Woody Allen arranca el rodaje de su nueva película en Madrid, que se une a Roma, París, Londres, Barcelona y San Sebastián en el mapa europeo del maestro neoyorquino.
El legendario cineasta iniciará su proyecto de otoño el lunes 5 de octubre en la capital de España, con la ciudad de Aranjuez como otra de las localizaciones.

Se cumplen tres años desde el último estreno mundial de una película de Woody Allen, Golpe de suerte, presentada en la 80.ª edición del Festival de Venecia. El cineasta neoyorquino, enamorado declarado de las ciudades más que de los países, ha puesto todo de su parte para que su nuevo proyecto cinematográfico, quién sabe si el último, esté ambientado en Madrid, ciudad por la que siente un afecto especial desde el concierto de jazz que ofreció en 2019. La producción, a cargo de la también madrileña Wanda Films, cuenta con el apoyo financiero, administrativo e institucional de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Además, el nombre de la capital figurará en el título, aún desconocido, de la 51.ª película de uno de los mayores cineastas de la historia.
El affaire de una noche en el Botánico

El 20 de junio de 2019, Woody Allen, acompañado por la Eddy Davis New Orleans Band, ofreció un concierto de jazz en el marco del Real Jardín Botánico Alfonso XIII de Madrid. Más de 2.000 personas llenaron el recinto en el que el director de Manhattan, entre otras, iba a reunirse con unos amigos «para pasar un rato de diversión en torno a la música jazz, pero si algunos de vosotros queréis venir a vernos, sed bienvenidos», Allen dixit.
Este concierto formaba parte de una pequeña gira de la banda previa al rodaje de Rifkin’s Festival, la película que el cineasta empezaría a rodar unas semanas después en San Sebastián. Al ritmo de temas tan icónicos como Sweet Georgia Brown, el grupo jazzístico logró enamorar al público asistente. Los contratiempos organizativos previos al concierto quedaron olvidados en cuanto el menudo actor, guionista y cineasta apareció en escena con su inseparable clarinete y su habitual postura repanchingada.
Pero algo hizo clic. Más de siete años después, cuando Woody Allen es ya un nonagenario lleno de curiosidad artística, se ha sabido que aquella noche del 20 de junio de 2019 no fue una cita más, y eso es mucho decir para una figura con cuatro premios Óscar y más de veinte nominaciones.
En la rueda de prensa de presentación de su nuevo proyecto, titulado por ahora Woody Allen Fall Project 2026 y celebrada el primer día de octubre de 2026, el residente más ilustre del Upper East Side de Manhattan reconoció que quedó completamente prendado de la belleza del entorno del Real Jardín Botánico Alfonso XIII aquella noche, antesala del verano. Desde entonces, a Allen le rondó una y otra vez la idea de rodar una película contextualizada en la ciudad de Madrid, de la que lleva enamorado desde aquel entonces. El próximo 5 de octubre, esa idea se hará realidad.
Wanda Films, gatos de Madrid

La Sala Roja de los Teatros del Canal acogió a más de un centenar de periodistas, que se congregaron desde una hora antes de la convocatoria ante la expectación que generaba uno de los grandes maestros del cine. Acompañaron a Woody Allen los máximos representantes de las dos instituciones que financian la película: la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida.
No obstante, el encargado de abrir el acto fue Miguel Morales, uno de los responsables de Wanda Films, la productora madrileña, como no podía ser de otro modo, que producirá y distribuirá la nueva película de Allen.
Morales echó la vista atrás hasta el Festival de Venecia de 2023, certamen que acogió el estreno mundial de Golpe de suerte, la última película del cineasta hasta la fecha, cuya distribución en España corrió a cargo de la propia Wanda Films. En la fiesta posterior a la proyección en la ciudad de los canales, José María Morales, hermano de Miguel, se acercó a Woody Allen junto a la actriz almodovariana Marisa Paredes para ofrecerse como productores de su siguiente película. Meses después, en el marco de la Berlinale, fue el equipo del neoyorquino el que comunicó a la productora madrileña que había un guion en marcha, y los hermanos Morales aceptaron la propuesta sin esperar siquiera a leerlo.
La primera propuesta lanzada desde la producción española fue rodar en el País Vasco, Canarias o Navarra, por las facilidades financieras que ofrecen sus mayores desgravaciones fiscales frente a otros territorios del país. Fue entonces cuando entró en escena el propio Woody Allen, que fijó una línea roja: quería rodar la película íntegramente en Madrid, «una ciudad que conocía, admiraba y en la que quería ambientar la película».

Tras obtener el apoyo institucional y económico de la Comunidad y del Ayuntamiento, la película inició una preproducción que culmina el 5 de octubre, fecha en la que arranca el rodaje del todavía innominado proyecto, el número 51 de la extensa carrera de Woody Allen.
Para cerrar su intervención, Morales ofreció algunos datos de producción y desveló varios de los nombres del equipo técnico y artístico. Entre ellos destaca el director de fotografía José Luis Alcaine, que ha trabajado con grandes maestros de nuestro cine como Víctor Erice (El sur), Chicho Ibáñez Serrador (¿Quién puede matar a un niño?) o Pedro Almodóvar (¡Átame!).
También se anunció gran parte del reparto, encabezado por la californiana Alexi Celine Wasser (Messy) y por Peter Vives, rostro conocido por el público español gracias a El tiempo entre costuras. Completan el elenco Marton Csokas (The Equalizer), Jemima Kirke (Girls), el catalán Jordi Mollà (Jamón, jamón) y más de cincuenta intérpretes españoles cuyos nombres se darán a conocer en las próximas semanas, una vez iniciado el rodaje.
Woody Allen: lucidez y concreción

Tras las palabras de bienvenida de la presidenta autonómica y del alcalde, respectivamente, concluyó la parte puramente institucional del acto y llegó uno de los momentos más esperados del año cinematográfico en nuestro país: la rueda de prensa de Woody Allen, flanqueado por la pareja protagonista, que, según se desveló, interpretará a un matrimonio.
Fue el propio cineasta quien desveló la trama de WASP 2026 (por las siglas de Woody Allen Summer/Spring Project 2026): una comedia romántica en el ámbito diplomático en la que, como es habitual en su filmografía, no faltarán la intriga y el ingenio. Para Allen, Madrid es el escenario idóneo para esta historia. Preguntado por el título, alegó que Wasp 2026′ es provisional y que decidirá el definitivo al terminar el rodaje y que, por contrato, incluirá el nombre de Madrid.
En respuesta a mundoCine, el director ganador del Óscar por Annie Hall (1977), aseguró que ha depurado su estilo a lo largo de veinticinco años gracias a cierta pereza: «De joven era mucho más convencional, mucho más dedicado. A medida que me fui haciendo mayor, también me volví más vago. Hacía planos cada vez más largos porque no quería parar, dar la vuelta a la cámara, volver a iluminar y hacer primeros planos de todo el mundo. Así que mi estilo evolucionó hacia planos maestro largos, algo que los actores agradecían porque no tenían que repetir sus escenas una y otra vez».
Llamaba la atención el profundo contraste entre el estado físico con el que Allen se mueve por el espacio, casi siempre apoyado en el brazo de su séquito inseparable, y la lucidez, la inteligencia y la concisión que mostró ante las preguntas de la prensa, no siempre relacionadas con su cine. En un momento de agitación política y social como pocos se recuerdan en España en lo que va de siglo, a Woody Allen le bombardearon una y otra vez con la misma pregunta política sobre la vivienda y el conflicto vigente en España disfrazada con diferentes eufemismos. A todas y cada una de ellas, Allen respondió de frente indicando que no era ni conocedor ni la persona adecuada para dar respuesta a estos asuntos, aduciendo que jamás ha sido un cineasta político y que, por tanto, no tenía idea u opinión sobre aspectos sociales de los que no tenía toda la información.
A sus casi 91 años, y después de expresar en varias ocasiones su amor por España y por Madrid, también dejó claro que él es un chico de Nueva York. Creció personal y profesionalmente en la Gran Manzana, y la gran urbe del mundo occidental sigue siendo su amor eterno, al que solo es infiel de forma puntual con sus affaires con otras ciudades: Roma, París, Barcelona, San Sebastián y, ahora, Madrid.
Dos protagonistas y una oportunidad única

Aunque, como era de esperar, la rueda de prensa giró en torno a la figura de uno de los más grandes cineastas de la historia del séptimo arte, también hubo espacio para que la pareja protagonista expresara lo que significa trabajar con alguien de la talla del neoyorquino.
Entusiasta y extremadamente afable, la actriz californiana Alexi Wasser contó que la oportunidad de participar en esta película le llegó cuando había decidido dejar la interpretación para centrarse en la dirección. Bastó una llamada de su representante para que el destino cambiara sus planes.
Por su parte, Peter Vives, actor mitad español y mitad neozelandés y protagonista masculino de la historia, recordó que recibió la propuesta de presentarse al casting en pleno ensayo teatral. Agradeció, además, las palabras de Woody Allen, que aseguró que, entre una lista interminable de actores barajados para los papeles protagonistas, Vives y Wasser eran la elección perfecta.
Allen contra el auge del fascismo

La rueda de prensa se alargó más de lo pactado gracias al buen hacer y talante de Allen ante cualquier pregunta de los periodistas, tanto especializados como generalistas, presentes en la sala. La mayor ovación de la mañana llegó cuando el cineasta, que minutos antes se había declarado apolítico, sí se posicionó con firmeza contra el auge de los fascismos que crecen en distintos puntos de Occidente, algo que ya ha satirizado en varias de sus películas.
«Siempre me ha preocupado el auge de cualquier tipo de fascismo. Me parece terrible, y el mundo está hoy en una fase crítica. Estoy rotundamente en contra del fascismo, ya sea en los gobiernos, en el teatro o en la censura…». Con esa frase, Woody Allen puso el broche final a una mañana histórica para el cine en Madrid y, por ende, para el cine nacional.
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