Crítica de ‘The Mandalorian and Grogu’: Jon Favreau justifica el salto a la gran pantalla de la serie de Star Wars a base de monstruos y Baby Yoda.

Star Wars se ha aplicado el refrán de que lo bueno se hace esperar. Tras cerrar tibiamente su saga Skywalker en 2019, The Mandalorian and Grogu supone el esperado regreso al cine del universo creado por George Lucas. Han pasado siete años desde el episodio IX y tres desde la tercera temporada de la serie de Disney+ sobre Din Djarin. De hecho, Jon Favreau (director de la cinta y showrunner de The Mandalorian) ya se encontraba trabajando en una cuarta tanda de episodios hasta que llegó la huelga de guionistas y decidió empezar de nuevo con otro enfoque: dar el salto de la pequeña a la gran pantalla.

Una de las principales diferencias entre armar una nueva temporada o un largometraje es la producción. Es cierto que Favreau ha mantenido a sus coguionistas habituales (Noah Kloor y el actual director creativo de Lucasfilm, Dave Filoni) y que esta es la película galáctica más «barata» de la etapa Disney (unos 165 millones de dólares). Sin embargo, y a pesar de que la historia sí que sea igual que la serie, se nota claramente en pantalla el tiempo de maceración extra que ha tenido la producción, así que sí, ha merecido la pena: The Mandalorian and Grogu es un espectáculo audiovisual digno de la gran pantalla.

Los seguidores de la serie ya están acostumbrados a la aventurita semanal con misiones de cazarrecompensas y nuevos monstruos en planetas inhóspitos, mientras los directores coquetean con referentes cinéfilos. Pues bien, el filme es exactamente eso: una nueva misión, quizá no la mejor, pero sin duda la más grande. Lo malo de este guion sobre un encargo de los descendientes de Jabba el Hutt es que no aporta nada nuevo; lo bueno es que abraza todo lo que es la serie y da pie a explorar diversos tipos de planetas, criaturas y subculturas.
Esa depuración narrativa frustrará a quienes esperen una evolución en los personajes o novedades mayores en el canon. El acierto del libreto está en saber exactamente dónde poner el foco para no distraer con nada más: la relación padre e hijo del mandaloriano y Grogu.
Concretamente, el joven aprendiz es el mayor beneficiado de su extendido tiempo en pantalla. Aunque su conflicto llega tarde y apenas se desarrolla, protagoniza una de las mejores secuencias de la cinta; un pasaje sin diálogos donde gana peso como personaje independiente. La evolución de Grogu también se nota en el fascinante apartado visual. Ese muñeco animatrónico de más de 5 millones de dólares se combina con un disimulado CGI para derrochar ternura cada vez que habla, camina, o ¡corre!

The Mandalorian and Grogu no solo luce más grande, sino también más palpable. Para supervisar todas las escenas y criaturas creadas analógicamente, el estudio ha traído de vuelta a Phil Tippett, del Episodio V (1980). Asimismo, los movimientos y acrobacias tras la armadura de Beskar, regresan respectivamente el nieto de John Wayne (Brendan Wayne) y el artista marcial Lateef Crowder.
Todo ese mimo se traslada a la pantalla, y para verlo mejor, Favreau ha apostado fuerte por el formato IMAX. Desde esa primera gran secuencia de acción, el director parece avisar de que esta misión no está hecha para consumirse en un teléfono móvil. Y es que, la mayor parte del metraje se atreve a ir más allá de los encuadres típicos de la televisión, dando forma a numerosas y atrevidas set pieces de acción concebidas a una escala gigantesca y llenas de efectos, explosiones, peleas y agua. Es su manera de gritar: esto es cine.
En contrapartida, en algunos planos más cerrados de conversaciones sí que chirrían un poco los fondos difuminados, herencia, seguramente, de la famosa tecnología creada para la primera temporada: The Volume. Siendo una película más terrenal que espacial, hubiera maravillado aún más si se hubieran atrevido a rodar en localizaciones impresionantes de Islandia o Jordania como hicieron las anteriores películas. En su lugar, se ha rodado íntegramente en California, y eso tiene su evidente techo visual. Afortunadamente, el CGI, el montaje tan limpio y los ambiciosos platós tan palpables lo compensan con creces.

Incluso con los ojos cerrados se puede disfrutar de esta entretenidísima aventura. Junto a Jon Favreau y Grogu, la otra pata del tridente de éxito es Ludwig Göransson. El compositor ganador del Óscar por Oppenheimer y Los pecadores renuncia a una adaptación perezosa de su trabajo en la serie, reformulando el mítico y omnipresente tema principal a la vez que se atreve con otros más oscuros o eléctricos (atentos al pequeño gran homenaje a Blade Runner).
Realmente, la película funciona como un videojuego para niños que despliega un fascinante catálogo de monstruos sorprendentemente adultos. Los escasos diálogos que hay son para contextualizar, recordar y clausurar la misión. Los efectos, la dirección, la mezcla de sonido y la banda sonora son lo suficientemente apabullantes como para dejarte sin aliento y hacerte sentir.

¡Qué bien le sienta la gran pantalla a The Mandalorian and Grogu en sus más de dos horas de innumerables y emocionantes secuencias de acción! Es una propuesta fácil de seguir para cualquier espectador neófito, sobre todo, porque Baby Yoda sigue siendo el corazón de la película. Toca buscar la mejor sala IMAX disponible para vivir el regreso cinematográfico de Star Wars y sentirse como un niño. Puede que este no sea el nuevo auge del universo galáctico, pero, sin duda, este es el camino.
NOTA: ★★★½
«THE MANDALORIAN AND GROGU» SE ESTRENA ESTE JUEVES EN CINES.
TRÁILER DE THE MANDALORIAN AND GROGU:
PÓSTER DE THE MANDALORIAN AND GROGU:

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