Crítica de ‘Sorry, Baby’: La vulnerabilidad de las grandes cosas.

Mañana llega a las salas de cine españolas Sorry, Baby, el debut detrás de las cámaras de Eva Victor, quien, además de encargarse de la dirección del filme, es la actriz que encarna a Agnes, su protagonista.
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Durante la película, producida por PASTEL, de Barry Jenkins, y estrenada en el Festival de Cine de Sundance 2025, asistimos a una narración no lineal de distintos momentos de la vida de Agnes, desde que está escribiendo su tesis hasta ya asentada con su plaza de profesora universitaria y conociendo al bebé de su mejor amiga.

A pesar de ser una directora novel, Victor hace uso de los recursos cinematográficos con gran facilidad para narrar su historia. El primer plano de la cinta es bastante paradigmático: un gran plano general de una casa en medio de un bosque, en la noche, a la que llega un coche. Una casa que, a pesar de su tamaño, queda reducida a algo diminuto en el plano, que se convierte en el foco del plano por la luz tenue que emite, pero que pierde protagonismo ante el movimiento del coche que llega; coche que gana más protagonismo al romper el silencio de la escena.
A lo largo de la película, existe una identificación entre esta casa y la propia Agnes. Ambas tienen problemas para llenar el encuadre por sí mismas. El resultado de esta decisión es el de empequeñecer tanto el espacio como al personaje. También es un recurso que se utiliza a la inversa, y es que cuando Agnes está acompañada de otros personajes con los que se siente a gusto, como Gavin (Lucas Hedges) o, más marcadamente, Lydie (Naomi Ackie), los tipos de plano cambian. Cuando Agnes está en compañía, los planos son más cerrados y las composiciones están más equilibradas, menos vacías, lo que aporta un sentido de estabilidad desde la puesta en escena.

Otro de los recursos que destacan es el uso del fuera de campo. Victor lo utiliza de manera inteligente para crear suspense, malestar e incomodidad. El más impactante ocurre en la casa del tutor de tesis de Agnes. Un plano frontal de la casa en el que ocurren dos jump cuts y pasa de ser de día a ser de noche, marcando el paso de las horas. Por diálogos anteriores en la cinta, y la reacción de Agnes al salir, podemos concluir que dentro de esa casa ha habido una agresión sexual. Víctor contrapone la estabilidad y la nada del plano de la casa con la violencia que ocurre dentro de ella, generando aún más malestar en el espectador.
El siguiente fuera de campo impactante es cuando Agnes le cuenta a Lydie lo que ha pasado. Aquí, la directora decide ignorar el mantra del cine «muestra, no cuentes» para generar malestar una vez más. En un plano fijo y bastante largo, Agnes cuenta la agresión que ha sufrido, y el espectador está forzado a imaginarla como si fuera una novela, generando un mayor impacto en él.

Todo esto es posible gracias a las grandes interpretaciones que encontramos en la cinta, destacando la de la propia Eva Victor, quien es el corazón y el ancla emocional de todo el relato. Victor interpreta a una Agnes muy diferente en distintos puntos de su vida: antes de la agresión, con una vida laboral estable, viendo cómo su amiga tiene un hijo, etc. y lo hace con distintos registros. A veces, segura de sí misma, y en otros momentos vulnerable y asustada, Victor presenta a un personaje cercano e inspirador.

Sorry, Baby es una película que muestra a un personaje femenino recuperándose y avanzando después de que le ocurra algo horrible, pero, a pesar de la dureza de la propuesta, es una cinta cálida y cercana, llena de momentos entrañables y de identificación, que muestra a una actriz y a una directora competentes y con un gran futuro por delante.
NOTA: ★★★★½
«SORRY, BABY», ESTRENO MAÑANA EN CINES.
TRÁILER DE SORRY, BABY:
PÓSTER DE SORRY, BABY:

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