Crítica de ‘Si pudiera te daría una patada’: Ansiedad barroca.

Si pudiera, te daría una patada (en inglés If I Had Legs I’d Kick You, un título mucho más potente, todo sea dicho) llega a los cines de España avalada por el Oso de Plata y el reciente Globo de Oro a su protagonista. Ya desde su nombre, la película enuncia su tema principal: la impotencia.

En esta película, seguimos a Linda, interpretada por Rose Byrne (Platónico), una madre que se tiene que mudar a un hotel junto a su hija, quien necesita una sonda para poder alimentarse, tras la caída del techo de una de las habitaciones de su casa. La cinta narrará los problemas de Linda para lidiar con sus responsabilidades como madre y profesional, mientras su marido está de viaje y con una situación que cada vez le supera más.

La impotencia de la que hablamos se intenta transmitir al espectador a través de un dispositivo que hace uso de recursos tanto visuales como auditivos. Este segundo aspecto se deja muchas veces en segundo plano, por eso es destacable que la cineasta, Mary Bronstein, le dé tanta importancia y lo haga tan prominente.
Un uso tan intencionado del apartado sonoro viene de la mano de otra decisión de la directora: la apuesta por dejar el foco del conflicto en fuera de campo. Bronstein decide ocultar el rostro de la hija de Linda, consiguiendo así que esta se convierta en una preocupación siempre presente, pero en segundo plano para el espectador, haciendo que forme en su cabeza la imagen de alguien a quien no puede ver.
El problema principal de esta película es el abuso de estos recursos, haciendo que el filme resultante sea uno de excesos en sus intentos por generar en el espectador las mismas sensaciones que su protagonista durante sus casi dos horas de metraje. Dichos recursos son tan obvios y se repiten tanto que, en lugar de conseguir su cometido –la identificación con la protagonista–, consiguen sacarnos de la cinta llamando la atención sobre el propio dispositivo.

El primer plano de la película resume las intenciones de su directora: un primerísimo primer plano de la protagonista que transiciona por zoom out a un primer plano, mientras escuchamos una conversación entre la hija de Linda y la médico que la está tratando, ambas en fuera de campo. Mientras que este podría ser un inicio potente que resume las intenciones de la cinta, lo que en realidad encontramos es una síntesis de todos los recursos que Bronstein es capaz de usar durante ciento diecisiete minutos y que no evolucionarán. Los planos cortos para no darle espacio en el encuadre a la actriz seguirán ahí. El fuera de campo no aportará nuevas perspectivas; siempre serán conversaciones que terminarán en conflicto. Recursos siempre presentes y siempre de la misma manera.
Este problema también está presente en la protagonista, quien tampoco evoluciona. Linda comienza la película muy arriba en su nivel de hartazgo y continúa la cinta al mismo nivel, solo que lo expresa más. No asistimos a un crescendo, sino que presenciamos a una mujer al borde del estallido esperando a ver cuándo explota del todo.

Además, el uso tan evidente de los recursos narrativos lo que hacen es llamar la atención sobre ellos mismos y, por tanto, romper con la inmersión del espectador. El sonido no molesta por su complejidad y rapidez, sino que en momentos determinados el volumen se eleva por encima de lo tolerable, provocando molestia, pero uno es consciente de que es por algo externo. Todo está llevado al extremo. La recepcionista del hotel no molesta es directamente irritante y confrontativa. Si se compra droga se compra a través de la deepweb y se compra cuatrocientos dólares. Si la niña grita tiene que gritar mucho, y aquí está el principal problema: la actriz que hace de la niña, Delaney Quinn, no actúa bien. El tono y el timbre con el que dice las cosas parece impostado, además de que al estar en fuera de campo este tono que parece amateur da una sensación de doblaje. Puede que esta sea una decisión intencionada para aportar a la irritación que se pretende conseguir, pero el resultado es una vez más conseguir que el espectador salga de la cinta y se llame la atención sobre el propio dispositivo.

Si pudiera, te daría una patada es una película plagada de buenas intenciones, pero a la que se le ven las costuras. Si uno es capaz de obviar su presencia y dejarse llevar por su dispositivo narrativo, es una película que cumple con su cometido, gracias en gran parte a ir de la mano de una actuación sobresaliente de Rose Byrne. Pero si estos mismos recursos te sacan de la cinta, simplemente te quedas con dos horas de metraje de gente superada por sus circunstancias y que grita mucho por ello.
NOTA: ★★½
«SI PUDIERA TE DARÍA UNA PATADA», ESTRENO HOY EN CINES.
TRÁILER DE SI PUDIERA TE DARÍA UNA PATADA:
PÓSTER DE SI PUDIERA TE DARÍA UNA PATADA:

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