Judith Fernández, actriz de ‘Rondallas’: «No lloramos con amigos, pero sí con desconocidos en el cine».
La película de Daniel Sánchez Arévalo está llenando las salas de cine en el comienzo del año.

El año cinematográfico 2025 ha sido continuista respecto al impulso del cine español como motor de las salas comerciales. En este contexto, Rondallas, la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, ha conseguido conectar, hasta ahora, con más de 150.000 espectadores desde su estreno el pasado 1 de enero (antes, proyectándose en festivales como San Sebastián), llenando los cines al son de la música popular gallega.
En un reparto de alto nivel encabezado por Javier Gutiérrez, María Vázquez, Carlos Blanco o el nominado al Goya por esta película, Tamar Novas, entre otros, sobresalen las actuaciones de dos de los actores revelación del año: Fer Fraga y Judith Fernández.
Judith, una joven actriz gallega y medio escocesa –residió en Edimburgo durante muchos años– es una cara reconocible para el espectador por sus trabajos en televisión (Las hijas de la criada) o el cine (Matusalén), y transmite bondad, generosidad y pasión por su trabajo en cada palabra cuando atiende a mundoCine para contarnos cómo está viviendo el equipo el recibimiento de la película en la pantalla grande, dedicar bellísimas palabras hacia todos y cada uno de sus compañeros y reivindicar el cine en las salas de cine como experiencia comunitaria.

Jesús Casas: Bienvenida a mundoCine, Judith, y gracias por estar con nosotros. En primer lugar, queremos saber cómo estáis viviendo el éxito que está cosechando Rondallas a nivel de crítica y público. Sin duda, ha sido la película española de estas Navidades, y habéis tenido la capacidad de acercar al público generalista una película que gira en torno al folclore de una región, como es la música gallega.
Judith Fernández: ¡Está siendo increíble!
Fer [Fraga] y yo compartimos un coloquio con espectadores en Valencia y lo hablamos: «Este es nuestro premio». Recuerdo que, antes de la proyección, los espectadores nos miraban raro, como si se preguntaran: «¿Dónde están Javier Gutiérrez y María Vázquez?». En cambio, al finalizar cada proyección, tuvimos charlas de más de una hora. Habían conectado muchísimo con la película, nos dieron todo su cariño y tuvieron mucho interés por saber sobre ella. Es un regalo que los espectadores nos hacen.
Para mí es un honor poder hacer llegar el folclore gallego a todos los puntos de España y representar a las rondallas, que llevan muchísimos años trabajando y merecen todo este reconocimiento.
El público nos transmite mucho: que el mensaje de comunidad, que forma parte central de la rondalla y la película, traspasa la pantalla y se traslada a la sala. Este sentimiento de unidad, además de bonito, creo que es muy necesario en un momento en el que estamos muy divididos como sociedad, y debemos recordar que necesitamos del de enfrente. Me parece muy mágico cómo toda esta energía se traslada a la sala.
Ese es el poder transformador del cine. Es un lugar donde te encuentras con desconocidos, gente con la que no has intercambiado una palabra, estáis en diferentes situaciones económicas, sociales, políticas, etc., y, sin embargo, hay un momento en el que todos estamos conectados y nos encontramos riendo o llorando por lo mismo. Hay muy pocas actividades hoy en día que tengan esta capacidad común. En las rondallas pasa lo mismo, son vecinos de todas las generaciones del pueblo, de todas las edades, de una misma familia e, incluso, con aquellos con los que no te hablas por cualquier cuestión, se genera un hermanamiento para, literalmente, sonar al unísono.
J.C.: Aparte de las alegrías propias de la taquilla y la crítica, tu interpretación está siendo especialmente destacada dentro de un elenco donde todos rayan a un nivel estelar, y estás obteniendo nominaciones (Círculo de Escritores Cinematográficos), buenas críticas…. ¿Cómo lo estás viviendo tú?
J.F.: Muy agradecida. Cuando se anunciaron las nominaciones de los Goya, sentía que la gente estaba muy disgustada porque Fer y yo no salíamos nominados. Pero me recuerdo mucho que nuestro premio es que, en cualquier punto de España, hay gente emocionada con la historia que contamos; y no hay mayor premio que ese.
Por supuesto, estoy contentísima por los compañeros que salieron nominados y, sobre todo, por la ilusión tan grande que es que Tamar [Novas] esté entre ellos.
Las nominaciones son premios, claro, pero lo que quiero para mi carrera es seguir contando historias que emocionen al público. Es para lo que vivo y lo que me alimenta el alma.

J.C.: Nos gustaría saber cómo es trabajar con Daniel Sánchez Arévalo, un director asentado como los grandes de nuestro país y que, además, te entrega, para nosotros, el personaje con mayor evolución, registro y desarrollo de toda la película.
J.F.: Es un regalo, claro. A nuestra edad, es complicado que inviertan tal confianza en nosotros, cosa que, por otro lado, entiendo; no hay un bagaje donde aferrarse y es difícil tener fe ciega en que esta niña, que acaba de aparecer, lo va a conseguir.
Dani, si como director es increíble, como persona es extraordinario. Eso es algo muy importante, porque yo, a día de hoy, no entiendo al artista sin ser una buena persona. Tiene algo mágico que no sé cómo explicar, y es que es capaz de crear burbujas de confianza con mucha facilidad. Fer y yo fuimos uno junto a él. Trabaja de una manera muy horizontal y, en mi momento profesional, me da muchísima confianza.
Hago extensible esto a Javi [Gutiérrez], María [Vázquez], Tamar y Carlos [Blanco], que llevan una carrera muy extensa y, en todo momento, tuvieron en cuenta nuestras opiniones, nos escucharon desde el respeto, el amor y la confianza. Esto fue algo esencial para que Fer y yo pudiéramos desarrollar nuestros personajes en las mejores condiciones posibles.
J.C.: Tu personaje, por hacer un símil, afronta tres etapas diferentes del duelo a lo largo del metraje. La negación, en el primer acto; la duda, en el segundo; y la aceptación, tanto de lo que depara su futuro como líder de la rondalla. ¿Cómo fue tu acercamiento a Andy, el personaje que interpretas?
J.F.: Pienso que, en gran parte, todo lo que ocurre en la película está contado desde los ojos de mi personaje, Andy, incluso en las que no está presente.
Cuando veo las escenas de mis padres en la ficción, Javi y María, lo hago desde la perspectiva de mi personaje, porque ella está presente en sus conversaciones y decisiones. De hecho, cuando se forma la Rondalla por primera vez, la frase es: «¿Dónde está Andy?».
Siento que es la representación de lo que todos los demás no están contando, la oscuridad de este pueblo, personificada. Todos están viviendo su propia oscuridad por lo que ocurrió y es muy bonito ver la profundidad y sentimiento con que lo viven, de manera diferente, cada uno de ellos.
J.C.: Siendo una actriz muy joven, ya tienes un enorme bagaje en tu carrera. Esto te ha hecho trabajar con actores de diferentes generaciones, muy reconocidos. En Rondallas, por ejemplo, y como ya has mencionado, Javier Gutiérrez, María Vázquez, Carlos Blanco o Tamar Novas, recién nominados al Goya. ¿Qué nos puedes contar de la experiencia con este equipo?
J.F.: En esta película siento que todos hemos creado un sentimiento de comunidad muy grande, una familia. En Galicia ocurre algo mágico, y es que el equipo ya ha coincidido mucho en otros proyectos, y esto ayuda a generar sinergias. Por ejemplo, con Mamá [llama así cariñosamente a María Vázquez] he coincidido hasta en cuatro proyectos y tenemos muy buena relación.
Todos ellos son dioses de la interpretación y la profesión. Han sido muy generosos con Fer y conmigo, tanto en la historia como en lo personal. Hemos creado una familia y solo tengo palabras de amor hacia todos ellos.
Me gusta decir mucho que la magia de Rondallas lo es gracias a todas y cada una de las personas del equipo. Si el Eléctrico Nº3 [usa a modo de ejemplo] no hubiera sido quien fue, tampoco hubiera sido la misma película. Peluquería, maquillaje, Bea, Hugo… hasta la última persona hizo que la película tenga la magia que el espectador siente.
Nos suelen preguntar en los coloquios: «¿Cómo se crea esta magia?». La respuesta real es que no lo sabemos, pero es algo precioso. Las personas del equipo con mayor experiencia nos repetían todo el rato que esta magia no es habitual, que no ocurre en todas las películas.

J.C.: Pese a ser un reparto coral, la historia de Rondallas se sigue a través de parejas de personajes. ¿Cómo ha sido trabajar la relación tan especial entre Andrea y Eli?
J.F.: Mi personaje sin el de Fer Fraga no se entiende. La aparición de Eli en el pueblo es el motor para que Andrea comience su transformación en la peli. Encuentra la luz gracias a él. Y esto mismo pienso de Fer. Sin él, no me hubiera salido la Andy que está en la película. Tiene una mirada muy honesta y llena de verdad. De hecho, se ha convertido en mi mejor amigo.
Su personaje aborda un tema muy muy profundo, y admiro muchísimo cómo lo hace, de una forma tan ligera y, a la vez, tan sensible. Cuando alguien está en una oscuridad tan grande, lo que intenta es que no se vea fuera.
La manera en que trabajaron Dani [el director] y Fer su personaje es increíble, porque no tiene tantas escenas en la película para explicar lo que le pasa y transmite mucho con poco. En la escena de la iglesia es capaz de sostener y dar a entender todo en muy poco tiempo.
J.C.: Él, además, tiene esa capacidad sensible que, incluso, en las escenas en las que no está, está siendo el protagonista.
J.F.: Hemos construido la relación como si fuesen el primer amor el uno del otro. Como almas gemelas. Estos personajes no hablan desde el yo, sino que hablan en plural. Fer tiene la capacidad de hacer las cosas muy fáciles en ese sentido.
Una de mis escenas favoritas de toda la película, por ejemplo, es la que construyen él y Javi [Gutiérrez] en el puerto, intercambiándose cuatro frases, entre ellas: «Feliz Año». Ambos se están comunicando sin hablar. Sus personajes no quieren hablar de algo, pero sí lo hacen a través de algo, y eso es muy bonito.
J.C.: ¿Esta amistad surge en el rodaje o teníais ya un conocimiento previo el uno del otro antes de Rondallas? Desde la primera escena, la química en pantalla es brutal.
J.F.: Habíamos coincidido en Madrid en castings, como con otros muchos, pero no nos conocíamos como tal. Sí que fue casualidad que hicimos juntos el proceso de casting para Rondallas, que fue muy numeroso.
Desde el primer día que actuamos juntos, todo era muy fácil con él, como si nos conociéramos de mucho tiempo antes. Es algo muy genuino, porque no se puede planear. El «vamos a ser mejores amigos» surge de manera orgánica, y así fue. Hace muy poco, me ayudó con un casting y fue revivir lo fácil que es compartir escena con él.

J.C.: Volviendo a tu bagaje, has vivido muchos años en Escocia, llevas mucho tiempo residiendo en Madrid, has trabajado en teatro, series, cine… ¿Desde el principio has tenido claro hacia dónde quieres dirigir tu carrera interpretativa?
J.F.: No sé si tenía tan claro en qué dirección, pero sí que quería ser actriz, contra todo lo que viniese y que no iba a tirar nunca la toalla, ni la voy a tirar.
Interpretar es una semilla que está ahí desde que tengo uso de razón y que me ha salvado desde que soy enana. Siempre decía: «El teatro nunca me ha dado la espalda».
Siempre he querido contar historias muy humanas, poder representar a colectivos y a gente muy diferente con la que el público conecte, como ocurre en Rondallas, aunque, como actriz, luego tengas que hacer todo tipo de cine o teatro, porque forma parte de la profesión.
Me gustaría hacer cosas muy locales para llevarlas a lo universal, dar voz a aquellos que no es tan común que la tengan.
J.C.: Eres una actriz con mucha presencia, imponente en pantalla, y transmites mucha fuerza al espectador. ¿Tienes referentes claros en la actuación contemporánea o la historia del cine de la que sientas que parte de tu manera de actuar?
J.F.: Creo que son ambas cosas. Deduzco que hay una parte muy intuitiva mía y, claro, como María Vázquez ha hecho de mi madre desde los doce años, ha sido mi mayor referente desde muy pequeña, y no he podido tener más suerte. Raúl Arévalo también hizo de mi padre en Santo, y es uno de mis Ángeles de la Guarda.
Por ejemplo, Kiti Mánver, Petra Martínez o Aitana Sánchez Gijón son actrices que tienen algo muy especial y, a la vez, muy sencillo. No hay focos ni luces en sus actuaciones.
Desde muy pequeña, la búsqueda de la verdad a través de la interpretación es algo que siempre tengo muy en mente.
J.C.: En la última edición de los Globos de Oro, Stellan Skarsgård hizo un alegato en favor del cine en las salas como experiencia comunitaria. Rondallas es, sin duda, una película para la que es vital la comunidad y sinergia que se da en una sala de cine. En una época donde el streaming amenaza las salas y ciertos acuerdos comerciales, ¿qué opinas tú acerca de esto y el valor de vivir las películas en la sala de cine?
J.F.: Me gustaría mucho que ir al cine volviera a ser algo rutinario y no extraordinario, como es ahora. Recuerdo que yo iba al cine con mis padres prácticamente todas las semanas. Y, más aún ahora, el público más senior es el que está alimentando las salas.
Conseguir que 50, 100 personas apaguen el móvil y desconecten durante hora y media es muy importante. Es algo que ocurre en el cine, el teatro o las óperas. Es algo que no es posible que ocurra en otros sitios.
El cine está hecho para verse en el cine, entendiendo, por supuesto, que económicamente todo se está poniendo más complicado, y es más sencillo pagar la plataforma que sea y verlo en casa, pero creo, de verdad, que invertir en el cine y la cultura también es alimentar el alma.
Ojalá haya más películas que, como Rondallas, tengan el efecto de volver a llenar las salas de cine. Es muy mágico esto de «no lloramos con amigos, pero sí con desconocidos en el cine».

J.C.: Está siendo el cine español el que está consiguiendo sostener la taquilla. Sirat, Los domingos, La cena, Rondallas…
J.F.: Esto me emociona especialmente, porque llevamos mucho tiempo arrastrando cierto prejuicio. Parece que hace falta recordar que la industria española hace muy buen cine.
Veo cada año los Goya, y me parece increíble la cantidad de producciones a tan alto nivel que tenemos. También está el reconocimiento internacional que están recibiendo muchas de las películas españolas.
J.C.: «Nadie es profeta en su tierra…».
J.F.: Nos cuesta, incluso, como individuos. El jardín de enfrente siempre es más verde que el tuyo.
Tengo representante en Londres, porque soy medio escocesa, y allí hablan del cine español como algo muy grande.
Me emociona que se vaya quitando este prejuicio. No solo con las películas, sino también el increíble nivel de los profesionales (Dirección de Arte, Fotografía, Sonido…). A lo largo de los años les he visto trabajar con mucha pasión y amor por lo que hacen y, ahora, se les empieza a reconocer a nivel nacional e internacional.

J.C.: Tenemos muchas ganas de seguir viendo a Judith Fernández en pantalla grande, en televisión y, por supuesto, en las tablas de un teatro. ¿Qué nos puedes avanzar de lo que viene por delante este 2026?
J.F.: A mí el teatro es algo a lo que siempre me encantaría volver. Cuando me preguntan si prefiero audiovisual o teatro, la respuesta es «son mamá y papá», no se puede elegir uno. Yo he crecido entre bambalinas y es, realmente, de donde vengo. Sueño muy fuerte con que este año pueda volver a subirme a una escena.
Sin poder avanzar mucho, mi objetivo sigue siendo el de contar historias en este nuevo año. Y pasará. Vendrán historias grandes en las que pueda seguir cumpliendo esto.
«RONDALLAS», YA EN CINES.
¡SÍGUENOS!
- Judith Fernández, actriz de ‘Rondallas’: «No lloramos con amigos, pero sí con desconocidos en el cine». - enero 20, 2026
- Diego Céspedes, director de ‘La misteriosa mirada del flamenco’: «La importancia de una comunidad fuerte está en mirarse a los ojos». - enero 15, 2026
- Las nominaciones a los Premios Goya 2026: ‘Los domingos’ recibe la bendición de la Academia con el mayor número de candidaturas. - enero 13, 2026

