Crítica de ‘The Man I Love’ [74SSIFF]: Vibrante retrato del deseo y el arte.

Sorprende lo poco que se ha aprovechado a Rami Malek desde que ganó el Óscar al Mejor Actor por Bohemian Rhapsody. Aunque se dio a conocer con la magnífica serie Mr. Robot, fue el biopic de Freddie Mercury el que lo consagró y, paradójicamente, lo condenó a una retahíla de papeles histriónicos en películas intrascendentes, a las órdenes de directores por lo general poco destacables en la dirección de actores. Hasta que, en 2026, el cineasta estadounidense Ira Sachs estrena en el Festival de Cannes The Man I Love, que ahora llega a la sección Perlak de la 74.ª edición del Festival de San Sebastián.
Y es que Sachs, presidente del jurado del festival, es uno de los directores de actores más prolíficos del momento, como demuestran las grandes y complejas interpretaciones de Alfred Molina en El amor es extraño (2014), Franz Rogowski en Passages (2023) o Ben Whishaw en Un día con Peter Hujar (2025). Bajo su batuta, Malek firma aquí uno de sus papeles más exigentes, tanto en lo físico como por su contenida intensidad.
![Crítica de ‘Teenage Sex and Death at Camp Miasma’ [Cannes2026]: Desbordante y sangrienta vindicación de libertad con una estelar Hannah Einbinder.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/02/adolescencia-sexo-muerte-campamento-miasma-pelicula.webp)
La película nos sitúa en un escenario reconocible en la obra del director: la Nueva York de los años 80. Jimmy George (Malek) es un conocido artista de la escena underground que atraviesa un momento decisivo de su vida. No hace mucho que estuvo ingresado en el hospital, lo que preocupó a su atenta y protectora pareja, Dennis (Tom Sturridge), a su grupo de teatro y a su familia. Ningún personaje llega a pronunciar las siglas VIH, pero entendemos, por medio de una delicada y honesta sutileza, que Jimmy, abiertamente homosexual, tiene los días contados. La alegría que desprenden tanto él como su entorno, poblado de familiares cariñosos e intérpretes excéntricos, esconde una tristeza que va aflorando a medida que su salud vuelve a empeorar.

El estilo de Ira Sachs se encuentra en plena madurez. Sus dos anteriores películas, ya mencionadas, lo demostraban mediante su particular y exquisito gusto por la observación (de evidente herencia europea, recordando al cine de Maurice Pialat) y su sensibilidad para la intimidad, gracias a una mirada personal y cercana a los cuerpos y a las relaciones. Aquí vuelve a encadenar, de forma orgánica y bellamente organizada, pequeños momentos íntimos: una reunión familiar, un encuentro sexual fortuito o el ensayo de una nueva obra teatral. Cada uno aporta algo nuevo a una historia que se nutre de una colección de espléndidos personajes secundarios, desde Vincent (Luther Ford), el obsesivo vecino de Jimmy que desarrolla hacia el artista un amor egoísta y tóxico, hasta su hermana, Brenda (una maravillosa Rebecca Hall, en una interpretación para el recuerdo).

Pero su cine no funcionaría sin cuerpos que llenen la escena. Frente a otro gran director de actores, Luca Guadagnino, que crea una estilizada y compleja coreografía entre la cámara y los cuerpos, Sachs contempla a sus personajes con una cámara serena que emplea pocos recursos, pero muy medidos. Un plano fijo y sostenido sobre el rostro, que da al intérprete espacio para encontrar algo único e irrepetible (ese magistral número musical de Malek en la celebración de sus padres). Un suave zoom in hacia el fondo de una habitación, donde el protagonista repasa frustrado su texto. Un travelling circular durante un ensayo en el que todo fluye, pero que cesa su recorrido cuando el texto se estanca. O una panorámica que busca su particular forma de reencuadrar la acción, tan imperfecta como natural, sin forzar nunca la puesta en escena.

Este preciso y precioso dispositivo encuentra algunos baches en el último tramo de The Man I Love. Siendo una película tan contenida en su dramatismo, se viene momentáneamente abajo en algunos instantes donde lo sutil se intercambia por lo explícitamente melodramático. El primero llega cuando Jimmy, sobre el escenario, es incapaz de recordar una sola frase de su texto, y la escena termina en un forcejeo con el resto de la compañía para llevarlo de vuelta al camerino. El segundo cierra la relación entre Jimmy y Vincent, que habría quedado bien resuelta con la secuencia de la cafetería, pero que por desgracia se prolonga en otra melodramática.

Pese a estos excesos, The Man I Love se alza como uno de los homenajes más sentidos y especiales a la cultura gay de los 80.
NOTA: ★★★½
«THE MAN I LOVE» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Y SE ESTRENA PRÓXIMAMENTE EN CINES
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