Crítica de ‘Proyecto Salvación’ (‘Project Hail Mary’): La buddy movie espacial que necesitábamos.

Han pasado ya diez años desde que Ridley Scott estrenó Marte (The Martian), aquella película en la que Matt Damon cosechaba patatas en el planeta rojo a partir de sus propios excrementos. Una propuesta de supervivencia que respiraba una gran ligereza gracias a su sentido del humor, pero que se vio un tanto empequeñecida por gigantes del género, como Interstellar (Christopher Nolan, 2014) o Arrival (Dennis Villeneuve, 2016).
Por suerte, o por desgracia, ya no estamos en 2015, sino en una época en la que el blockbuster de ciencia ficción, monopolizado por Dune y otras IPs como Marvel, crea el contexto idóneo para que algo como Proyecto salvación (Project Hail Mary) destaque y se gane el corazón del público.

Empezar este texto hablando de Marte no es casualidad. Estos dos títulos de ciencia ficción tienen varios elementos en común, empezando por el autor de las novelas, Andy Weir. Además, las dos obras han sido adaptadas por el mismo guionista, Drew Goddard, la persona detrás de no solo dos estupendos filmes (La cabaña en el bosque y Malos tiempos en el Royale), sino también de la serie Daredevil como creador. Goddard es un auténtico maestro a la hora de equilibrar humor (veloz, irónico y autoconsciente) y drama (humano y profundo), dos ingredientes muy presentes en estas dos películas hermanadas.
Aunque hay similitudes en las premisas de Marte y Proyecto Salvación, el resultado es muy diferente. En la segunda, seguimos a Ryland Grace (Ryan Gosling), el científico encargado de estudiar al organismo que está provocando la lenta muerte de muchos soles, incluido el de nuestro sistema solar. Para ello, debe viajar al único sistema que no está afectado por este fenómeno y aprender sobre él. El problema es que, cuando llega a su destino, está completamente solo.

La primera gran decisión que comparten novela y guion es renunciar a la narrativa lineal, haciendo que la historia arranque con Grace despertándose en una estación espacial sin recordar nada. Mediante fragmentos de sus recuerdos se va contextualizando su pasado y las circunstancias que le han llevado a estar solo en el espacio, dosificando así la información y ganando en interés tanto por el presente galáctico como por el pasado terrícola. Una estructura que funciona de perlas, aunque sufre en sus últimos compases hasta el punto de encadenar varios finales.
El grueso de la historia, sin embargo, no reside en ninguno de los puntos citados previamente, sino en la relación de Grace con Rocky, un alienígena rocoso que tiene su mismo objetivo: salvar a los suyos y a su planeta de la extinción. Juntos traspasarán barreras del lenguaje y del contacto para ayudarse tanto en su cometido como en su mutua soledad. Porque Proyecto Salvación es, ante todo, un relato sobre la soledad y el hallazgo de una poderosísima amistad. Es preferible no entrar en detalles del argumento, y es que resulta imposible predecir lo conmovedora que llega a ser, con momentos que dejan a otros títulos con las mismas pretensiones a la altura del betún.

Los encargados de trasladar esta historia a la pantalla son Phil Lord y Christopher Miller, directores de grandes películas de animación como Lluvia de albóndigas (2009) y La Lego Película (2014), además de guionistas de la saga del Spider-Verso. Aquí, la dupla de cineastas está alejada de su zona de confort, al enfrentarse a una narrativa dramática, un actor protagonista de la talla de Ryan Gosling (Barbie) y un complejo set de rodaje. La buena noticia es que el dúo da la talla, aunque con ciertos matices.
Lord y Miller se han sabido rodear de un equipo de ensueño. En la dirección de fotografía destaca Greig Fraser (The Batman), firmando uno de sus mejores trabajos hasta la fecha. Su uso de las lentes y la paleta cromática dota de una dimensión épica a las imágenes, pero también deja espacio para una cierta sensibilidad, sobre todo a través del uso de la luz en los primeros planos. A esto se suma Daniel Pemberton (Slow Horses), quien compone una banda sonora hermosísima, heredera de la de WALL·E de Thomas Newman. Y, desde luego, hay que señalar a Gosling por su interpretación, con la que deja relucir tanto su registro cómico como el dramático.

Lo único que no destaca tanto es el montaje, a cargo de Chris Dickens (Slumdog Millionaire) y Joel Negron (Oso vicioso). Hallan momentos y detalles cómicos geniales mediante el jump cut, al igual que manejan con buen ritmo los momentos más dramáticos, pero en varias ocasiones se siente una urgencia injustificada por pasar de una cosa a otra, queriendo abarcar demasiado sin dejar respirar a las imágenes.

En esta cinta encontramos destellos de grandes hitos de la ciencia ficción contemporánea, además de algún que otro guiño a los clásicos: tenemos el aprendizaje y los recuerdos de Arrival; el viaje y los momentos de mayor tensión de Interstellar; y la comedia y ligereza de Marte. Pero Proyecto Salvación, lejos de ser un simple compendio de elementos ajenos, es una película con personalidad. No se la recordará por su ambición desmedida o la trascendencia de sus temas, sino por la ligereza y hermosura de su narrativa.
NOTA: ★★★★☆
«PROYECTO SALVACIÓN», ESTRENO MAÑANA EN CINES.
TRÁILER DE PROYECTO SALVACIÓN:
PÓSTER DE PROYECTO SALVACIÓN:

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