Crítica de ‘Normal’: Sangre, nieve y la América profunda.

La película Normal llega a salas con la promesa de consolidar definitivamente a Bob Odenkirk como un héroe de acción poco convencional, y lo cierto es que cumple parcialmente esa idea, aunque no siempre de la forma más pulida. Si en Nadie (2021) ya sorprendía ver al actor metido en una espiral de violencia doméstica y venganza, aquí la apuesta se dobla y, como resultado, tenemos más sangre, más ritmo y menos pausa para respirar.
La sinopsis de la cinta no es muy compleja: tras la repentina muerte del sheriff, el aparentemente insignificante pueblito de Normal queda bajo la supervisión provisional de un nuevo sheriff interino, Ulises (Odenkirk), al que todo le da un poco igual. Las circunstancias empiezan a torcerse cuando una pareja de forasteros intenta asaltar el banco local. Gracias a eso, descubriremos que esta tranquila aldea –con un nombre más que irónico– guarda unos cuantos secretos.

El guion está firmado por Derek Kolstad, responsable de lo que podríamos denominar el clásico de acción contemporánea: John Wick. Y esta influencia se nota de forma constante. Hay una obsesión similar por la coreografía de la violencia y por construir un mundo donde la lógica narrativa a veces queda supeditada al «cómo se ve» más que al «por qué ocurre». Sin embargo, mientras la franquicia del sicario interpretado por Keanu Reeves construye un universo coherente y se siente elegante en su desarrollo, Normal es más sucia y caótica, y decide abrazar un tono más cercano al slasher moderno (debería venir con un contador de muertes en una esquina).
Precisamente, su falta de contención es uno de los elementos más llamativos del filme. Hay escenas que parecen diseñadas para provocar una reacción visceral en el espectador sin preocuparse demasiado por la coherencia. Y, aunque su lógica interna resulte débil, hay que reconocer que es lo que convierte la película en un producto bastante entretenido.

El planteamiento del «pequeño pueblo en Norteamérica con un secreto peligroso» funciona bien como gancho, sobre todo cuando recuerda a Fargo (1996), de los hermanos Coen, aunque la película no tarda en revelar sus cartas y, a partir de ahí, lo que domina es una sucesión de eventos cada vez menos preocupados por la verosimilitud.

Normal no pretende ser compleja, o al menos así se siente al verla. Siendo honestos, no se podría entender que esta obra busque profundidad, más que nada porque no se centra en desarrollar a sus personajes, salvo al protagonista, al que conocemos como un hombre un tanto atormentado, con unas cuantas escenas que pretenden hacernos sentir algo, pero que no lo consiguen.
Esto puede deberse a que la película oscila entre lo irónico y lo brutal, pero nunca termina de encontrar un equilibrio estable. También puede ser que todo ocurra demasiado rápido y haga que, aunque el viaje sea entretenido, cueste involucrarse emocionalmente con lo que está pasando.

A nivel de interpretación, Bob Odenkirk vuelve a ser el ancla de toda película en la que participa. Verlo como héroe de acción resulta interesante porque sustituye al protagonista musculado o hipercompetente por un humano corriente, incluso cuando está rodeado de violencia extrema, algo cada vez más habitual en este género.

En conjunto, Normal es una película que se disfruta más por impulso que por construcción. Tiene una idea muy prometedora en su base y algunos gags simpáticos, pero falla en la coherencia y en el desarrollo de sus personajes. Aun así, consigue lo mínimo que debería ofrecer una película de este tipo: entretener. Aunque no se le puede perdonar que haya desaprovechado así a la actriz Lena Headey (Juego de Tronos).
NOTA: ★★★☆☆
«NORMAL», YA EN CINES.
TRÁILER DE NORMAL:
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