Crítica de ‘Wildwood: El bosque salvaje’: La película del año se construye como una obra atemporal que habla tanto de la artesanía en sí como de sus propios temas.

Ser un nepo baby (el hijo de alguien famoso que te allana el camino) generalmente está bastante mal visto. Pero el caso de Travis Knight, director de Wildwood: El bosque salvaje y presidente de LAIKA, el estudio de Los mundos de Coraline (2009) y Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), es de los que, por principios, podemos dejar pasar. Su padre es Phil Knight, cofundador y ex consejero delegado de Nike y milmillonario, y gracias a esto existe uno de los estudios más valientes de la animación actual.
Porque LAIKA es un proyecto de vanidad, un opus por amor al arte que, bajo cualquier lógica de mercado, habría echado el cierre hace años por pérdidas. Y, sin embargo, este año te sacan una película de dos horas de animación stop motion de alto presupuesto (más de 100 millones de dólares y 16 años de gestación) a una escala nunca antes vista, y en tiempos del AI-slop. ¡Es que hay que quererles!

Prue McKeel (con la voz de Peyton Elizabeth Lee en versión original) es una niña especial que no termina de encajar en Portland (Oregón). Un día, una bandada de cuervos a las órdenes de un espíritu fantástico secuestra a su hermano bebé, Mac, y se lo lleva volando. Tras ellos, Prue llega a un bosque encantado en el que, en principio, nadie más que ella puede entrar: un lugar lleno de animales fantásticos, criaturas únicas y un oscuro secreto que amenaza con esclavizar a todo ese mundo de la mano de la misteriosa guerrera y bruja Alexandra Svik (Carey Mulligan).

Wildwood: El bosque salvaje no inventa la pólvora: es una historia a lo Alicia en el país de las maravillas (lo que en Japón llamarían un isekai): una niña debe madurar y encontrar su lugar en un mundo expansivo que no es el suyo. Su tono serio, sus personajes arquetípicos, de dos dimensiones pero no por ello menos interesantes, y su estructura la emparentan con las grandes épicas del cine y la literatura del último siglo, de El señor de los anillos a Dune o Star Wars. Es un tipo de cine extremadamente sincero, de los que ya no se ven a menudo. Y lo más reseñable narrativamente es su villana, Alexandra, con una trama sobre la pérdida y el dolor capaz de estremecer el corazón más firme.

En lo técnico hay poco que decir: es ver para creer. El color, el detalle de las miniaturas y las marionetas, la fluidez de cada movimiento a 24 fotogramas por segundo, la maestría con la que integra el CGI en la mezcla… Wildwood: El bosque salvaje es una obra maestra técnica, de las que marcan época e influirán en toda una generación de animadores y artistas, como en su día El rey león (1994), Akira (1988) o El príncipe de Egipto (1998). Supone un antes y un después, y eso no se dice a la ligera. A ello se suma un ritmo llevado con maestría: un primer acto algo pausado coge carrerilla en el segundo para desembocar en una batalla final de 12 minutos y más de 400 planos, la más ambiciosa jamás creada en stop motion, con una escala que, salvando las distancias, recuerda a la de El Señor de los Anillos: el retorno del Rey (2003).

Eso sí, no todo el mundo va a conectar con esta historia. Si hay que criticarle algo, es que se siente bastante impersonal, quitando la secuencia del pasado de Alexandra, que es para llorar a lágrima tendida. Con una duración de 131 minutos (incluidos los créditos), idéntica a la de las seis Star Wars de Lucas (esto está estudiado), la película tiene que establecer un mundo entero, con sus facciones, sus dinámicas y docenas de personajes, todos ellos jugando un papel más o menos importante en el desenlace de la narrativa. Quien firma estas líneas tiende a preferir las historias más centradas en sus personajes, como la reciente e increíble La isla olvidada (2026) pero eso no debe despistarnos ni un segundo de la calidad indiscutible de esta cinta.

Esta crítica no pretende destriparos ni un segundo de metraje, sino ayudaros a tomar conciencia: ver Wildwood: El bosque salvaje en el cine es activismo cultural. Es nadar a contracorriente en un contexto actual en el que, todo apunta, no parece que le vaya a ir genial en taquilla. No está recomendada para menores de 12 años, pero ¿y los adultos que necesiten sacarse el prejuicio de que la animación es igual a cine infantil? Visionado obligatorio. Cine de cinco jotas, de bellota. La mejor película de LAIKA. Probablemente, la mejor película de 2026. O, al menos, la más importante. Vayan, vean y venzan.
NOTA: ★★★★★
«WILDWOOD: EL BOSQUE SALVAJE», ESTRENO EN CINES.
TRÁILER DE WILDWOOD: EL BOSQUE SALVAJE:
PÓSTER DE WILDWOOD: EL BOSQUE SALVAJE:

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