Crítica de ‘El nido’: Una magnífica Michelle Jenner ofrece el registro más físico y psicológico de su carrera.

El concepto del «mal» ha evolucionado a lo largo de los siglos y siempre ha estado ligado a otros términos inherentes que lo han acompañado hasta nuestros días, como la incertidumbre o la amenaza, generadores inequívocos del miedo. Como antagonista del bien, por contraste o por ausencia del mismo, el mal ha sido un terreno de exploración cinematográfica en el género del terror y en otros subgéneros adscritos al mismo en nuestro país, donde algunos nombres destacan a lo largo de su historia.
En 1962, Jesús Franco marcó un antes y un después en el género patrio con su película Gritos en la noche, cinta inaugural del fantaterror de los años sesenta y setenta, considerada la época dorada del cine de género español. Entre los que le siguieron se encuentran Paul Naschy y Jordi Grau, cineastas de piedras angulares como La marca del hombre lobo (1968) y No profanar el sueño de los muertos (1974).
Este somero contexto no es baladí para presentar al director de El nido, la última película de Hugo Stuven Casasnovas, hijo del prestigioso director y realizador televisivo de origen chileno del mismo nombre que, durante las tres últimas décadas del siglo XX, fue un referente en la televisión española. Y es que la influencia en el cineasta de El nido, propuesta de género, está marcada por algunas de las figuras señaladas.
El propio realizador llevó a cabo junto a Víctor Matellano el cortometraje documental Tío Jess, que aborda la figura y la obra del ya mencionado Jesús Franco. Por otro lado, conviene mencionar que el padre de Hugo estableció una estrecha amistad con el gran referente español del cine de género, Chicho Ibáñez Serrador, conductor del programa episódico Historias para no dormir y autor de dos obras maestras del terror patrio como La residencia y, sobre todo, ¿Quién puede matar a un niño?. Tal es la herencia del terror español y, por supuesto, la figura de su padre, a quien Hugo Stuven agradece en los créditos de El nido.

Una vez establecido el marco referencial en torno a Hugo Stuven Casasnovas y El nido, podemos decir que la película se presenta como una casa llena de trampas para ratones en forma de giros que son difíciles de sortear para destripar lo menos posible la experiencia del espectador. Y es que Marta es una sobreprotectora madre que vive en el corazón de un bosque junto a su hijo y su madre, foco especial sobre esta, a la que mantiene anclada con una cadena a unas vías atornilladas en el suelo que conectan las estancias de la casa.
Su día a día transcurre con cierta normalidad dentro de la incertidumbre que genera la amenaza a la que Marta se refiere continuamente como «maldad» y que acecha en el exterior. Todo cambia el día que los golpes en la puerta de madera resuenan en el interior de la casa. Marta abre la puerta y aparece un misterioso hombre que rompe el equilibrio y la rutina de esta particular familia.

Hay un concepto tratado de forma interesante en la presentación de El nido, que no es otro que el de generar la duda en el espectador sobre qué elemento externo amenaza este lugar decididamente atemporal, tanto por el vestuario como por los elementos de ambientación y atrezo, que bien podrían situar la historia en un espacio fantástico como el de La bruja, de Robert Eggers, o el de El bosque, de M. Night Shyamalan, a cuya alma se aproxima más.
A medida que avanza la película, sin llegar nunca a ser puramente explícita de forma dialogada, se apunta al trauma causado por la violencia vicaria en el seno de la familia, mostrando las piezas de un puzle que el espectador deberá ir encajando a medida que lo hace la trama. El ensamblaje analítico de cada partícula del guion irá apuntando hacia un contexto espacio-temporal determinado en el que se ubica, finalmente, el relato.
El cuento gótico de terror, escrito a seis manos por el propio Stuven, Santiago Lallana (Solo) y César de Nicolás (Dime tu nombre), se ve reforzado visualmente por la apuesta fotográfica de Ángel Iguácel (La huella del mal), habitual colaborador del director en algunos de sus otros trabajos. Ya que la decisión introductoria es atemporal, se siente coherente que tanto dentro como fuera de la casa las fuentes de luz provengan de elementos naturales, como las llamas de las velas o la luz exterior que se cuela por las rendijas de las ventanas, de manera habitual cerradas. Con estos códigos lumínicos, de vestuario y de diseño artístico, todo apunta a una fábula de terror que, poco a poco, irá tomando tintes de thriller psicológico, obsesivo y violento a medida que la historia progresa, giro de guion tras giro de guion, algunos más efectistas y convenientes que otros.

No obstante, aunque el engranaje interno de la película no sea del todo preciso, la fuerza de la trama y, sobre todo, el estado de su reparto hacen que la historia fluya con interés a través del misterio. Rodeada de intérpretes más que consolidados, como la actriz ganadora del Goya Luisa Gavasa (La novia), que interpreta a una madre esclavizada y desdibujada; el polifacético Pablo Derqui (Cronos), en un papel lleno de ambigüedad y carácter; y el solvente debutante Dylan Radley, que interpreta a su hijo, destaca Michelle Jenner (El secreto del orfebre), que encarna a Marta, la sobreprotectora protagonista.

Y es que Jenner sale de cualquier registro que haya ofrecido al gran público para desatar una interpretación tan física como psicológica. La también actriz de doblaje sostiene en todo momento la apuesta por la incertidumbre de El nido y es la vía a través de la cual el espectador descubrirá las matrioskas que esconde el guion. Su miedo, su trauma personal y su catarsis evolucionan durante la película, y Jenner protagoniza una de las mejores escenas del género de 2026: un complejo falso plano secuencia dentro de un agobiante espacio que encogerá a los espectadores durante unos minutos.

Hugo Stuven y su equipo, tanto artístico como técnico, logran elevar una historia que reflexiona sobre el mal presente en la sociedad, que golpea desde una edad temprana y provoca un trauma sostenido a lo largo de toda una vida. Si bien en su afán por esconder sus cartas la cinta resulta desigual en el texto, su reparto y dirección no dejarán indiferente a un espectador que se replanteará los caminos que sigue la película a medida que avanza.
NOTA: ★★★☆☆
«EL NIDO», YA EN CINES.
TRÁILER DE EL NIDO:
PÓSTER DE EL NIDO:

¡SÍGUENOS!
- Crítica de ‘El nido’: Una magnífica Michelle Jenner ofrece el registro más físico y psicológico de su carrera. - septiembre 12, 2026
- Hugo Stuven, director de ‘El nido’: «Venimos de un tiempo en el que parecía que había que pedir perdón por hacer una película de terror». - septiembre 12, 2026
- Crítica de ‘Enfrentados: Marfil’: Ester Expósito es la nueva musa de Mercedes Ron y Álex de la Iglesia en una película que adolece de punch. - septiembre 9, 2026
