Crítica de ‘A 500 millas de casa’: Un viaje demasiado bonito por Irlanda y las familias rotas.

Si el nominado al Óscar Bill Nighy (Living) sale en un drama británico, es un aviso de que se vienen emociones tan bonitas como tristes. Ese es el tono tan difícil por el que apuesta el guionista Malcolm Campbell (Hermanas hasta la muerte) en A 500 millas de casa, la historia de dos jóvenes hermanos que escapan de su casa en Sheffield (Inglaterra) para visitar a su abuelo en la costa irlandesa (Dingle) y volver a unir así a su familia.
En esos 102 minutos de camino, la admirable belleza de los paisajes competirá con la fuerte emoción de los dramas humanos, que desde luego golpearán, aunque puede que con demasiada fuerza.

Como director de esta adaptación del libro A 677 km de casa, Morgan Matthews (X+Y) también invierte generosamente en la emotividad. Ya en sus anteriores trabajos de ficción y documental, el realizador inglés había buscado plasmar los sentimientos más cotidianos e intensos a través de dramas infantiles con un potente reparto coral adulto. Aquí repite esa fórmula con una sorprendente ambición de producción: muchas estampas naturales y medios de transporte, varios actores muy reconocidos… Todos ellos se lucen en la gran pantalla, donde, sin duda, merece ser vista la película.

Los fans del universo Juego de Tronos se alegrarán de ver en una sala de cine a dos de los actores mejor valorados por sus papeles en las series. Maisie Williams vuelve a demostrar, como hizo con Arya, que sabe robar escenas y corazones con un rol secundario. Por su parte, la gran estrella y descubrimiento de El caballero de los siete reinos, Dexter Sol Ansell, interpreta a Charlie, el personaje más carismático del filme con la misma intensidad desmedida que si estuviera viajando por Poniente.
Realmente, el protagonista es Roman Griffin Davis (Jojo Rabbit), más contenido en su interpretación; sin embargo, el personaje de su hermano Charlie es el que acapara todas las miradas, cuando es necesario y cuando quizá no tanto.

Primera señal de advertencia: que sea una road movie no implica que se convierta en una propuesta reconfortante o feel-good, por mucho que uno de sus referentes más claros sea Pequeña Miss Sunshine. A 500 millas de casa no es una comedia optimista como tan bien hacen los franceses (de hecho, las veces que lo intenta es difícil mantener la mirada en la pantalla). Más allá de algunas ingeniosas frases sarcásticas (apuesta segura con Bill Nighy), la balanza del filme se decanta por el drama.
Y aquí viene el bache: el tono que realmente conduce la cinta es el del melodrama, un combustible realmente potente para generar emociones en el espectador, pero también difícil de mantener entre los carriles de la verosimilitud. Aunque el viaje tiene paradas memorables, el trayecto hacia ellas toma algunas vías forzadas e incluso desvíos innecesarios que le bajan considerablemente el ritmo, sobre todo en su parte central.
La culpa no es de un sendero narrativo demasiado árido, como si se tratara de La Mancha profunda. Todo lo contrario: sorprende la cantidad de paisajes y dramas humanos. A veces el montaje y algunas interpretaciones excedidas pueden emborronarlos un poco, pero, al tratarse de una película familiar, ofrece algo para que todo el público vea y sienta.
Con ese propósito, el filme amplía la perspectiva dramática de la historia original, contada únicamente a través del punto de vista de los niños en el libro de Mark Lowery. Esto permite que la actriz irlandesa Clare Dunne (Cosas pequeñas como estas), como la madre de los chicos, se luzca y se proclame como la auténtica revelación del reparto.

Los otros grandes aciertos de la adaptación son la preciosa banda sonora, la cercana ambientación cultural irlandesa y el misterio, esa constante sensación de que hay una pieza que falta y que los personajes saben, pero el espectador (todavía) no. Aunque use algunas trampas para despistar, la pregunta de qué es lo que ha pasado consigue mantener el interés incluso cuando la ruta parece recta y obvia.
A pesar de esa carretera algo tumultuosa, el guion lleva al espectador a donde inevitablemente quiere llegar. Sí, hace llorar. Mucho. Se esfuerza demasiado y demasiadas veces para ello, pero, a partir de cierto punto del metraje, debería ser obligatorio tener pañuelos o palanganas al lado. Consejo para los espectadores que quieran bajarse antes de acabar el viaje: esperad, que la última estación es la mejor. Puede que también la más efectista, pero da gusto salir del cine con una catarsis emocional.

Todo en A 500 millas de casa se esfuerza al máximo por resultar bonito y emotivo: los dramas, las interpretaciones, los escenarios… Lo consigue, aunque levante varias cejas por el camino. Pero ese es el precio de algunos melodramas. A Spielberg y a Shyamalan sí suele funcionarles este tipo de escritura emocional, aparentemente inocente y buenista, sin llegar a pasarse de cursi, para situar al espectador en los pies de un niño que se fascina y sorprende ante todo. En este caso, aunque sus autores fuercen demasiado el motor, se agradecen propuestas familiares adultas como esta en la cartelera española.
NOTA: ★★★☆☆
«A 500 MILLAS DE CASA» SE ESTRENA MAÑANA EN CINES.
TRÁILER DE A 500 MILLAS DE CASA:
PÓSTER DE A 500 MILLAS DE CASA:

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