Diego Céspedes, director de ‘La misteriosa mirada del flamenco’: «La importancia de una comunidad fuerte está en mirarse a los ojos».
Su ópera prima, ganadora de la sección Un Certain Regard de Cannes y nominada a la Mejor Película Iberoamericana en los Premios Goya 2026, se estrena mañana en cines.

Diego Céspedes emerge como una de las voces más relevantes del cine latinoamericano reciente, tras ganar este año la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes con La misteriosa mirada del flamenco, su ópera prima. Este reconocimiento refuerza una trayectoria estrechamente vinculada al certamen francés, donde sus dos cortometrajes también fueron premiados. Ahora, el filme continúa su recorrido con la nominación a la Mejor Película Iberoamericana en la 40ª edición de los Premios Goya y otros a nivel internacional.
Ambientada en el desierto chileno, La misteriosa mirada del flamenco revisita la epidemia de VIH de finales del siglo XX para hablar del presente, poniendo el foco en una comunidad travesti que resiste desde el afecto y la familia elegida. Una obra necesaria, que apela a la memoria para cuestionar el miedo, el prejuicio y el retroceso de derechos que atraviesan nuestro tiempo.
Con motivo de su estreno en salas españolas mañana viernes, Diego Céspedes ha conversado con Jesús Casas en este espacio de mundoCine para, a partir de las preguntas preparadas junto a Andrea González, reflexionar sobre la importancia del cine en el contexto actual y desgranar las claves creativas y políticas de una película profundamente humana.

Jesús Casas: La misteriosa mirada del flamenco, entre otras cosas, aborda la epidemia de VIH en el último cuarto del S.XX. Hay otras dos películas con las que coincidiste en el Festival de Cannes como Alpha, de Julia Ducournau, y Romería, de Carla Simón, que también exploran esta vía. Definitivamente, 2025 ha sido el año en el que el cine ha mirado atrás para recordar a las víctimas de esta epidemia. ¿Qué sinergia crees que ha llevado ahí?
Diego Céspedes: Creo que algo en común es volver a hablar del pasado para construir un presente más digno, sobre todo en los tiempos que corren, donde todo lo que tiene que ver con las minorías, con lo diferente, está siendo cuestionado. Volver a un pasado donde el prejuicio y el miedo absorbió a la sociedad es, también, hacerlo del presente; y no solo de la enfermedad como tal, sino lo que significó para las personas que estaban detrás de esta epidemia.
En Romería, por ejemplo, el personaje del padre está directamente encerrado, oculto, por su propia familia. A ese nivel llegó la sociedad, y debemos reflexionar sobre ello para contrarrestar el declive de los derechos, de todo lo que es diferente, que estamos viviendo a día de hoy.
Conecto con otros cineastas en este discurso: reflexionar sobre el pasado para recordar algo tan básico como que todos somos seres humanos.
J.C.: Hablando de conexiones entre cineastas, siempre has señalado a la directora argentina Lucrecia Martel como una referencia para ti. Ella comenta la capacidad que tiene el cine para reinventar el mundo y construir un futuro esperanzador. ¿Es la lectura de La misteriosa mirada del flamenco una invitación a mirarnos a los ojos y reconocernos los unos a otros desde el amor y no desde el prejuicio, como ocurrió –y ocurre– durante mucho tiempo?
D.C.: ¡Sí! Cuando los espectadores vean la película, se van a encontrar con una montaña rusa de emociones. No solamente desde la tristeza, también es una película que les va a hacer reír y van a compartir en esa cantina un mundo que quizá desconocían.
La película invita a reflexionar sobre la comunidad, tenga el nombre que tenga, sea una familia sanguínea o elegida. La importancia de una comunidad fuerte, como dijiste tú, está en comunicarse y mirarse a los ojos.
J.C.: Además, hay un personaje masculino, Clemente, para el que construyes un desarrollo con ese carácter esperanzador que comentas, dando una visión más amplia y menos estereotipada del hombre.
D.C.: Existe el prejuicio de que el movimiento por la diversidad sexual está en detrimento de lo masculino, de todo el entorno heterosexual, y no es así. A lo que se invita es a vernos como iguales.
En ese sentido, Clemente tan solo es una persona que entra a un lugar con miedo y, cuando logra ver a las otras personas que están en la cantina como tal, encuentra un sitio donde se siente cómodo y al que querrá volver.
Por desgracia, no es algo que pase en el día a día, pero sí es una posibilidad que, como seres humanos pensantes, podemos llegar a acuerdos en los que cada uno se sienta incluido, tal y como es.

J.C.: América del Sur está en un momento geopolítico de gran inestabilidad –producto del homónimo síntoma a nivel global– y en muchos territorios se está jugando una batalla decisiva por preservar y conseguir derechos que hagan avanzar hacia una sociedad más justa y libre. Nos gustaría saber cuál es tu papel como cineasta y, como chileno, tu perspectiva de la situación ante el cambio de paradigma político en Chile.
D.C.: La misteriosa mirada del flamenco mira al pasado, pero no es tan distinta al trasfondo social y político que está ocurriendo ahora. Los movimientos populistas de ultraderecha emergentes son algo que ya se había visto antes. Donald Trump, Bolsonaro, Santiago Abascal… Ahora mismo, ellos no son el problema como tal. El problema viene de antes, porque, cuando la gente tiene miedo, apela a estos personajes como posibles salvadores.
Por eso, hablar sobre el pasado es clave: entender cómo el ser humano repite la historia e intentar hacer un cambio para evitar que termine como termine. Cuando el populismo avanza tanto, el final nunca es bueno. Lo hemos visto recientemente, y tenemos que recordar que vamos en esa dirección: una creciente inestabilidad política y social.
Respecto a Chile y el vuelco a la ultraderecha, es una llamada a que hay que defender la democracia y preservar la capacidad de hablar entre unos y otros.

J.C.: En tus trabajos anteriores –El verano del león eléctrico (2018) y Las criaturas que se derriten (2022)–, los relatos se articulan en torno a vínculos que construyen la idea de la «familia elegida» como una forma de resistencia frente a experiencias dolorosas. Ahora, lo haces de la mano de Lidia, Flamenco y el resto de la comunidad travesti, ¿Qué te impulsa a retomar este eje en tu cine y cómo se traduce en decisiones concretas de guión durante el proceso de escritura?
D. C.: Escribo mirando hacia mi propia familia y mis seres queridos. La emoción que yo siento por mi comunidad la intento transmitir a los personajes [Paula Dinamarca, que interpreta a Mamá Boa, es amiga personal de Diego], y también está en el guion.
Se me da natural escribir sobre estas comunidades, porque son a las que yo pertenezco y dan sentido a mi vida. Hay que empujar para que cualquier tipo de comunidad sea fuerte, ya que es algo esencial para encontrar el sentido de la vida.
J.C.: Algo también presente es el tratamiento de la luz, como esta se consolida como un elemento estructural del relato. En el caso de tu ópera prima, ¿cómo fue el trabajo conjunto con el director de fotografía, Angello Faccini, para construir esa identidad lumínica y construir el contraste entre la aridez del desierto, las escenas de interior y aquellas rodadas en plena noche con el carácter onírico que las envuelve?
D.C.: Fue un trabajo conjunto entre Angello y la directora de arte de la película, Amparo Baeza. Uno de los ejes era entender estas flores raras que nacen en el desierto y generar el contraste con la localización. Cuando el enemigo es más grande, la parte luminosa es aún más luminosa e importante.
La fotografía y arte apuntaban hacia ahí, a través de un trabajo muy minucioso de elección de colores, centrados en estas flores, las texturas, la iluminación y cómo construir, así, a los personajes humanos para que fuesen tan importantes como el desierto que les rodea y que ya hablaba por sí mismo.
J. C.: Algo que caracteriza al realismo mágico es la forma en que el espacio adquiere un peso esencial en la construcción de la narrativa, hasta convertirse en un protagonista claro del relato. En tu caso, ¿de dónde surge la elección del desierto y del oasis, cómo se construyen a nivel narrativo y visual, y qué valor simbólico adquieren dentro del universo del film? Me llamó la atención que dentro de ese oasis hay tres escenas, cuyo nexo común es la violencia.
D.C.: Hay algo que se recortó del guion que tiene que ver con la laguna más que con el desierto en general. El planteamiento era construir una laguna de agua muy oscura, casi todo barro, en la que, al fondo de ella, se encuentra una verdad que está tapada por la mierda y el barro.
Esta metáfora sí está presente, como un lugar donde comulgan las escenas más importantes de la película. Pasan cosas terribles, pero también pasan cosas lindas. Ir al origen de las cosas, entrar en el barro y alcanzar la verdad. Ahí apunta la metáfora de la laguna.
J.C.: Como hemos comentado, tanto en el tratamiento de la luz como en la construcción de las texturas, La misteriosa mirada del flamenco adquiere un carácter onírico que explora, más concretamente, en una escena, acerca de las leyendas. ¿En algún punto de la escritura del guion estaba la idea de lanzarse directamente a un relato surrealista, más alejado, aún, de la plausibilidad con el plano real?
D.C.: Sí, la película en el guion tenía muchas más escenas relacionadas con el realismo mágico, pero al final, el balance que encontramos en el montaje se inclinó más hacia la propia emoción que transmiten los actores. Esa realidad empezó a ocupar un espacio que quitó al realismo mágico.
Creo que el realismo mágico llega como una forma de dar sentido a aquello que no entendemos y, en esta película, fui poco a poco conociendo a los personajes y entendiendo que lo que mostraban ellos en pantalla era suficiente, lo que terminó por desequilibrar la balanza a favor de la emoción propiamente humana.

J.C.: En este sentido, en la película hay una decisión pronunciada y consciente en el tratamiento de la música y, sobre todo, el propio dialecto que emplean las actrices y los personajes, por ser fieles a la región chilena donde se desarrolla la película y mantener la identidad de la historia que cuenta. ¿Cuál era tu intención con esto?
D.C.: No es algo que me cuestioné realmente. Hablamos de este modo en Chile, de forma natural, lo mantuve y no pensé en modelar para el público extranjero. Hay algo lindo en la diversidad de las lenguas, que nunca me planteé cambiar.
La película viene subtitulada al español de España, porque hay palabras tan lindas que, si no entiendes su significado, no vas a sentir lo que expresan. Alguna de estas expresiones no tiene una explicación literal en otro idioma. Por ejemplo, «nanai», que en mapuzungun [idioma del pueblo mapuche] significa algo así como hacer un cariño, una caricia, y me parece genial darlo a conocer.

J.C.: Siendo ya considerado, en cierta medida, un «hijo de Cannes», y con La misteriosa mirada del flamenco actualmente en carrera por los Óscar y la nominación a Mejor Película Iberoamericana de la 40ª Edición de los Goya, ¿en qué proyectos te encuentras trabajando y hacia dónde sientes que se encamina tu búsqueda cinematográfica tras esta etapa?
D.C.: Esa es una muy buena pregunta, porque yo también me la hago [comenta entre risas el mismo día en que se anunciaría su nominación al Goya]. Lo que puedo asegurar es que voy a seguir haciendo cine, porque es lo que me encanta. Tengo miles de ideas en la cabeza que quiero seguir haciendo y trabajando, con la comunidad. El resto, la verdad, es que no lo sé
«LA MISTERIOSA MIRADA DEL FLAMENCO» SE ESTRENA ESTE VIERNES EN CINES.
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