso actor irlandés, pero el espectador ha visto antes a un Shelby más derrotado y carcomido por sus culpas cuando tenía menos pecados a sus espaldas que ahora, donde muestra brío no solo con el arma, sino también en el acting físico y donde solo hay algunos retazos de los grandes momentos de Tommy como amo y señor de Birmingham.

De cualquier modo, Peaky Blinders: El hombre inmortal es un digno cierre para la saga, que muestra con certeza de manera visual la podredumbre moral de la banda en Birmingham y las cenizas que cubren el limbo sobre el que camina Thomas Shelby. Por muchos spin-offs y secuelas que ya están confirmadas, esta película se torna el último brindis en el Garrison, con unos personajes que acompañarán a toda una generación de seriéfilos. By the order of the Peaky Fucking Blinders.
NOTA: ★★★☆☆
«PEAKY BLINDERS: EL HOMBRE INMORTAL», YA EN NETFLIX.
TRÁILER DE PEAKY BLINDERS: EL HOMBRE INMORTAL:
PÓSTER DE PEAKY BLINDERS: EL HOMBRE INMORTAL:

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