Crítica de ‘Digger’: Excéntrico y maravilloso viaje quijotesco.

En 2015, el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu grabó su nombre en la historia de la Academia del Cine americano al lado de John Ford y Joseph L. Mankiewicz al levantar en dos ediciones consecutivas el Óscar a Mejor Dirección por Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia) (2014) y El renacido (2015), película con la que, por fin, logró que Leonardo DiCaprio se alzase con el suyo propio a Mejor Actor, que tanto anhelaba.
Con este bagaje, sumado a una filmografía más que contrastada con excelentes películas como Amores perros (2000), 21 gramos (2003) o Babel (2006), causó un gran impacto su regreso al largometraje en 2022, siete años después de recibir su última estatuilla, con una película que se salía de toda la línea cinematográfica que el oriundo de Ciudad de México había dirigido y escrito hasta la fecha. Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades (2022) fue recibida con desigualdad entre la crítica y el público por su propuesta de realismo mágico, tan inherente al país que también vio nacer a Juan Rulfo (Pedro Páramo), para contar una historia que sobrevolaba el género autobiográfico y que, sin embargo, también hablaba de la ambivalente relación de Iñárritu con su país y la propia historia de México.
Han pasado cuatro años desde el último shock cinematográfico del cineasta hasta que llega a los cines Digger, su reciente trabajo envuelto en una mayúscula expectación por tener como protagonista a la gran estrella y símbolo vivo del gran Hollywood y, por ende, de Norteamérica, Tom Cruise. Al protagonista de la saga Top Gun o Misión: Imposible, que ha trabajado con los más grandes cineastas de cada uno de sus tiempos –Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola o Paul Thomas Anderson, por citar algunos–, se le ha escapado la estatuilla del Óscar a Mejor Actor una y otra vez. Con una aparatosa transformación estética, así como con un hiperbólico personaje, homónimo al de la película, parecía haber encontrado en Iñárritu y en esta obra de autor el camino hacia el reconocimiento profesional en forma de premio.

Cruise se transforma, nunca mejor dicho, en el magnate del petróleo estadounidense Digger Rockwell, que vive aislado en una inmensa y lujosa mansión junto al único ser del mundo que respira –a duras penas– y que parece importarle: su moribunda gata Maggie. En una figura excéntrica, megalómana, egocéntrica y grotesca que traerá a la mente del espectador a algunos de los mandamases más mediáticos de nuestros días, este codicioso empresario desoye todos los consejos de sus asesores para ralentizar el impacto climático de sus extracciones y acaba provocando una tragedia medioambiental que pone en peligro la vida de millones de personas en toda Europa. Auspiciado por el propio presidente de los Estados Unidos y su gabinete militar, Digger Rockwell es el encargado de manejar la narrativa para salvar el mundo, que no es otro que la reputación y el sostén económico de Norteamérica.

Más allá de las ínfulas mediáticas acerca de una temporada de premios cada vez más diluida por su falta de criterios y raseros cada vez más desiguales de un año para otro, la unión de la pareja Iñárritu-Cruise para esta película no es baladí. Que uno de los símbolos más reconocibles de Norteamérica a nivel internacional durante más de tres décadas protagonice una sátira brutal contra parte del pensamiento y la acción de su propio país para dinamitarlo desde dentro ya es un ejercicio artístico muy poderoso. Casi como aquellos que lo hacen con el cine de Wes Anderson, Cruise se entrega en cuerpo y alma a un personaje que bordea el absurdo y el ridículo en varios momentos del metraje, entregando toda su confianza al buen hacer de la dirección del excelente cineasta mexicano.
No tiene demasiado mérito vomitar adjetivos como «hiperbólica», «satírica», «excesiva», «absurda» o «ridícula», porque sería quedarse en un plano sumamente superficial que la propuesta de Iñárritu no merece. Esto puede ser un vehículo para explorar diferentes planos narrativos en los que de verdad interesa introducir al espectador, pero no es el alma de la película. Tampoco lo es la crítica feroz al egocentrismo patriótico americano, a ese ombligo del mundo que, a través de algunas de sus figuras, parece haber sido creado a imagen y semejanza de las leyes del lejano oeste. Pero Digger también reflexiona sobre el cambio climático y el destino al que está abocada la humanidad si sigue maltratando al planeta.
![Crítica de ‘En el corazón de la bestia’ [74SSIFF]: La aventura casi documental sobre el perro que compite en carisma con Brad Pitt.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/09/en_el_corazon_de_la_bestia_2026_pelicula.webp)
Pero sería un ejercicio sumamente cínico, simplista e, incluso, demagogo presentar un discurso semejante durante las casi dos horas y diez minutos de metraje. Intentando sortear algunas minas en forma de spoiler que cambiarían la percepción y la lectura del espectador de lo que la película propone en un principio, Iñárritu reflexiona sobre el sumo poder que otorga la narrativa a quien logra manejarla. Existe una gran distancia semántica entre percepción y verdad, y es ahí donde Digger pone al espectador frente a sí mismo y le hace reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestro entorno físico, geográfico y ecológico. El desenfrenado tono de la película también se extrapola a la dirección y al apartado fotográfico, de nuevo a cargo del habitual compañero de viaje de Iñárritu, el también mexicano Emmanuel Lubezki, que juega con los formatos en función del plano narrativo en el que se encuentra la película y que, al menos en un primer visionado, no siempre parece preciso.

Lloverán las críticas a Cruise por la pretenciosidad con la que, según algunos, asume el reto de conseguir el Óscar, pero no se nos ocurre ningún otro actor que encarne mejor las vertientes que ofrece su personaje en Digger. Por un lado, porque en una película sobre la narrativa es imponente que la gran estrella de Hollywood sea quien enarbole la crítica hacia Occidente y sus gobernantes, y por otro, porque Cruise es el primer nombre que se le viene a la cabeza a cualquier amante del cine cuando piensa en un actor comprometido con su profesión, alguien que honra y da prestigio al trabajo de interpretación, ya sea en cine o en teatro, con cada trabajo que hace, y que respeta al público por encima de todas las cosas, como demuestra, sin ir más lejos, con su innegociable apoyo a las salas de proyección. Las salas de cine y teatro fueron, son y serán una catarsis artística del estado de ánimo de una sociedad y un buen termómetro de su tiempo.

Digger tiene el carácter quijotesco de una obra que quiere abarcar más de lo que cinematográficamente puede, y precisamente ahí reside gran parte de su valor artístico. Iñárritu no solo logra que Cruise ofrezca su interpretación más volcánica, sino que hace lo propio con un reparto entregadísimo a este viaje por el absurdo, que cuenta con Riz Ahmed (Sound of Metal), John Goodman (Calle Cloverfield 10), Emma D’Arcy (La casa del dragón) y Sandra Hüller (Proyecto Salvación). Si el impacto de la pala en pleno rostro de Digger no ha dejado fuera de combate al espectador, sugiero que aguante hasta la última letra de los créditos finales para llevarse a casa un buen rato de reflexión.
NOTA: ★★★½
«DIGGER», ESTRENO HOY EN CINES.
TRÁILER DE DIGGER:
PÓSTER DE DIGGER:

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