Crítica de ‘Bella’: La animación como denuncia social.

Con motivo del Día Contra la Violencia de Género, que tuvo lugar el martes, se estrena Bella, película de animación libremente inspirada en el caso real de Ana Bella Estévez, superviviente (que no víctima) de violencia machista, también activista y creadora de la «Fundación Ana Bella para la Ayuda de Mujeres Maltratadas y Madres Separadas».
Amparo Martínez Barco, quien cuenta con un amplísimo recorrido como supervisora de efectos especiales en películas tan sonadas como La isla mínima o Secaderos, y ganadora de varios premios junto con Manuel H. Martín, firman esta película en 2D, que cuenta con las voces de Michelle Jenner (La Casa de Papel: Berlín) y Víctor Clavijo (La espera).
Esta película traza la historia de Bella, una joven de diecisiete años, aspirante a médico, que conoce a Ponce, artista urbano mayor que ella, del que se enamora y rápidamente se casan.


Lo que al principio parece de color de rosa (hay que mencionar que el título también nos dirige a los cuentos infantiles), se va desplegando en una verdadera historia de terror: el maltrato psicológico y físico al que está sometida la protagonista. Vemos cómo sutilmente Ponce pasa de ser un hombre que le promete amor eterno a tratarla con condescendencia y control, alejándola de su padre, de sus amigos, así como de sus ambiciones y aspiraciones. Con un fundido a negro, pasan seis años, y nos tememos lo peor: una familia. Bella, con dos hijos pequeños, el cuerpo amoratado y a cargo de una casa que más bien es una cárcel.
La propia narración es la encargada, con fluidez y efectismo, de presentarnos ideas visuales para ejemplificar el horror que vive Bella. Así, se muestra a Ponce como un monstruo de múltiples tentáculos que asfixia la vida de Bella. En momentos oníricos, precisamente, sus amigos e hijos se rodean de una luz esperanzadora que tiñe la pantalla, alzando la voz al mensaje profundamente necesario que se dirige tanto a la protagonista como al espectador: «no estás sola» y «te vamos a ayudar». Y es que, cuando el contenido es directo y educativo, no necesita de nada más.

Con un dibujo cuidado y limpio, donde el horror se muestra en una estética aparentemente inocente, con unos fondos planos entre colores suaves y vivos, los directores nos hacen ver que estos elementos pueden ser igual de crudos y reales que cualquier imagen de ficción. Como espectadores, terminamos compartiendo la angustia de la situación, dejándonos con un nudo en la garganta, a la vez que con alivio al terminar la película, gracias al testimonio de la activista Ana Bella que, junto a otras supervivientes, lanza un mensaje de empatía y valor.


Didáctica, sutil, asequible y reflexiva, pensada tanto para adultos como jóvenes, Bella ha sido visionada en varios institutos y centros educativos con motivo de su preestreno y ha participado en la Seminci de Valladolid y en el Festival de Sevilla, donde recibió el premio, Cinéfilos del Futuro. En estos momentos en los que hay negacionistas de la violencia de género por parte de políticos, esta obra se torna espejo y se vuelve una herramienta necesaria y sociopolítica para hacer pedagogía y denunciar la violencia machista.
NOTA: ★★★½
«BELLA», YA EN CINES.
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