Gerard Oms, director de ‘Muy lejos’: «Si la película ha cambiado la vida de una sola persona, ya ha valido la pena».
El cineasta catalán está nominado a la Mejor Dirección Novel en los Premios Goya 2026.

Gerard Oms emprendió un viaje a Países Bajos en plena crisis económica de nuestro país para redescubrirse a sí mismo, escuchar su ruido interno y buscar nuevos caminos personales y profesionales. Más de 15 años después, este viaje es el germen de su debut en la dirección, Muy lejos, película con la que ha cosechado diversos reconocimientos, como el Premio Especial del Jurado de la Crítica del Festival de Málaga y la nominación a la Mejor Dirección Novel en la presente edición de los Premios Goya.
La película está protagonizada por Mario Casas, actor con el que Oms lleva trabajando desde 2020 como acting coach y que, con el paso de los años, se ha convertido en un amigo personal y persona imprescindible para entender su proceso de Muy lejos. Además de todo esto, Oms es una persona reflexiva, autoconsciente, y que siempre lanza su mirada en busca de la luz y de arrojarla a aquellos temas que han estado –o aún están– en la penumbra.
En esta extensa entrevista con mundoCine, explora en los recuerdos y las emociones que ha vivido a lo largo del proceso creativo, artístico y promocional de su debut cinematográfico en la dirección.

Jesús Casas: El camino de Muy lejos empieza hace más de quince años, el rodaje hace tres, pero ¿cómo ha sido el último año, desde que la película se vio en el Festival de Málaga, donde recibió el Premio Especial del Jurado y Mario Casas el de Mejor Interpretación Masculina, hasta el día de hoy, con una nominación al Goya a Mejor Dirección Novel?
Gerard Oms: Pues ha sido un año muy intenso. Que sea mi primera película ha provocado que mi relación con ella haya sido muy naíf, de ir descubriendo sobre la marcha todo lo que es esta industria. Es algo que también me pasó con el proceso de escritura. Muy lejos es mi escuela de cine, la primera vez de todo, y la película con la que yo aprendo a ser cineasta.
Cuando empecé a escribir, había una expectativa por querer hacer las cosas de una determinada manera, siguiendo una cierta fórmula, probablemente fruto del miedo. Pero, en este proceso tan largo, hubo un momento en el que decidí soltarme, porque era agotador estar calculando cada manera de hacer las cosas.
A partir de ahí, siempre estuve a favor de dejar que las cosas surgieran y aprender de todo desde el lugar honesto en el que me encontraba, con la edad que tenía, el momento que vivía, y evité ponerme cualquier máscara para fingir lo que no sabía. Y al final eso fue lo mejor, porque, además, creo que eso ha quedado reflejado en la película. Porque Muy lejos es una película donde el descubrimiento llega a través de lo que le está sucediendo a Sergio, el protagonista de la historia.
J.C.: A finales del pasado año, pudiste visitar el Instituto Cervantes de Utrecht, institución que también aparece en la película. ¿Qué supone para ti este lugar y haber presentado la película allí, y ante españoles que, posiblemente, estén viviendo un camino similar al de Sergio (y al tuyo)?
G.O.: Llegué a Utrecht en septiembre de 2008, coincidiendo con el invierno más frío de los últimos 50 años, en el que no salió el sol prácticamente hasta el mes de abril. No conocía a nadie, estaba solo y el Instituto Cervantes se convirtió en un refugio.
Anteriormente, el mismo edificio había sido la Casa del Migrante, un lugar donde acudían personas hispanohablantes que llegaban a Países Bajos. Más allá de todo el trabajo que hacen por la cultura y su difusión, realmente cumplen una función muy primaria que tiene que ver con el calor, el idioma y hasta un café caliente.
J.C.: Y, además, en esta institución ocurre una escena central para la película.
G.O.: Quería que esta relación estuviese muy presente en la película y la escena que contiene la sinopsis ocurre ahí, en voz de Nausicaä Bonín, que recita este poema de Miquel Martí i Pol.
Es el punto de inflexión para Sergio, que por primera vez se acerca al quicio de una puerta, escucha las palabras del poeta y se ve interpelado. En ese punto es donde le dije a Mario que empezaba el cambio. Algo había tocado su corazón, había hecho clic, y le iba a acompañar hasta su transformación final.
Cuando el año pasado fui a la proyección de la película, fue en la misma sala donde rodamos esa escena tan determinante, también donde yo había visto en 2008 varias películas y charlas, y donde converge el Gerard del 2008, el de la película de 2023 y el del momento presente.
En ese presente, había personas migrantes que se vieron completamente interpeladas y abrazadas por la película y la historia de Sergio. Ese no fue solo un coloquio para hablar de cine, también se habló de algo político, social y tan necesario como es mirar el mundo desde un lugar humano, donde acogerse y acercarse unos a otros.
El coloquio fue eterno, porque nadie quería irse de ahí. Todos nos sentíamos atravesados por los temas que surgían. Para mí, el cine es un canal para contar algo al mundo, para podernos mirar, para transformar, para reparar, para reconciliarse. Al menos, desde donde yo veo el cine, es lo más importante a la hora de hacer una película. Y esto sucedió aquel día y fue muy bonito.

J.C.: Nos gustaría mucho conocer la historia que sucedió ese día en Utrecht en torno a Muy lejos y que nos ha contado una persona que estuvo presente en ese coloquio.
G.O.: Sí, es algo que yo quiero contar porque da sentido a la razón por la que hice esta película [se emociona y contagia esa emoción antes de hablar sobre ello].
En 2008, me fui de Barcelona porque estaba muy asustado, tenía pánico y lo estaba pasando mal. Encontré en Holanda una distancia, un anonimato y un refugio donde escuchar desde el silencio. Aprendí a mirarme con más amor a mí mismo y a aceptar mi orientación sexual.
Cuando tú haces una película, al menos en mi caso, hay un lugar muy íntimo, muy frágil, donde tú conectas con algo tuyo muy propio. Ese sitio es el motor, y alberga toda la fuerza desde la que vas a hacer la película. Para mí fue ese viaje a Holanda y fue resignificar todo ese dolor y todo ese deseo que yo tenía.
Antes de estrenarse la película en España, en la primera proyección de Muy lejos, en el Festival de Nantes, y previo al coloquio, se me acercó un chico de unos veintipocos años, una edad muy parecida a la que yo tenía cuando me marché a Holanda. Le temblaban las manos, tenía los ojos llorosos y, muy emocionado, me dio las gracias por la película y me dijo que era homosexual, pero que todavía no se había atrevido a decírselo a su familia. Entonces, lloramos juntos, porque yo me vi reflejado en ese chaval.
Me dijo que iba a acudir al pase de la película del día siguiente con su padre y con su madre, y que, después de verla, iba a intentar tener el valor de explicárselo. Le hice saber que lo que me había dicho le daba todo el sentido a la razón por la cual había hecho esta película, porque yo podría haber sido este chico hace 15 años y ojalá hubiera tenido la oportunidad de ver este tipo de película.
En la España de los 90, sentía que había una falta de referentes y, si hubiera tenido esta oportunidad, quizá no hubiera tardado tanto en salir del armario y aceptarme. Le dije que ojalá lo pudiera conseguir y esta charla me conectó absolutamente con ese lugar tan íntimo y pequeño que el autor tiene con uno mismo y que es el motor de la creación artística.
J. C.: No hay premio ni reconocimiento más grande que ese.
G.O.: Así se lo dije: «No sé cómo le va a ir a la película, pero si a ti te ha provocado esto, ya ha valido la pena hacerla. Ya ha tenido todo el sentido hacerla».
Si Muy lejos ha conseguido cambiar la vida de una sola persona, ya ha valido la pena.
J.C.: Desde tu experiencia, ¿qué les dirías a tantos españoles que, aún hoy, han tenido que buscar un futuro profesional o, utilizando tus propias palabras, resignificarse fuera de España?
G.O.: [Aún emocionado, Gerard reflexiona y reposa su respuesta]. Que seguro que existe belleza en lo que están haciendo, en lo que están viviendo, y que es muy bonito el proceso de buscarla, y todo tendrá sentido en algún momento. En esa necesidad que les ha llevado a emprender el viaje, estoy convencido que hay una riqueza a la cual agarrarse.

J. C.: El germen de la película nace con una conversación con su actor protagonista, Mario Casas. La película está estructurada en los diferentes procesos emocionales que vive Sergio a lo largo del filme. Nos gustaría saber cómo fue el trabajo de escritura del guion, del que has comentado algo al principio.
G.O.: El proceso de escritura de la película nace de unos diarios que yo tenía escritos del viaje que hice en 2008 y que, por suerte, no tiré [sonríe].
Cuando aparece la oportunidad de hacer la película, recojo estos diarios y voy rebuscando qué escribí entonces. Es ahí donde encontré la piedra Rosetta de muchas de las cosas que conforman la historia: lo que me pasaba en un cierto lugar, con quién me había reunido o cómo me sentía yo ese día. Ahí está Muy lejos.
Tras diez años sin haber vuelto a Holanda, en 2019 y durante diez días, recorro los lugares que solía frecuentar, paso muchas horas solo y es el nacimiento del proceso de escritura del guion, propiamente dicho. Una primera relación con el recuerdo de lo que había vivido.
Cuando tengo un boceto de lo que pasó y hacia dónde quería ir, hice una suerte de carta a los Reyes Magos. En este documento, de una forma intuitiva, casi caprichosa, fui apuntando cosas que me gustaban y que me decían algo, a veces de manera consciente y, otras, inconsciente.
Tomo nota de canciones que me gustan, un poema, una frase, la escena de una película… Una lista de deseos que me gustaría que apareciera en la película. Como puedes imaginar, es un documento muy extenso que, poco a poco, se va depurando con el paso de las diferentes reescrituras.
Siempre vuelvo a él de tanto en tanto, porque encuentro cosas que me conectan con el inicio y es muy puro, inocente y, a su vez, visceral. Cuando lo comento con mi entorno, me dicen: «¡Esto no tiene nada que ver con la película!», y suelo responder: «Aún no». Pero sé que hay algo en todo lo que había anotado que llamaba mi atención, aunque luego unas acaben desapareciendo o transformándose en otras.
J.C.: Como ya has comentado, una de las escenas centrales de la película, con la aparición corta pero estelar de Nausicaä Bonín, es donde ésta recita el poema Ben poca cosa tens, y que hace un clic en el espectador, la película y Sergio. ¿De dónde vino esta idea en concreto?
G.O.: El poema, de Miquel Martí i Pol, estaba en esta lista porque es el poeta favorito de mi padre y tiene un vínculo con el lugar de donde es Miquel. Lo dejé escrito junto al resto de cosas que, por un motivo u otro, se me iban ocurriendo. En cada reescritura y cada revisión que hacía al documento, el poema siempre estaba ahí.
Un día, hablando del tratamiento de guion 4 o 5, surgió la magia. Leyendo el poema una y otra vez, me di cuenta de que este poema era la síntesis de la película. Nunca supe si fue casualidad o si era algo que llevaba tiempo operando de manera inconsciente.
Supe que lo tenía que incorporar y todas las piezas del puzle empezaron a encajar: Sergio acudiendo al Instituto Cervantes, acompañando al personaje de David Verdaguer, que le deja solo unos minutos, las actividades culturales que programa esta institución… Y ahí empieza a obrar el imaginario.
Estoy convencido de que hay cosas que se mueven por encima de las lógicas que uno cree y, por eso, es tan importante no despegarse de esta intuición, menos tangible, casi holística, donde residen las pepitas de oro de los procesos creativos.

J.C.: Además, Muy lejos es una película que se cuenta desde los silencios, la introspección del propio personaje protagonista con su entorno, que se explica a través de lo que no dice.
G.O.: Esta es una historia de alguien que ha sostenido un silencio durante 34 años. Cuando se produce el cambio, este tiene que ser paulatino porque esconde mucho miedo y dolor.
Los seres humanos muy pocas veces verbalizamos lo que realmente nos pasa. Cuando ocurre, son momentos clave, donde la necesidad reside en el grito o expulsar el dolor acumulado.
A nivel espectador, el cine que me gusta es aquel que no verbaliza especialmente el conflicto. Siento que, en la vida, hay una lectura de lo que hacemos o no hacemos, cómo nos miramos, cómo permitimos o repetimos ciertos patrones que no pasan por el filtro de la palabra. Es ahí donde se definen las personas y las relaciones.
Me repele cuando una película es demasiado pedagógica y expositiva, diciendo lo que quiere contar a través de las palabras. Es la suma de ese gusto personal con una historia que requiere ser contada desde el silencio.
Sergio viene de un lugar lleno de ruido, de un marco heteronormativo como puede ser en algunos momentos el mundo del fútbol, a veces hostil, donde nadie puede hablar o reflexionar sobre uno mismo. No hay opción divergente, se trata de seguir la corriente, además, desde un lugar muy pasional, en el que es muy difícil ir contracorriente.
Del silencio, en cambio, mana la duda y la posibilidad de transformación. El cine, tal y como lo entiendo, es aquello que se esconde detrás de las imágenes y las palabras. Es la sugerencia, el misterio, la ambigüedad o la contradicción. Y no puede ser algo burdo, siento que se tiene que dibujar con pincel muy fino.
Me obsesioné mucho con que la película fuese, hasta cierto punto, críptica, que el espectador tenga que ir rellenando estos huecos a la vez que lo hace Sergio. Esa es la razón por la que la cámara está tan cerca de él.
Él mismo se está descubriendo a través de la duda. Quise mostrar esto mediante el lenguaje narrativo visual, planificando sus continuos acercamientos a los quicios de las puertas en varias ocasiones de la película. Sergio se acerca a las puertas, pero observa y descubre desde fuera, porque aún no se atreve a entrar.
J.C.: Otra de las escenas que mayor poder visual tiene, en tanto a construcción de la misma, es el travelling lateral, bastante largo, que sigue a Sergio luchando contra las adversidades en forma de viento en contra. ¿Aprovechaste una situación atmosférica desfavorable para convertirla en favorable, o hay un trabajo mecánico para crear esa corriente a la que Sergio se enfrenta?
G.O.: Esta es una película más barata que cara y había que confiar mucho en el destino [sonríe].
Tenía dos escenas apuntadas en el guion que tenían que ver con la meteorología, y así se lo hice saber al primero de dirección, porque teníamos que estar prevenidos para rodar cuando ocurriera. Siempre llevábamos en el camión la bici y la ropa correspondiente de cada uno de estos dos momentos.
El primero de ellos, sin embargo, era el sol. Necesitábamos un momento de sol, y fue el único día que salió el sol en toda Holanda de los 22 días que rodamos. Quería que hubiera un momento donde el sol iluminara la cara de Sergio, para colocarlo en alguna parte del tercer acto, sin saber que acabaría siendo el último plano. Dio la casualidad, además, de que fue en el partido de fútbol, lo que aporta un cierre circular a la película. Teníamos que estar prevenidos para, cuando saliera el sol, poder llevarnos opciones a la sala de montaje.
La segunda es esta que comentas. Estaba escrito que, en varios momentos, el personaje de Sergio volvía a casa, contra el viento y la lluvia. Ese low point, donde el personaje está más alejado de su objetivo, y hasta la meteorología está en su contra. Para ello necesitábamos que el país y el clima se pusieran aún más en contra del personaje.
Estábamos rodando otra escena cerca de un barrio donde yo había vivido, y empezó a llover a unos niveles que no se repitieron esos 22 días. Siempre llevábamos una furgoneta con el material de rodaje y, cuando empezó a llover, fuimos a este camino largo que yo recordaba y donde se produce la escena que comentas.
Nos montamos en el coche, cargamos la cámara y le dije a Mario que cogiera la bici, algo que hizo estoicamente, y nos pusimos a rodar varias veces el camino de ida y vuelta. En la película se aprecia más el viento y, no tanto, la lluvia, pero os aseguro que Mario acabó chorreando del agua que tuvo que soportar.
Mientras rodábamos este plano, sí tuve la sensación de que iba a ser una de las escenas capitales de la película, por todo lo que significa a nivel narrativo. Fue un regalo que nos dio la naturaleza. Sabía que tenía que llover así en algún momento, pues octubre, noviembre y diciembre es la temporada de lluvias en Holanda. Pero siempre te preguntas: «¿y si tengo mala pata?».
Al final, se trata de confiar en el destino y estar preparados para cuando estas situaciones que no puedes prever ocurren. El equipo de la película estuvo preparado en cada uno de los 22 días de rodaje, que es muy poco, y tomé una serie de decisiones para ir a favor de estas localizaciones, muy cerca unas de otras, y no tener que hacer grandes desplazamientos.
Hubo otras dos decisiones que tuvieron que ver también con el ajuste presupuestario y que tienen que ver con Mario. Siempre va con el pelo rapado y lleva la misma ropa toda la película, lo que facilitaba mucho las cosas. Además, el chándal que lleva el personaje se ha convertido en algo icónico, y le da una personalidad a la película [señala el póster de la película que tiene detrás y donde se ve a Mario Casas asomándose a la buhardilla].

J.C.: Cuando Mario Casas recoge el premio a Mejor Interpretación en los Gaudí, tiene unas palabras muy bonitas hacia ti. Creo que hay pocas personas tan capacitadas como tú para hablar de Mario como profesional y su evolución como actor en estos últimos años, para nosotros, uno de los mejores y más versátiles del panorama nacional.
G.O.: A Mario lo miro con muchísimo amor. Es una persona muy importante para mí porque me cambió la vida haciendo algo muy bonito y muy generoso conmigo, que hace que hoy estemos hablando tú y yo. Vio algo en mí que ni tan siquiera yo había visto, y se atrevió a decírmelo. Cuando eso pasa entre dos personas, es muy poderoso.
Antes de trabajar con él, Mario ya era un actor que me había llamado mucho la atención. Cuando trabajamos juntos en No matarás, que le valió su primer Goya, se sintió muy agradecido, y empezamos a trabajar juntos. Siempre me dice que conmigo empezó a ver las cosas de manera diferente, que hubo un cambio en su actuación.
Pero es que yo ya había visto un gran actor, antes de trabajar con él, que no sé si otra gente había visto. Había hecho proyectos maravillosos, como Grupo 7, La Mula, había dominado con muchísima soltura los registros cómicos que demuestra en sus trabajos con Álex de la Iglesia.
Mario es uno de los actores más versátiles que tenemos en España, y que mejor domina la técnica y la sensibilidad. Pero es alguien a quien, quizá, antes no se habían atrevido nunca a escribirle un personaje menos duro, que pudiera acercarse a la ternura, a la duda.
El estereotipo que se ha creado del personaje de Mario, este chico en moto de masculinidad tan dura, también tiene que ver con un mundo más preso de las herencias patriarcales, tan complicadas de mover. Por suerte, el mundo está cambiando, en gran parte gracias a una revuelta feminista, tras la que vamos todas las personalidades disidentes y todo tipo de personas que han estado mucho tiempo en los márgenes.
Por eso, cuando tengo la oportunidad de hacer la película, le digo a Mario: «Quiero hacer algo contigo que no hemos visto y que yo sí veo en los ensayos. Hay un registro de actor aquí que la gente aún no conoce» .
Él me da la oportunidad de hacer la peli y yo le devuelvo a Sergio. Mi proceso de escritura de cuatro años es pensando en cómo llevar a Mario a un lugar que la gente aún no había visto, para que vean el actorazo que es.
Mario tiene una intuición y un olfato increíbles. Siempre quiere el reto, aquello que es nuevo para él y para su profesión. Se quiere superar continuamente y es muy currante.
Espero que, a partir de Muy lejos, la gente que aún tenía algún tipo de prejuicio sobre él y el tipo de cine que había hecho, haya visto la posibilidad que tiene de ser un actor que también es capaz de hacer cine independiente, además de hacer los taquillazos que consigue como pocos actores ya. Quedan pocas estrellas de cine en España, y Mario es una de ellas.
Me alegra mucho lo que ha pasado en torno a Mario y su papel en la película, el reconocimiento que está teniendo a nivel de opinión pública y la industria, de un actor que ya estaba demostrando todo esto antes.
Como director, coach y, sobre todo, como amigo, me produce mucha felicidad que se destruya este prejuicio.

J.C.: Para terminar, además de agradecer enormemente tu presencia con nosotros, tienes aquí un espacio para explicar cuáles son los siguientes proyectos profesionales de Gerard Oms a corto y medio plazo.
G. O.: Quiero seguir en la dirección y en la escritura, porque me hace muy feliz. Tengo la suerte de que a la película le ha ido lo suficientemente bien para seguir teniendo la oportunidad de empezar y soñar con otra película.
Aunque puedo contaros poco, porque no puedo hablar demasiado de ello, sí que, de manera intuitiva, otra vez la historia que voy a contar vuelve a estar enmarcada en lo queer, lo social y con un fuerte componente político.
Siento que necesitamos seguir hablando de aquellos temas que, durante un tiempo, no se han hablado. Hay mucho dolor por reparar, mucha luz que arrojar e historias que colocar en el centro de la conversación. Me siento cómodo ahí, y encuentro un canal pasional donde conectar.
Ahora mismo, estoy en esa Carta a los Reyes Magos, que hablábamos antes, en el que confluyen deseos y primeros tratamientos de guion, un momento precioso del proceso creativo. Algo muy íntimo del autor consigo mismo que, después, se va a ir compartiendo. Pero, de momento, es propio y muy bonito.
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