Entrevistas

Guillermo de Mulder, periodista y corresponsal en Hollywood: «Mi relación con las estrellas es de respeto y complicidad».

A poco más de un mes de la gran noche del cine, entrevistamos a una persona que ha vivido los Óscar a pie de alfombra roja.

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© Guillermo de Mulder y composición de Victoria Velasco para mundoCine

Guillermo de Muller es equiparable a un astronauta para miles de niños de unas cuantas generaciones cinéfilas de nuestro país, aquellos que tenían permiso legal para levantarse a horas intempestivas de una madrugada de febrero/marzo, en noches que se parecían mucho a la de los Reyes Magos. Logrado dicho visado, encendían el televisor para conectar con un lugar tan lejano como la galaxia –el propio Gui lo indica en la entrevista que sigue al texto– y seguir la alfombra roja de los Óscar, en la que desfilaban toda la constelación de estrellas que les hacían soñar en las películas.

Este astronauta español, como digo, se mueve entre las estrellas e, incluso, consigue acercarse a escasos milímetros de ellas y conseguir que dediquen unas palabras para todos los amantes del cine, adultos y niños, de nuestro país.

Durante más de tres décadas, Guillermo ha sido el reflejo del brillo estelar de Hollywood para tantas y tantas generaciones. Este 2026 se cumplen 20 ediciones junto a su inseparable compañera, Cristina Teva.

Gui, ya de vuelta a la Tierra –Valencia– cuenta a los lectores de mundoCine cómo es vivir en la meca del cine y estar rodeado del material con el que se construyen los sueños de millones de amantes del cine. Lo hace desde la sonrisa, el cariño y el amor de alguien a quien le apasiona su profesión y con el que ha sido un absoluto honor conversar.

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Jesús Casas: En primer lugar, queremos darte la bienvenida a mundoCine y agradecer tu presencia con nosotros. Tras más de tres décadas viviendo en Estados Unidos entre Nueva York y Los Ángeles, ¿cómo estás y qué te ha aportado el cambio de la vida americana por una ciudad mediterránea como Valencia?

Guillermo de Mulder: Llevaba desde 1982 en Estados Unidos. Me fue muy bien, tuve una gran experiencia y fue algo muy bonito, pero llegó un momento en el que ibas en el coche durante 10 horas y aún seguías en Arizona. No salías de un mismo sitio.

Luego, está la situación política que el país está viviendo con Trump y que, para mí, fue algo muy determinante. Me parece un horror lo que está haciendo y la coyuntura política que se está viviendo da mucho miedo. 

Ahora, estoy encantado de vivir en Valencia porque me lo aporta todo. Es una ciudad muy diversa y muy, muy bonita. Tiene esto de ser pequeña y grande a la vez, lo tienes todo a mano. Además, facilita mucho poder viajar. Te puedes meter en un vuelo low cost y te marchas a muchísimas ciudades de España y Europa en cualquier momento. Al final, ya no podía más con América. 

J.C.: La sensación es que Estados Unidos debe ser un país con un estilo de vida muy intenso.

G.M.: Cuando llegué, hace miles de años [1982], me pareció un país muy abierto, muy bonito, que te permitía hacer todo lo que quisieras.

A día de hoy, la visión que tengo es otra, sí. La de un país muy difícil y muy tóxico, contagiado por la situación política, y todo lo que está ocurriendo en las calles. [En el marco temporal de esta entrevista, se están produciendo revueltas y manifestaciones contra la política migratoria del Gobierno Trump y la actuación del ICE, sobre todo en Minneapolis].

J.C.: ¿Cuál fue el recibimiento que te dio la ciudad de Los Ángeles cuando llegaste y cómo has sentido su evolución hasta tus últimos años de pertenencia allí?

G.M.: Los Ángeles siempre me ha parecido una ciudad alucinante, desde el día que llegué. Tengo el recuerdo de que era como viajar al planeta Marte. Primero, porque te metes en un avión y parece que nunca llegas. Las 14 horas de vuelo desde España se hacen larguísimas, y no dejas de pensar: «¡A ver si llego ya!». Y, al final, llegas, claro [sonríe].

Una vez allí, me sorprendió mucho lo preciosa que es. Tiene una luz que te mueres, sus palmeras, está llena de rincones y mitos relacionados con el cine, y todo en su conjunto me gustó mucho.

En los últimos años [reflexiona sobre el tiempo que ha pasado], en realidad, en las últimas tres décadas, ha evolucionado un montón. Es una ciudad muy cosmopolita y, cuando llegué, era algo así como una ciudad de Texas, de vaqueros. ¡No había café con leche! [sonríe de nuevo]. Era muy raro, no había nada más allá de los típicos diners y tres o cuatro restaurantes, ya está.

Hoy, sobre todo, es una gran ciudad de inmigrantes. Hay muchos tipos de comunidades conviviendo (tailandesa, china, mexicana, vietnamita, salvadoreña, iraní…) y todo eso me gusta mucho, porque la convierte en una ciudad muy abierta, aunque, geográficamente, muy difícil.

J.C.: ¿Te has llegado a sentir un angelino más?

G.M.: Sí, sí que me he sentido de Los Ángeles. Uno no se mueve por toda la ciudad en realidad, porque tiene una gran extensión y acabas viviendo en tu espacio, moviéndote en un par de barrios.

He sido alguien de fuera que vive allí y que ha sido muy feliz, la verdad. El trabajo que tenía era genial, el lugar en el que vivía era super top para mí, porque me gustaba tener un jardincito y cosas así, que me hacían muy feliz.

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© Guillermo de Mulder

J.C: La ciudad de Los Ángeles, la industria cinematográfica y la Temporada de Premios son conceptos indivisibles. ¿La ciudad, en el día a día, respira tanto cine como se percibe desde España? O, por otro lado, ¿existe una idealización de Hollywood, por el glamour de las galas y las películas?

G.M.: Creo que hay un poquito de todo. Los amantes del cine, muchos, somos muy mitómanos. Luego, Hollywood ayuda a crear un mito sobre una ciudad que puede ser bastante real o parecida a cualquier otra, pero que sí respira cine.

Hace unos años, ibas en el coche y te encontrabas un rodaje en una esquina, en otra, un equipo descargando material o catering para otra. Lo que pasa es que, con los años, la industria del cine audiovisual se ha trasladado un poco fuera de Hollywood.

California no supo apoyar a la industria del cine con reducciones de impuestos y tasas. Han surgido otras ciudades, como Atlanta, Vancouver, Toronto, incluso europeas, como Budapest, que han atraído a la gran industria del cine.

Aun así, si vas a Los Ángeles, sigues alucinando en cada esquina pensando: «Aquí se grabó esta peli». Las películas te hacen sentir que has estado antes allí. La sensación es la de estar en un plató de cine, como en Nueva York, pero con la diferencia del medio urbano. En Los Ángeles, estás menos implicado con la ciudad porque todo desplazamiento se hace en coche.

J.C.: Entrando puramente en el aspecto de la industria, debe ser un gigante conglomerado de productores, distribuidores, managers, agencias de representación… ¿Toda esta cadena jerárquica facilita el trabajo al periodista para poder acceder a pases, estrenos, entrevistas con directores y/o actores, galas de premios, etc.? ¿O es una burocracia tan compleja como parece?

G.M.: Creo que a Hollywood lo que le interesa es si eres prensa. Si tú vas a Los Ángeles y trabajas para Canal+, por ejemplo, se te abren las puertas porque consideran que es un medio de calidad, que, incluso, tiene un rollo «cultureta» y está muy bien posicionado. Pero si alguien representa a un tabloide amarillista de los que hablan de cosas que poco tienen que ver con el cine, entonces, no.

En mi caso, nunca he tenido ningún problema a nivel organizativo ni burocrático, pero es una industria que está muy organizada.

Por ejemplo, para promover una peli, la prioridad es para los medios nacionales americanos. Después, dividen el mundo entre los diferentes países del mundo y, cuanto menos consumo de cine americano tenga ese país, importando poco su tamaño geográfico, menor prioridad te dan.

J.C.: ¿Es una jerarquía de puro mercado?

G.M.: Es así. Nunca me han tratado de manera incorrecta. Al contrario. Teníamos acceso a todo.

Por ejemplo, a día de hoy, los corresponsales de China que están viviendo en Los Ángeles están invitados absolutamente a todo. Algo parecido ocurre con Japón o Corea. España está muy bien situada. Creo que es el segundo o tercer mercado en Europa en cuanto al consumo de cine americano, que no está nada mal para un país que no es muy grande.

Cuando dejé Nueva York para marcharme a Los Ángeles, monté una productora allí. Poco a poco hicimos contactos en la industria y los estudios nos invitaban o contrataban para hacer los «behind the scenes» [detrás de las cámaras] de algunas películas, y era algo genial, que disfrutaba mucho.

Teníamos acceso a muchas cosas. Era alucinante. Por ejemplo, ver a Cate Blanchett en la sala de maquillaje mientras rodaba El Aviador, de Martin Scorsese. Ese tipo de situaciones te dan un subidón.

Es muy bonito ver el estrés que tiene la gente en un rodaje. Un director de mala hostia, otros intentando hacer de los problemas algo lo más agradable posible, los de maquillaje y vestuario… Era muy bonito y, sin embargo, no tengo ninguna nostalgia de ello.

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© Guillermo de Mulder

J.C.: Y a día de hoy, cuando estás con las estrellas, ¿sigues teniendo ese impacto, ilusión, subidón de adrenalina que mencionas?

G. M.: Esa adrenalina, ahora mismo, no me la produce el hecho de ver a un personaje en concreto. Me produce adrenalina la situación, en concreto. Por ejemplo, cuando estoy en el directo de la gala de los Oscar, me produce adrenalina que salga todo bien, que no haya ningún fallo, ese estrés por hacer las cosas bien. Es positivo, pero acabas agotado, porque pasas muchas horas con una tensión muy grande.

Pero sí, me sigue haciendo mucha ilusión ver a determinados actores o actrices. Por ejemplo, cuando veo a George Clooney bajar de un coche hacia el Lincoln Center en Nueva York, junto a su publicista, y es simpatiquísimo.

Diría que no soy mitómano, pero el ambiente de estos eventos tan masivos sí que me genera mucho entusiasmo.

J.C.: ¿Cómo es tu relación con las estrellas durante todos estos años?

G.M.: Mucha gente cree que, si vives en Los Ángeles y eres prensa, eres amigo de, por ejemplo, Cate Blanchett, ya que hemos hablado de ella antes. Pero, en realidad, nunca se llega a forjar esa amistad. Es más bien una relación de respeto y complicidad, porque ya te conocen, pero no hay una situación en la que te vayas a tomar cervezas con un director, actor o actriz.

Hollywood es un estamento muy jerarquizado. Es una estructura piramidal en la que el poderoso está arriba [hace el gesto de llevar la mano a la cúspide], va bajando, y la prensa está aquí [la mano baja unos centímetros y se sitúa en la mitad de la pirámide imaginaria que Gui ha dibujado].

Lo que sí ocurre es que, si haces la alfombra roja de los Oscar un año y lanzas preguntas simpáticas, con muy buen rollo, sin un carácter sensacionalista, te tratan de una manera muy afable.

Lo más importante, más que los actores, actrices, directores o talentos, como los llaman allí, es llevarte bien con la gente que los lleva a ellos: los publicistas. Si tú eres alguien educado, simpático, no haces preguntas del corazón, algo que a mí nunca me ha gustado, entonces ya se abren todas las puertas y te tratan realmente bien.

Si has solicitado una entrevista con un talento para X programa de Movistar o Canal+, que es lo que yo hacía, y les envías un producto final bien acabado, quedan encantados. Eso facilita que tengan un buen concepto de ti. Les caes bien, por así decirlo.

Aun así, son muy pragmáticos y simplemente te consideran como un instrumento positivo para promover su producto. Aunque te vean un tipo guay, lo más importante es que sirves para el propósito de promover el producto, de mejorarlo y no manchar su imagen.

J.C.: Un eslabón más en la cadena del mercado cinematográfico hollywoodiense…

G.M.: Totalmente. Pero a veces es difícil. Si eres una persona emocional, es sencillo que humanices la situación. Después, te das cuenta de que eres, más que nada, un interés de marketing.

De esto te das cuenta rápido. Al ser tan pragmáticos, no adornan nada. Son muy directos. Eres un instrumento más para lograr objetivos, y ya está, como cualquier otro profesional dentro de la industria. Tú eres prensa, y esa es tu función en la pirámide.

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© Guillermo de Mulder

J.C.: A lo largo de todos estos años, la temporada de premios, en concreto los Óscar, han sufrido una devaluación en tanto al nivel de sus audiencias y atención. También, en un carácter aperturista hacia el cine europeo y los festivales de cine. ¿Cómo has vivido tú esta evolución?

G.M.: Hace 10 o 15 años, la Academia solo contaba con unos 600 miembros académicos y su mayoría eran de Nueva York o Los Ángeles. Poco a poco, la propia institución ha escuchado las críticas que decían: «¿Pero cómo van a ser solo 600 personas las que puedan decidir quién se lleva los premios de la industria de la meca del cine?», y abrieron el rango hasta llegar a los 10.000, a día de hoy.

Tienes miembros de la Academia en España, en Francia, en Chile, México o en los países asiáticos, por supuesto. La votación de todos estos nuevos miembros ha abierto el abanico a más cine dentro de los Óscar.

Tienes razón en que todo se ha abierto y se ha expandido hacia cine de mucha calidad por todo el mundo. Noto que es distinto también por el tipo de gente que es nominada y cómo se valora la mejor dirección, actuación, etc. Antes era todo más Clint Eastwood o Meryl Streep, que están muy, muy bien, pero llega un momento en que es bueno abrir más las puertas.

Por ejemplo, que Sirat esté nominada a Mejor Película Internacional y Mejor Sonido es algo maravilloso. Es una película increíble. Me sorprendió muchísimo cuando la vi y tiene un nivel cinematográfico altísimo.

Otra cosa que ha cambiado en los Óscar es el propio espacio en el que se celebra la gala. Hace 30 años, se celebraba en la Casa de la Ópera de Los Ángeles, que era un edificio antiguo poco preparado para eventos así. Ibas al lavabo y te encontrabas con Louis Gossett Jr. [el primer afroamericano en ganar el Óscar al Mejor Actor de Reparto por Oficial y Caballero (1982)], portando el Óscar, porque tan solo había dos ascensores en todo el complejo que llevaban hasta los baños. O estaba Martin Scorsese. Pasaban cosas así.

Ahora, en el Dolby Theatre, estas cosas no pasan, porque todo está muy estructurado. La zona de prensa es muy acotada. Hay mucha sobreprotección. Parece que estás en el Pentágono. Hay que pasar unos controles de seguridad de la hostia, incluso con perros que están muy bien preparados. La prensa tiene que estar a las 11:00 de la mañana para una alfombra roja que empieza a las 15:00 horas.

J.C.: ¿A qué crees que se debe este hermetismo en las galas de los Óscar que me comentas?

G. M.: Creo que es porque ha habido casos en el mundo de situaciones muy violentas. El 11-S, los ataques de Berlín o los atentados del Metro de Madrid han hecho que la sociedad se convierta más auto protectora, claro.

Es muy arriesgado montar un evento así y que se pueda meter un camión, poniendo en peligro a todos los asistentes. Lo entiendo, parece excesivo, pero a lo mejor hace falta. Son como grandes corporaciones, entonces los tienes que proteger y, antes, era todo como de andar por casa, algo más pequeño.

J.C.: Hablabas antes muy bien de Sirat, la película de Oliver Laxe nominada para esta edición de los Óscar. ¿Cómo ha sido tu relación con artistas españoles que llegaron por primera vez hace muchos años y que han ido repitiendo hasta convertirse en personajes muy reconocidos y respetados en Hollywood?

G.M.: ¡Tengo muy buenos recuerdos! José Luis Garci, Pedro Almodóvar, Penélope Cruz, Javier Bardem, Alejandro Amenábar, Fernando Trueba… por decirte algunos de ellos.

En el caso de Javier [Bardem], llegaba por primera vez nominado a los Óscar por su papel en la película dirigida por Julián Schnabel, Antes que anochezca. Venía con mucho entusiasmo, dispuesto a promocionar la película, con muy poco manejo del idioma, y ahora es bilingüe. Se maneja en el idioma de manera perfecta, y mi relación con él ha sido muy bonita desde el principio. Creo que le caí bien. Nos caímos bien porque le dije mal el título de la película [cuenta esta anécdota sonriendo, señal indistinguible de Guillermo]. A partir de ahí, nos reímos mucho juntos y he coincidido con él en muchísimos premios y festivales.

Cuando Mar adentro obtuvo nominación, hicimos un reportaje en Canal+ que se llamaba La aventura americana, que nos hizo pasar mucho tiempo juntos, cerca de un mes. Seguíamos cómo él iba haciendo la campaña para la película de cara al Óscar. Hizo un trabajo maravilloso, acudiendo a pases, a proyecciones y eventos, que hizo que nos conociéramos un poco. Después, cuando coincidimos en el Festival de Toronto, todo era muy buen rollo y muchas risas. Es un tipo muy majo. Con esta nominación, ocurrió algo parecido con Alejandro Amenábar.

Penélope, por ejemplo, llegó muy jovencita a Estados Unidos a promover una película en el Festival de Palm Springs, y ahora… es Penélope Cruz, qué voy a decir.

Yo tenía un problema de identidad cuando ganaba un español, porque lo vivía de una manera tan intensa que me creía como un nominado más.

J.C.: Pero esa es una sensación muy bonita, ¿no?

G.M.: ¡Sí! Me gusta mucho eso. Es como vivir la experiencia con mucho más entusiasmo.

J.C.: Y en la gala de este año es el turno de Sirat. 

Que un cine tan original, que me encanta, como Sirat esté en los Óscar es maravilloso. Viene fenomenal a la industria del cine español. Además, Oliver Laxe me parece un crack, es fantástico. Es un tío muy alto, muy guapo, viste fenomenal y me dio la impresión de ser muy discreto, de mantener su espacio, pero muy, muy majo. Y está haciendo una campaña fenomenal para la película y su presencia en los Óscar.

No sé cuánto tiempo ha estado en Estados Unidos, pero ha sido una campaña muy dura que empezaba a las nueve de la mañana y se prolongaba hasta las seis de la tarde sin parar.

mundoCine - guillermo de mulder cristina teva
© Guillermo de Mulder

J.C.: ¿Qué te sale decir si menciono el nombre de Cristina Teva?

G. M.: Hombre, Cristina Teva… [su voz se carga de emoción y cariño]. Me sale decir todo. Justo ahora cumplimos nuestro XX aniversario de matrimonio profesional porque estos Óscar son los 20 que hacemos juntos. Somos super amigos.

Siempre he trabajado fenomenal con Cristina. Tiene un gran sentido del humor, se prepara muy bien, puedo hacer un montón de bromas con ella, y me siento muy cómodo trabajando a su lado; nadie se imagina cómo se lo trabaja. Y esos ojos que tiene; yo siempre le digo: «¡Cristina, no me mires!», y se sonríe. Entonces, le digo: «Bueno, mírame un poco». Es magnífica, de verdad.

J.C.: Para no robarte más tiempo y agradecer el que estás ofreciendo a los lectores de mundoCine, la última pregunta: ¿Qué le dirías al Guillermo que se fue a Estados Unidos en 1982?

G. M.: Le diría que tuviera una agenda donde apuntar lo que hacía día a día. Cualquier entrevista, cualquier junket, cualquier evento al que acudía. Porque ahora quiero escribir un libro y se me olvida casi todo [nos sonreímos]. Quiero acabar ese libro, pero no es fácil.

J.C.: Si te anima algo, estoy seguro de que muchos amantes del cine lo querríamos leer. Habría mucha gente pendiente de tu libro.

G. M.: Muchas gracias. Sí, sí que anima mucho.


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Jesús Casas

Jesús Casas

Técnico Superior. Coordinador de Deportes. Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico (Hitchcock - Buñuel - Ford). Madrid. Ha entrevistado para mundoCine a personalidades de la talla de Rodrigo Cortés, Paul Urkijo o Tomás Hijo, y ha cubierto eventos desde la Academia de Cine.

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