Cristian Beteta, director del cortometraje nominado al Goya ‘Ángulo muerto’: «En el cine es mucho más violento imaginar que ver».
Del éxito de su corto a rodar su primer largometraje en forma de western con tintes de terror.

Uno de los cinco aspirantes al Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción en su 40.ª edición es Ángulo muerto. Rodado en una localización única, con tan solo dos personajes en escena, relaciona temas como el acoso escolar, la culpa, la venganza y el resultado de todo ello.
Este trabajo cuenta con las interpretaciones de dos actores galardonados con el Goya, Carlos Santos (El hombre de las mil caras, 2016) y Eva Llorach (Quién te cantará, 2018), que entregan dos personajes sumidos en el dolor, y sobre los que el director Cristian Beteta sitúa una cámara en busca de la tensión entre ambos.
El corto ha recibido más de 50 galardones a nivel nacional e internacional, entre los que se encuentran el Premio Forqué al Mejor Cortometraje Cinematográfico, y estuvo a un paso de entrar en la shortlist de la presente edición de los Óscar.
Tras varios años en el camino del cortometraje, Cristian Beteta empezará a rodar su nuevo largometraje en el próximo mes de abril. Antes, en plena preproducción y con una agenda llena de compromisos, atiende a mundoCine para contarnos cómo fue el proceso de realización de Ángulo muerto.

Jesús Casas: Sería una entrevista interminable si mencionamos la cantidad de galardones que ha recibido Ángulo muerto. ¿Cómo ha sido este proceso de reconocimientos desde que se estrenó el corto a finales de 2024?
Cristian Beteta: El corto empezó bien, pero no lo hizo reventando. Estuvo en varios festivales, pero el punto de inflexión fue ganar en CINELEBU [Festival Internacional de Cine de Lebu], que es un festival chileno calificador al Óscar y cuyo reconocimiento nos permitía acceder a la carrera por la nominación a los Premios de la Academia.
En España hay unos cuantos festivales calificadores al Óscar, pero ganar uno a nivel internacional fue una gran hazaña, porque vota mucha gente que no te conoce de nada, entre una gran cantidad de cortos nacionales e internacionales de muchísimo nivel.
A partir de ahí, el corto empezó a despegar. Hemos tenido reconocimientos muy chulos, como la Mejor Dirección y Mejor Actriz, a Eva Llorach, en los Premios Fugaz, el Premio a Mejor Cortometraje Nacional del Festival Internacional de Cine de Almería [FICAL] o el Madrid PNR [Plataforma de Nuevos Realizadores], que es una referencia dentro del circuito de cortometrajes. Estos serían algunos de los más representativos dentro de los más de 50 premios que ha conseguido Ángulo muerto.

J.C.: Y el (pen)último gran paso es la nominación al Goya al Mejor Cortometraje de Ficción. ¿Qué significado tiene?
C.B.: La nominación al Goya es algo muy emocionante. Cuando empecé a hacer cortos, lo veía como algo imposible. Lo vivía con una distancia tan, tan lejana que asumía que era algo que no iba conmigo.
Además, me gusta mucho el género, y todos mis trabajos anteriores a Ángulo Muerto, más o menos, se enmarcan en ese contexto, y me veía muy fuera de todo esto.
En cambio, cuando ganamos el Premio Forqué, fue el momento en que pensé: «Puede pasar, puede pasar», porque, de manera habitual, el cortometraje ganador de estos premios siempre está entre los cinco nominados al Goya.
Se hacen más de 800 cortometrajes al año y solo nominan a cinco. Es algo que me llevo para toda la vida. Es único y estoy muy feliz y agradecido.
J. C.: Hablemos ahora de la síntesis de Ángulo muerto, que está ya disponible en Movistar Plus+. Recibes el guion de David Verdugo y una propuesta de una historia que bordea varios géneros en un solo escenario con dos únicos personajes. ¿Cómo es el proceso desde la primera versión hasta la que llega al corte final y cómo se vende algo así a un productor/reparto para levantar el proyecto?
C.B.: La primera vez que me llegó el guion de David, ya vi que la base era muy buena y había elementos narrativos muy interesantes que podía potenciar. Me daba miedo y, a la vez, me molaba mucho la cuestión de la única localización y solo dos personajes. Suponía un reto a nivel de dirección y puesta en escena.
En cuanto a las reescrituras, mantuvimos una reunión entre David, Raúl Cerezo [productor ejecutivo] y yo, en la que pusimos sobre la mesa una serie de cosas a las que creía que se podía sacar más partido.
En la primera versión del guion, al final de la película, están viendo el vídeo los dos personajes de la película, y yo pensaba que el vídeo lo tenía que ver solo ella, como verdadera protagonista del cortometraje, porque es el motor que genera la situación y había que castigarla [entrecomilla mucho esta palabra] un poco, porque él ya tenía bastante castigo con lo que había hecho.
Fueron una serie de decisiones que tenían más que ver con el ritmo y matices, que no tanto con la estructura, que era muy sólida desde el principio.
La siguiente vez que cambia el guion es en el set, trabajando con Carlos Santos y Eva Llorach. Una de las cosas que más me gusta del proceso de hacer este cortometraje es el viaje junto a ellos, en el sentido de construir los diálogos juntos. El texto del guion estaba muy bien, pero nos tomamos la libertad de hacerlo más propio, más orgánico, desechando algunas cosas e incorporando otras. Que el corto estuviera vivo en todo momento, fue muy bonito.

J. C.: En apenas 15 minutos, la historia tiene varios giros que influyen emocionalmente en los personajes. Todo está rodado de una manera muy clásica, reforzando el punto de vista y los planos cortos. Nos gustaría saber cómo planificaste un rodaje muy intenso [dos días], cómo escogiste la composición y la elección del lenguaje visual para condensar el arco de esta historia en tan poco tiempo.
C.B.: El corto tiene una reflexión muy grande a la hora de poner la cámara y por qué ponerla donde se pone. Estuve muchos días pensando dónde tenía que estar la cámara en según qué momentos para contar esta historia de la mejor manera en relación con los personajes.
Los momentos más dramáticos los rodamos de manera dorsal, para no mostrar el drama explícito, sino sugerirlo. Me interesaba mucho que la figura del niño estuviera de alguna manera, y hay un movimiento de cámara, un trasfoco, que nos muestra la ausencia del niño y que, a su vez, es su presencia.
Cuando estaba conceptualizando, intenté escoger muchas ideas de dirección. Necesitaba hacer algo desde esta posición, porque era un corto muy dialogado, que podía llegar a ser demasiado teatral, y quise hacer algo diferente a través del lenguaje visual.
Con el director de fotografía, Álex D. Sala, elegimos ese aspect ratio [relación de aspecto: la proporción entre el ancho y alto de una imagen, pantalla o vídeo] tan cerrado para generar esa sensación de ansiedad y angustia.
Pensamos mucho las decisiones sobre cómo filmar los momentos más y menos intensos en relación a la distancia de la cámara y pienso que fueron acertadas, porque el feedback que nos llega del espectador es que su viaje es uno en el que conecta con la historia, el drama y la verdad de los personajes, los actores. Creo que ayudé a los actores con el montaje y el lugar donde poníamos la cámara para que pudieran expresar su verdad.
J.C.: ¿Hubo alguna idea de realización que tenías previsto aplicar y que, finalmente, tuviste que renunciar a ella?
C.B.: Sí, un plano que me da mucha rabia. De hecho, hay un tramo del corto que no me gusta cómo está rodado, porque no tenía tiempo, y eso me jode mucho. Es el momento en el que ambos personajes se bajan del coche, les sigue un travelling lateral hacia el maletero, y lo abren para ver qué hay en su interior.
Había una idea visual desde el retrovisor del coche, que también simbolizaba ese ángulo muerto del título, en el que la puerta del coche se abría, se cerraba y, a través del espejo, en fuera de campo, teníamos lo que ocurre en ese instante [evitamos decir qué ocurre para no destripar el efecto a quien no lo haya visto].
Esa era una idea que me encantaba, pero que no dio tiempo a realizar. Esos 20-30 segundos sí que me dan un poco de lástima, porque el efecto hubiese sido mucho más redondo con esa idea. En los rodajes siempre pasa. El tiempo te come y toca tomar una serie de decisiones. También estoy muy contento porque supe adaptarme a esa serie de planos que no pude rodar.
Al final del primer día de rodaje, el equipo me dijo que aún faltaban seis planos que, a ese ritmo de rodaje, no íbamos a poder realizar. Esa noche, estuve dándole vueltas sobre cómo mover la cámara para ser más eficiente y, al final, pude contar la historia con los planos que necesitaba y que sí pude rodar.

J.C.: Hay un elemento fundamental que hace presente la ausencia de ese niño, como es el teléfono móvil y el vídeo que estos padres ven. ¿Hubo conversaciones entre el equipo de cuál era la línea roja sobre la explicitud del vídeo para evitar que la tensión que generan Carlos y Eva se dispersara de ellos?
C. B.: No, no hubo una línea roja como tal. En este rodaje concreto, tuve libertad total para hacer y enseñar lo que quisiera. No siempre ha sido así en otros proyectos, y tener esta libertad me hizo muy feliz.
No obstante, pienso que, en el cine, siempre es mejor sugerir que mostrar. Es mucho más violento imaginar que ver. Me interesaba que, a través del trabajo de sonido y la sugestión, el espectador recibiese el contenido que tenía el vídeo.
Estoy muy contento, y es algo que pasa desapercibido, con que lo que sí se ve del vídeo es muy realista. Es una grabación que hicimos el día de antes del rodaje, y los chavales que participaron se implicaron un montón, logrando esa sensación tan violenta.
En ningún momento pensé que hacía falta ser más explícito de lo que ya era; lo tenía muy claro desde el principio.
J.C.: Hablábamos antes de cómo levantar un guion así y, ahora, quería preguntarte por cómo se suman Carlos Santos y Eva Llorach, dos ganadores del Goya, al proyecto y cómo ha sido trabajar con ellos.
C. B.: Les hicimos llegar el guion y les gustó mucho. Sí es cierto que Eva me pidió el último cortometraje que había hecho para poder verlo y, al final, dijo que sí. Fue muy guay trabajar con ellos porque son muy, muy buenos y me sirvió mucho para aprender.
Son tan buenos que hay algunos momentos en los que se escapa de las manos abordar tantísimo talento. Sobre todo en ese primer acercamiento en el que se conocen por primera vez gente con mucha experiencia y otros que estamos empezando en esto.
Es un proceso muy natural, por otro lado, que la confianza se tenga que ir construyendo poco a poco entre actores que han trabajado con los mejores directores y, ahora, lo hacen con alguien con quien no lo han hecho nunca.
Al principio, costaba un poco que confiaran en mí, pero, a medida que iban pasando las horas y hablaba con ellos, fue increíble porque lo bordan, enriquecen de una manera brutal el viaje y la dimensión de los personajes. Añadían matices, registros y frases, aceptando también aquellas que, al final, no encajaban en el resultado final. Creo que hicimos un buen match.

J. C.: Necesitabas, además, dos actores que aguantaran tan bien con planos tan cerrados sobre los personajes.
C. B.: Es lo que dije desde el principio. Necesitaba dos titanes, porque es un cortometraje de dos personas hablando durante 15 minutos y, si en el minuto dos, no te los crees, la película está muerta.
Fue una condición indispensable y, siendo sincero, no podría haber tenido un mejor casting. Más allá de que individualmente sean unos fenómenos absolutos, tienen una química juntos brutal.
J.C.: Llevas un recorrido profesional en el corto y el camino que tiene que seguir uno por el circuito de festivales es largo e imprescindible para la supervivencia y visibilidad de cineastas y autores que están empezando. Tras un año con Ángulo muerto, a nivel nacional e internacional, ¿cuál dirías que es el estado de forma de la industria del cortometraje en nuestro país?
C. B.: El circuito de cortometrajes en España es espléndido. Aunque vaya a rodar un largometraje ahora en abril, quiero volver a rodar un cortometraje después.
Me lo paso muy bien yendo a los festivales, en el sentido de que conoces a mucha gente, hay muchísimo talento, se generan coloquios superinteresantes, conoces productores y es un espacio que favorece el networking.
Vengo de un entorno y unos padres que no están relacionados con la industria del cine, y toda la gente que conozco en el mundo del cine, que es bastante, lo he hecho a través de estos festivales. Creo que son imprescindibles y que, a nivel nacional, hay festivales muy potentes que cuidan mucho al artista, le acogen, pagan dietas y estancias; en definitiva, que hacen las cosas muy bien.
Antes he mencionado FICAL, que, aunque sea un festival de largometrajes, también cuida mucho el corto, Skyline o Terroríficamente Cortos, que, siendo uno un poco más pequeño, te tratan de manera increíble.
Todo este entorno hace que los cineastas queramos seguir haciendo cortos, porque el viaje es muy enriquecedor a nivel personal y profesional, por el hecho de conocer a tanta gente durante el trayecto.
Además, de estos circuitos de largometraje salen muchos de los cineastas que ahora están haciendo largometrajes. Algunos de los largos, de hecho, surgen de cortometrajes que han estado en estos circuitos: Madre (2017), Cerdita (2022), Votemos (2025), Una cabeza en la pared (2025), Mi zona (2026), entre otros.

J.C.: Qué nos puedes adelantar de este próximo largometraje, Mi zona, que empiezas a rodar en dos meses.
C. B.: Estamos en proceso de preproducción y empezamos a rodar en abril. Ya hemos localizado y todo está bastante avanzado, aunque no puedo desvelar el casting, que sí está confirmado.
La historia parte del cortometraje que está dentro de la película y que vamos a rodar de nuevo. La sinopsis sí que os la puedo contar. Una chica, después de salir de fiesta, se pierde en una carretera. De ahí partimos al punto de vista de la hermana, a la que llaman indicando que la chica no ha acudido a trabajar. La hermana se dirige a este pueblo minero perdido en la España rural, que tuvo su momento de auge, pero que ahora se ha quedado rezagado, en el que su hermana ha desaparecido.
La película sigue ese viaje de búsqueda; es un western con tintes de terror que vamos a rodar entre Gran Canaria y Fuerteventura, y que tiene muy buena pinta. Estoy muy contento.
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