Brad Pitt y su lección de vida en el Festival de San Sebastián 2026: «No pienses en el todo; solo en llegar a esa próxima pequeña victoria».
El actor estadounidense presenta esta noche su nueva película, ‘En el corazón de la bestia’.

Hoy no se escucha otro nombre por las calles donostiarras que el de Brad Pitt, que regresa al Festival de San Sebastián diecisiete años después de su bautismo de fuego en el Zinemaldia. Fue en 2009 cuando acompañó la proyección de Malditos bastardos (Inglourious Basterds), aquella locura bélica con sello Tarantino en la que interpretaba al teniente Aldo Raine, un tipo entregado a la misión de coleccionar cabelleras nazis y que chapurreaba un italiano tan maravillosamente malo que ahora el «Buongiorno» solo nos recuerda a él.
Esperamos llevarnos alguna frase en euskera o en español de su boca en esta visita, que arrancó el domingo con su llegada a la ciudad enfundado en un analizado outfit de más de 14.000 euros, cuando protagonizó un baño de masas de veinte minutazos frente al Hotel María Cristina, haciéndose fotos, firmando autógrafos e incluso chocando puños con los más pequeños. Pocas estrellas de Hollywood conservan ya ese raro magnetismo de las de antes, y Brad Pitt volvió a demostrar que sigue siendo una de las que sobreviven.
![Crítica de ‘En el corazón de la bestia’ [74SSIFF]: La aventura casi documental sobre el perro que compite en carisma con Brad Pitt.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/09/en_el_corazon_de_la_bestia_2026_pelicula.webp)
Tres días después de dejarse ver por el Peine del Viento y por Chillida Leku, un rincón del que confesó estar enamorado, al intérprete de 62 años le tocaba cambiar el turismo por el trabajo: presentar en el certamen En el corazón de la bestia, un thriller de supervivencia a las órdenes de David Ayer (Corazones de acero, Escuadrón Suicida), un cineasta de puños, balas y testosterona, poco acostumbrado a esto de los festivales, la verdad sea dicha.
Pitt, Ayer y la productora Olivia Hamilton se sentaron ante los medios en la tradicional rueda de prensa, una cita en la que el actor no solo habló de la película, sino también de los golpes de la vida, del estado actual de la industria y de cómo es compartir plano, y protagonismo, con un compañero de reparto de cuatro patas.
Un rodaje y un reparto salvajes

En En el corazón de la bestia, Pitt interpreta a James Belmont, un exoficial de las Fuerzas Especiales que se adentra, tras un accidente de avioneta, en el implacable paisaje de Alaska acompañado por Odín, un perro de combate recién retirado. Sobre lo que supone rodar a la intemperie con un animal como compañero de escena, el actor no se guardó nada. «Rodar con el perro simplemente hacía las cosas un poco mejor», arrancó.
Con poco tiempo para rodar, el equipo decidió plegarse a lo que viniera, y Pitt resumió así el plan de ataque pactado con David Ayer: «Lloviera o hiciera sol, eso coloreaba la escena. Rodamos eso y lo que fuera que hiciera el perro».
Con Uber, el perro que da vida a Odín y al que un adiestrador encontró en Nueva Zelanda (donde se rodó la película, y no en Alaska), la química fue inmediata. «Conectamos muy rápido e intentamos hacer que cada día fuera un día de juego para él», contó el oscarizado actor, que habló de «una experiencia realmente conmovedora». Tanto que el mejor amigo del hombre acabó regalando escenas que nadie había escrito: «Hubo momentos en los que hacía cosas que rozaban lo asombroso, que no estaban en el guion y que terminas viendo en la película», aseguró.
Otros días, en cambio, su coprotagonista tenía la cabeza en otra parte. «Tuve que ser bastante adaptable siendo un actor / entrenador de perros», admitió Pitt. ¿El secreto de su éxito con el can? Lo desveló entre risas la productora Olivia Hamilton: todo se debía «al pollo en tu bolsillo». Pitt, resignado, confirmó el precio que pagó: «A día de hoy no puedo oler el pollo hervido».

Más allá de las recompensas caninas, rodar en plena naturaleza fue un desafío físico que el actor recuerda con cariño: «Estábamos mojados y teníamos frío. No teníamos tráileres. Nos sentábamos en troncos», enumeró. Y aun así lo tiene claro: «Me encantaba que todo fuera práctico».
Aunque no todos sufrieron por igual. David Ayer bromeó con el trato de estrella que recibía Uber, que encabezaba la hoja de rodaje: «El perro tenía más peluquería, maquillaje y vestuario. También tenía su propio tráiler y sus propios especialistas», detalló. «Así que en cierto modo era como cualquier otro actor, pero cuando el perro aparecía en el set, la energía cambiaba. La gente se ponía un poco más feliz, un poco más emocionada».
Sobrevivir a golpe de pequeñas victorias

En la película, los desafíos extremos funcionan como un espejo del alma humana, y Pitt no tardó en llevarse la reflexión a su terreno. Para preparar el rodaje, contó, Ayer reunió a todo un batallón de asesores: «Expertos en supervivencia, especialistas caninos militares, médicos». Con ellos aprendieron bushcraft, las técnicas para sobrevivir a la intemperie, y descubrieron cómo se trata a los perros de combate: «Intentan hacerlo divertido para ellos. Los perros están integrados en la unidad y son parte de la familia». El equipo, por supuesto, se aplicó el cuento. Pitt recordó que, al llegar al set a las seis de la mañana, se encontraba a uno de los adiestradores jugando a la pelota con Uber: «Era una vista tan hermosa en el campo».
Pero la gran lección llegó de boca del experto en supervivencia. «Todo se trata de pequeñas victorias», rememoró el actor. «Vas a sufrir pérdidas, […] sufrir dolores, pero se trata simplemente de llegar a la siguiente pequeña victoria». Y enseguida encontró el paralelismo con la vida: cuando estamos «luchando y pasando por muchos desafíos», la clave está en una sola idea: «No pienses en el todo; solo en llegar a esa próxima pequeña victoria».

Otra forma de resistir, apoyarse en el otro, está también en el corazón de la historia. James y Odín, explicó, son «criaturas extremadamente capaces. Han sido entrenados. Han sido endurecidos. Han sido probados». Pero lo que los salva es otra cosa: «Ese tipo de cuidado y amor y lealtad», que para Pitt «también es el amor verdadero». Y ahí el actor se abrió como pocas veces. «En mis días más oscuros, […] me apoyé mucho en mis queridos y cercanos amigos y un puñado de familiares», confesó. «Fui muy abierto sobre mi lucha». Porque poder ser así de libre con quienes «te aman y te cubren las espaldas y a quienes tú les cubres las espaldas lo es todo».
Para cerrar, alguien lanzó la pregunta del millón: ¿cómo salir adelante en un mundo triste, lleno de odio, guerras, política y racismo? «Creo que podríamos pasar más tiempo en donde somos iguales… Lo que nos une, lo que nos conecta», reflexionó el estadounidense, convencido de que «podemos escuchar mejor a través de estas líneas divisorias». Y se despidió con un «tal vez simplemente empezamos a cuidar a las personas que están a nuestro alrededor y asegurándonos de que están bien».
Brad Pitt, al rescate del cine de presupuesto medio

A punto de estrenar en Netflix The Further Mis-Adventures of Cliff Booth, la secuela protagonizada por su icónico personaje de Érase una vez en Hollywood, Pitt, que también produce, a través de su compañía Plan B, la película que presenta hoy, dejó un diagnóstico muy lúcido sobre el estado de la industria. Arrancó reconociendo que «ha habido cambios masivos con la industria del streaming y la consolidación de los estudios», aunque les ve el lado bueno: «Hay muchas más oportunidades para actores, guionistas, directores y equipos», celebró. Algo que, según él, se nota en la pantalla, con «historias realmente interesantes y talentos realmente interesantes».
Tras el bache de los últimos años, también detecta la vuelta del público a las salas: «Estamos viendo que la experiencia comunitaria está siendo abrazada de nuevo», apuntó. El problema, para él, es otro: «Las películas son muy caras». Las grandes franquicias pueden recuperar la inversión, pero las de presupuesto medio, «cualquier cosa de quizás 30, 40, 60 [millones de dólares]», lo tienen cada vez más difícil, «incluso películas como la nuestra, porque es muy difícil para el estudio recuperar ese presupuesto medio».
La esperanza está en las nuevas herramientas de posproducción, que, confía, «van a reducir esos precios». Y no lo dice solo por la industria: «Espero que esas películas todavía tengan espacio, porque ahí es generalmente donde termino más, en el punto medio».
Con el cine independiente se mostró todavía más optimista. La situación actual, afirmó, «ha sido muy propicia para las [películas] independientes», porque «más ojos están puestos en estos proyectos». Y lanzó una comparación: «Se siente incluso tan fuerte como en los años 90».
David Ayer completó el retrato mirando a las nuevas canteras de talento. «Creo que hay nuevos canales de descubrimiento por ahí, nuevos autores», señaló. «Tenemos gente que llega de YouTube o de internet». A eso se suman los jóvenes que entran en la industria, que, según el director, «tienen gustos muy diferentes, y crecieron con un sentido diferente de los medios que nosotros».
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