Crítica de ‘9 Temples to Heaven’ [Cannes2026]: El retrato familiar y espiritual más íntimo de la Quincena de Cineastas.

Cada vez son más las películas que se atreven a explorar el concepto de familia, adentrándose en la intimidad de este núcleo para mostrar cómo responde de manera directa al contexto sociopolítico en el que se configura y cómo, a su vez, se convierte en el reflejo de las tensiones entre las distintas generaciones que la componen.
Con motivo de la Quincena de Cineastas, el director Sompot Chidgasornpongse presenta 9 Temples to Heaven, su primer largometraje de ficción: un viaje familiar que aborda temas como la muerte, la espiritualidad y el choque entre tradición y contemporaneidad. La película sigue a nueve miembros de una misma familia que, a lo largo de un solo día, deben completar el ritual de asistir a nueve templos, pues de no ser así, la anciana madre morirá.

Después de años moviéndose entre el documental, el director tailandés construye una película profundamente local y, al mismo tiempo, emocionalmente universal. La tradición de visitar nueve templos para atraer buena fortuna y prolongar la vida de la anciana se convierte en el eje de una narración circular, casi ritual, donde la repetición de rezos, ofrendas y desplazamientos deja al descubierto las tensiones entre los distintos miembros de una familia y las ideas propias de cada generación.
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La cinta avanza como una deriva espiritual, suspendida entre lo terrenal y lo metafísico. Sompot filma los trayectos en carretera, las conversaciones dispersas y los silencios incómodos con una cadencia contemplativa, que inevitablemente remite al cine de Apichatpong Weerasethakul (Memoria), productor del filme y mentor del director durante más de dos décadas. Sin embargo, 9 Temples to Heaven nunca se siente como una simple prolongación de ese universo. Hereda una sensibilidad para observar el tiempo y los cuerpos, pero encuentra una voz propia en la dimensión coral del relato familiar y en su manera de registrar los espacios cotidianos.
La estructura episódica del viaje permite, además, que el filme se abra constantemente a pequeñas irrupciones documentales. Muchos diálogos poseen una naturalidad desarmante, como si la ficción estuviera contaminada por fragmentos de vida real. Ahí es donde Sompot encuentra su mayor libertad formal.

La mirada del director sobre los espacios también resulta decisiva. Arquitecto de profesión, evita filmar los templos desde la monumentalidad o el aura turística. Junto al director de fotografía, el francés Jonathan Ricquebourg (A fuego lento), privilegia encuadres sobrios y cotidianos que despojan al espacio religioso de solemnidad artificial. Los templos aparecen, entonces, como espacios vivos, antes que postales sagradas. Esta decisión estética le permite observar cómo la religión moldea silenciosamente la vida afectiva y moral de los personajes, sin convertirse nunca en objeto de exaltación.
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En ese sentido, la película encuentra gran parte de su fuerza en las contradicciones que atraviesan la idea misma del mérito espiritual. La búsqueda de bendiciones y buen karma oscila constantemente entre la fe genuina y una necesidad desesperada de encontrar sentido frente a la enfermedad, la culpa o el miedo. Nunca ridiculiza esas prácticas, pero tampoco las romantiza. Las observa con una cercanía profundamente humana, entendiendo que detrás de cada ritual hay personas intentando negociar con aquello que no pueden controlar.

Con 9 Temples to Heaven, Sompot Chidgasornpongse consigue distanciarse de muchos relatos sobre la espiritualidad asiática, que suelen caer en la contemplación vacía o en la mera fascinación estética. En lugar de ello, construye una mirada mucho más compleja, íntima y profundamente terrenal. La película no se limita a hablar de templos, karma o budismo; habla, sobre todo, de familias que intentan convivir con aquello que no saben explicar, de cuerpos que envejecen, de creencias heredadas y de la necesidad profundamente humana de imaginar que todavía existe alguna forma posible de redención.
NOTA: ★★★☆☆
«9 TEMPLES TO HEAVEN» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE CANNES.
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