Crítica de ‘Song Sung Blue: Canción para dos’: Kate Hudson brilla en una canción contada con melancolía.

«Los jóvenes son felices porque ignoran todo aquello que se puede torcer en sus vidas». Esta sentencia, de la boca del personaje de Claire Sardina, personaje de Song Sung Blue al que interpreta Kate Hudson, bien puede definir el tipo de película ante la que nos encontramos. Hay un subgénero oficioso, pero no poco abundante, de personajes que hacen lo que pueden con lo que la vida les ofrece. No son perdedores o personajes grises que han acabado obteniendo lo que, podría suponerse, merecen; no, más bien son personajes que se encuentran una situación bien diferente a la que se plantearon en su juventud y que el destino ha ido moldeando con sus vaivenes. Encaja bien otra cita para cerrar este párrafo de forma circular y que cristaliza lo que quiero expresar. Al final de Esplendor en la hierba, de Elia Kazan, el personaje de Natalie Wood se reencuentra con su primer amor, encarnado por Warren Beatty, tras muchos años separados, y le pregunta si es feliz con la vida que tiene, a lo que él responde: «Supongo. No me lo planteo demasiado», entregando uno de los finales más amargos de la historia del cine y subvirtiendo el verdadero significado de qué es la felicidad.
El director que saltó a la fama por Hustle & Flow en 2005, Craig Brewer, es el encargado de adaptar –y recargar de efectos dramáticos innecesarios– el documental homónimo de 2008 que retrata la historia real del matrimonio Sardina y su éxito como Lightning & Thunder, un dueto de Milwaukee que rendía tributo a la música de Neil Diamond. La elección de dos artistas que, en su madurez, no han encontrado otra forma de expresar su música más allá del tributo, apunta la mirada hacia la presentación de unos personajes que no han tenido la fortuna necesaria para cumplir su sueño y están ante otra oportunidad de reinventarse.

No tarda demasiado Brewer en dramatizar la historia real. Ya en el primer acto de la película, reúne a Claire y Mike como dos imitadores musicales en cierta decadencia que comparten un matrimonio roto, una paternidad difícil y la fascinación por la música, mientras que, en realidad, Claire era fan de Mike en la juventud y fue así como comenzó su idilio. Como aquello del huevo y la gallina, el motor sobre la creación de la banda que les reportará el éxito no se sabe si pende de la decisión de Mike de ser fiel a la música que quiere cantar o al firme empujón de Claire para que solo cante canciones de Neil Diamond. Con el paso del metraje, la película demostrará que no se trata de ni una cosa ni otra, sino que la causa cinética de todo paso en la pareja es el amor. Como cada grieta en el rostro de ambos, cada paso hacia delante juntos no será gratuito y juntos tendrán que superar una serie de adversidades.

La película no esconde su alma musical, entendida más bien por el amor hacia la música –sobre todo, como homenaje a Neil Diamond y a aquellos artistas que hacen más grandes, aún, a sus ídolos desde el tributo–, que puramente por el género musical, como sí lo es El gran showman, por mencionar un ejemplo donde alguno de sus protagonistas esté presente. Arranca con un tono bastante naíf y lleno de buenas intenciones, donde los conflictos de los personajes se apuntan a modo de obstáculos que han marcado sus vidas hasta el momento actual, como el pasado alcohólico de Mike y el difícil matrimonio por el que ha pasado Claire. Brewer centra el primer acto en la ilusión por recuperar el amor que cimenta la relación entre Mike y Claire, y el resultado de esta química: un matrimonio y el dúo Lightning & Thunder. El guion revoluciona la exitosa carrera laboral y profesional que ambos están realizando mediante el detonante dramático relacionado con uno de ellos y que golpeará la película una y otra vez durante todo el metraje, cada vez que intenten levantarse.

No sale del todo bien parado Brewer, ni en la dirección ni en el guion, a la hora de combinar los aspectos dramáticos con los emotivos y climáticos, que están relacionados con el éxito musical del dúo. No hay números especialmente destacables en este último aspecto, ni que supongan algo fresco en el género, y tan solo la química que ejercen en pantalla Jackman y Hudson es capaz de mantener una historia sobre la fortaleza del amor que, aislada de recursos visuales, se torna eminentemente explícita, previsible y sobrescrita. Parece confiar tan poco en la propia fuerza del relato original, que lleva a forzar algunas situaciones y apuntar encuentros que superan la línea entre la suspensión de la incredulidad y la inverosimilitud más absoluta en busca de la emoción.

Entre las interpretaciones, el único aspecto capaz de sostener un metraje injustificablemente largo, cabe destacar, por encima de todas, la interpretación de Kate Hudson (Casi famosos), que regresa con fuerza y vigor a la gran pantalla con un personaje real, tanto en sus fortalezas como en la superación de los conflictos psíquicos y físicos que encuentra. Resulta extraño, por otro lado, que Hugh Jackman (Deadpool y Lobezno) esté tan solo correcto y que no logre separar al espectador del actor en pro del personaje en un género donde ha demostrado sobradas aptitudes en trabajos muy superiores, como Los Miserables, El gran showman, o su maravillosa presentación de la 81 Edición de los Óscar.

Obra particularmente recomendada a los fanáticos de la música de Neil Diamond, mover los pies al ritmo de Sweet Caroline y de las historias con giros de impacto que ponen a los personajes en una situación límite, Song Sung Blue se queda a medio camino de casi todo lo que busca y tan solo es una película cantada con melancolía.
NOTA: ★★½
«SONG SUNG BLUE», YA EN CINES.
TRÁILER DE SONG SUNG BLUE:
PÓSTER DE SONG SUNG BLUE:

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