Crítica de ‘Prácticamente Magia 2’: Nostalgia, hechizos y margaritas.

En una industria cada vez más inclinada a recuperar títulos conocidos –eufemismo para señalar que Hollywood parece quedarse sin ideas–, Prácticamente magia 2 podría parecer otro ejercicio de nostalgia. Sin embargo, la película encuentra una manera bastante natural de regresar al universo de las hermanas Owens sin limitarse a reproducir la fórmula de la original.
Casi tres décadas después, Sandra Bullock y Nicole Kidman vuelven a ponerse en la piel de Sally y Gillian, respectivamente, y lo hacen conservando buena parte de aquello que convirtió a la primera entrega en una película tan reconocible: la magia, el vínculo familiar, las personalidades excéntricas, la maldición y, por supuesto, los outfits más noventeros que verás.

Después de los acontecimientos de 1998, Sally decidió apartarse de la magia para proteger a sus hijas de una herencia sobrenatural que durante generaciones ha condenado a las Owens a perder a los hombres que aman. El problema reaparece cuando el destino alcanza a la siguiente generación: las hijas de Sally, Antonia (Maisie Williams) y Kylie (Joey King). Cuando el novio de esta última queda atrapado por el embrujo, las hermanas se ven obligadas a enfrentarse de nuevo a aquello que intentaron dejar atrás.

Uno de los mayores aciertos de esta continuación es precisamente no tratar el primer largometraje como un simple recuerdo. La historia parte de lo que ya conocemos y continúa sus consecuencias sin desvincularse de la cinta original. Al mismo tiempo, Prácticamente magia 2 está construida con suficiente inteligencia como para funcionar como una puerta de entrada para quienes llegan por primera vez al universo de las Owens. No exige un conocimiento exhaustivo del filme del 98 para comprender sus reglas, sus conflictos o sus relaciones.
Desde una perspectiva industrial, además, resulta una estrategia difícil de discutir: recupera a quienes ya tienen un vínculo emocional con la primera entrega y, al mismo tiempo, a espectadores que nunca se acercaron a ella. Nostalgia para unos, introducción para otros y, de paso, caja doble.

A título personal, me resulta discutible que tanto la primera cinta como ahora su continuación sean señaladas por un carácter caótico o por un guion incoherente. Precisamente porque Prácticamente magia siempre ha funcionado bajo unas reglas propias, a medio camino entre lo sobrenatural, la comedia y el melodrama familiar, reducir esa mezcla a una falta de coherencia parece pasar por alto aquello que hace reconocible a la saga.
De hecho, esa mezcla de elementos es parte de su encanto. La cinta sabe perfectamente qué quiere ser (y es): una fantasía otoñal, extravagante y sentimental en la que la magia convive con personajes de personalidades muy marcadas. Quizá lo más sorprendente sea comprobar hasta qué punto estos elementos siguen funcionando casi treinta años después. La estética otoñal –hojas secas, velas, tonos cálidos, esa casa maravillosa y una atmósfera de cuento–continúa siendo inseparable de la identidad de la saga. También lo es la dinámica entre Sally y Gillian, tan diferentes entre sí como inconfundibles.

No obstante, no todo funciona con la misma solvencia. En una historia tan interesada en la transmisión de la magia de madres a hijas, resulta llamativo que Antonia apenas disponga de espacio para desarrollar una identidad propia, mientras Kylie se lleva todo el protagonismo. Sabemos que trabaja en el hospital y poco más. Su presencia no afecta especialmente al avance de la trama, pero deja la sensación de estar ante una oportunidad desaprovechada.
En conclusión, no existe nada nuevo en recuperar una película que funcionó hace décadas. Prácticamente magia, al igual que otras franquicias rescatadas del pasado, ni siquiera necesitaba necesariamente una continuación porque la primera cerraba su historia por completo. Pero «innecesario» no es igual a «fallido». En este caso, la continuación encuentra suficiente material en la herencia familiar como para justificar su existencia y, sobre todo, conserva ese sentimiento cálido y peculiar que hacía especial a la original.

Quizá, contra todo pronóstico, volver a ese aquelarre grunge tomando margaritas de medianoche casi treinta años después sigue teniendo su propio encanto.
NOTA: ★★★☆☆
«PRÁCTICAMENTE MAGIA 2», YA EN CINES.
TRÁILER DE PRÁCTICAMENTE MAGIA 2:
PÓSTER DE PRÁCTICAMENTE MAGIA 2:

¡SÍGUENOS!
- Crítica de ‘Prácticamente Magia 2’: Nostalgia, hechizos y margaritas. - septiembre 13, 2026
- Crítica de ‘Normal’: Sangre, nieve y la América profunda. - julio 1, 2026
- Crítica de ‘Soy Frankelda’: Stop-motion, monstruos y demasiado ruido. - junio 13, 2026
