Crítica de ‘Tal vez’: Refugio lírico del amor insumiso.

Hay que desmarcarse del estereotipo publicitario, paradisíaco y vacacional con el que gran parte de los peninsulares miran –miramos– hacia las Islas Canarias, sobre todo desde el último tercio del siglo XX hasta nuestros días, para observar su verdadera identidad, construida desde la raíz de la tierra y el indómito mar.
Vindicación y contraste identitario inherentes, a su vez, a la escritora y poeta canaria Natalia Sosa, que, más allá de su legado literario, miró al amor desde la libertad en una España marcada por la censura ideológica y sentimental de la dictadura y los retazos de la cruenta Guerra Civil que asoló el país del 36 al 39 del pasado siglo. La poeta expresaba a través del poema la búsqueda constante de una identidad en el mundo que siempre partía de su patria, salvaje y rica como la tierra y el mar canarios que la vieron nacer.
Apenas unos años antes de que la muerte de Franco diera paso a un nuevo periodo que traería, no de inmediato, la apertura y el reencuentro en nuestro país, Sosa acompañó a la trapecista de talla mundial, también oriunda de Las Palmas de Gran Canaria, Pinito del Oro, en su última gira antes de abandonar la pista del circo con el objeto de escribir unas memorias de la artista circense.
De este período surge la relación sentimental y epistolar que ambas mujeres mantuvieron en secreto durante una década y que vio la luz en el año 1996 tras la publicación del libro de Sosa Desde mi desván y otros artículos. Neurosis. Cartas. Esta correspondencia es el punto de partida del que la cineasta Arima León parte como base de su debut en el largometraje.

Tras varios cortometrajes donde la relación argumental con su tierra es evidente, León quiso reivindicar esa identidad canaria que no aparece en el catálogo vacacional a través de dos figuras diferentes entre sí que lucharon por un romance imposible en el período histórico equivocado.
Tal vez toma como punto de vista y partida a Natalia Sosa Ayala luchando por elevar su voz personal y literaria entre sombras y mentiras, bajo pena de golpe y sangre, en una sociedad intolerante. En el pequeño círculo familiar y cultural del que se rodea también conviven el amor libre y el miedo a vivir como su corazón siente. Es en este contexto de 1968 cuando Pinito del Oro recurre a Sosa para invitarla a un viaje profesional que cambiará la vida de ambas para siempre y donde el circo será el refugio poético del amor insumiso.

Lo primero que cabe subrayar de la primera vez en la dirección de Arima León es su apuesta por conjugar la narrativa conceptual a través de la semiótica y el aspecto visual onírico del circo como punto de fuga de los sentimientos de los personajes y, por otro lado, el contexto social en el que cohabitan, plasmado a través del naturalismo y el realismo de una producción rodada íntegramente en Gran Canaria.
Destaca el plano secuencia con el que León presenta espacialmente el circo, siguiendo a un niño, símbolo de la ilusión que ofrece este espectáculo, hasta la puerta de la carpa, donde la recibe, como no puede ser de otro modo, el personaje de Natalia Sosa, interpretado por Tania Santana.
Este carácter poético, también de algún modo trágico, que sobrevuela Tal vez está reforzado por el punto de partida del guion: los textos literarios y poemas de Natalia Sosa, mostrados a través del uso extradiegético de la voz en off desde el primer plano subacuático de la película, donde la protagonista reflexiona sobre sí misma y su lugar en el mundo.

El guion, a cargo de León, alcanza mayor altura cuando la directora deja respirar la imagen sin subyugarla con el texto que, en alguna ocasión, diluye la emoción que reside en la fuerza de la mirada y el rostro duro de su protagonista, Tania Santana, y la música, a cargo de Celia Rivero.
Una Santana, también canaria, que debuta como protagonista en el largometraje y que es, sin duda, uno de los reclamos de Tal vez. La actriz de Hierro logra imprimir a su personaje de Natalia Sosa ese mundo interno en busca de identidad, la valentía y el deseo por amar libremente en un contexto histórico que censuraba el amor sáfico y el dolor que causa una personalidad salvaje e indómita como el océano Atlántico que rodea las Islas Canarias.
Acompañada por la experiencia y solidez de Adriana Ugarte (Palmeras en la nieve), que encarna a una Pinito del Oro mostrada desde la dualidad de su vida pública, tanto en el circo como en su matrimonio, y la fragilidad emocional del sentimiento mutuo hacia Natalia Sosa. Ambas logran alcanzar una química en pantalla que es virtud y, a su vez, se resiente cuando un epílogo demasiado extendido las relega a pequeños flashbacks que no acaban de conjugar, del todo, la emoción buscada.

Si bien otros personajes, como el de Salva Reina (El 47), están bien escritos desde la duda y el miedo, otros, como el de Aitor Luna (El aviso), se quedan en el estereotipo, sin una mayor profundidad que la dureza y el control patriarcal sobre su mujer en la ficción, Pinito del Oro. Cabe destacar, también, la solvente aparición, como núcleo del hogar de Natalia Sosa, de una mujer Almodóvar como Antonia San Juan.

Arima León consigue evocar y representar la identidad canaria en Tal vez, su primer largometraje, que muestra el sentimiento entre dos mujeres que fueron, y son, figuras del amor en la sombra de una época que coartaba la libertad. El juego de espejos, muy presente en la película, de la dualidad entre lo que se muestra y lo que se siente, así como entre el realismo y la lírica, hace interesante un relato que reivindica a personalidades clave de la cultura canaria.
NOTA: ★★★½
«TAL VEZ», YA EN CINES.
TRÁILER DE TAL VEZ:
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