George Clooney recibe el León de Oro honorífico en el Festival de Venecia 2026: «Las películas no detienen guerras, pero hacen algo extraordinario».
El actor, guionista, director, productor y activista convierte su homenaje en una celebración del cine como herramienta para comprender al otro.

En uno de esos cruces entre realidad y ficción que hacen sonreír a cualquier cinéfilo, el vídeo homenaje proyectado para celebrar a George Clooney con el León de Oro honorífico arrancó y terminó con imágenes de Jay Kelly, de Noah Baumbach, su película más reciente. Y es que, en ella, su personaje –una estrella de Hollywood en plena reflexión sobre su carrera– recibe, fíjense ustedes por dónde, un reconocimiento a toda una trayectoria en un glamuroso festival italiano, exactamente como el propio Clooney estaba a punto de vivir en el Lido. La vida decidió imitar al cine, o quizá fue el cine el que se adelantó a la vida. Porque el cine, como reivindicó después el homenajeado de la noche, todo lo puede.
Laura Dern reivindica al Clooney más humano y Brad Pitt rescata su mayor defecto: «No sabe bailar»

Nadie mejor para ponerle en las manos el felino alado veneciano que su coprotagonista en dicha cinta, la inmensa Laura Dern, que destacó tanto su faceta delante de las cámaras como su trabajo detrás de ellas, definiéndolo como «un hombre con la más profunda humanidad e integridad, alguien que vive para el servicio y la verdad y que, dentro de eso, necesita contar historias». Para la actriz, Clooney utiliza el cine no solo para entretener, sino también para «conmovernos, empujarnos a ser mejores y a anhelar la bondad en nosotros mismos y en los demás».
La ganadora del Óscar a Mejor Actriz de Reparto por Historia de un matrimonio no iba a desaprovechar un micrófono abierto para recordar que, además de actor, guionista, director, productor y activista (casi nada), Clooney también es «el mejor amigo que podrías tener y la persona más divertida que podrías conocer». Y, por supuesto, apareció el dato que acompaña al actor desde hace tiempos inmemoriales: «Y, sí, el más guapo. Y, sí, fue elegido el hombre vivo más sexy dos veces. ¡Dos veces!».
La cosa no quedó ahí. Dern aprovechó su monólogo para ejercer de portavoz de amigos y colaboradores de Clooney, entre ellos, cómo no, su compañero de atracos en la saga Ocean’s, Brad Pitt, quien reveló que, pese a sus muchos talentos, el eterno galán de Hollywood no destaca precisamente por sus dotes como bailarín: «Las historias de George mejoran cada vez que las cuenta. Envejece con la misma elegancia que un buen queso gouda. Puede interpretar, conseguir y competir en casi cualquier cosa, y lo hace mejor que cualquiera de nosotros. Pero, por favor, mantenedlo alejado de la pista de baile. ¡No sabe bailar!».
Dern concluyó: «Y ahora este chico patizambo de Kentucky, convertido en todo un veterano de Hollywood, que siempre aparece cuando no puedes conseguir a Brad Pitt y que jamás ha conocido un premio al que no quisiera asistir, está recibiendo un galardón a toda una vida».
Clooney mira atrás: 45 años de «accidentes felices»

Cuando el aludido subió por fin al escenario, no perdió la ocasión de bromear: «Ya sabéis, cuando te dicen que vas a recibir un premio a toda una vida, realmente te vienen dos cosas a la mente», dijo. «La primera es: qué honor tan increíble. Y la segunda es: eh… ¿acaso saben algo que yo no?».
Tras definir sus cuarenta y cinco años de carrera como «una serie de accidentes felices», Clooney se puso serio para reflexionar sobre el poder de los festivales de cine y su capacidad para recordarnos nuestra humanidad compartida. «Hay algo extraordinario en este lugar. Durante noventa años, ha venido gente de países que no están de acuerdo en política ni en religión. Desde luego, tampoco están de acuerdo en el idioma y, sin embargo, aquí estamos todos en Venecia, en esta catedral en la que he vivido algunos de mis momentos más increíbles».
«Nadie ríe en un idioma diferente. Nadie llora en un idioma diferente. Los padres se preocupan igual. Los niños sueñan lo mismo. El amor se ve notablemente similar en cualquier idioma, lo que hace difícil creer que seamos tan diferentes como nos dicen constantemente», reflexionó.

En un claro alegato contra los discursos de odio, añadió: «Vivimos un momento en el que las personas al mando, la gente con más dinero, nos dicen que debemos temernos los unos a los otros, pero nosotros somos más listos que eso, ¿verdad?», espetó desde el escenario.
El oscarizado cineasta defendió entonces el papel del arte frente a la deriva autoritaria: «A los primeros que los autoritarios intentan silenciar no es a los políticos, sino a los periodistas que hacen preguntas. Son los artistas que rechazan las respuestas simples. Son los cineastas, escritores, actores y músicos que insisten en que alguien a quien nunca has conocido merece tu empatía. Las historias siempre son peligrosas para quienes trafican con el miedo», sentenció.
Aunque reconoció que las películas no pueden solucionar por sí solas los grandes problemas del mundo, sí defendió su capacidad para cambiar nuestra forma de mirar a los demás. «Las películas no detienen guerras. No bajan la inflación. No arreglan elecciones. Pero hacen algo extraordinario. Nos recuerdan que un extraño nunca es un extraño y que podría ser el héroe en la historia de otra persona». Y concluyó: «Y si todavía podemos sentarnos juntos en la oscuridad y preocuparnos por personas a las que nunca hemos conocido, creo que quizá todo irá bien».
Antes de abandonar el escenario, Clooney reservó el instante más empalagoso de la velada para su esposa, Amal, presente entre el público: «Me faltan las palabras para describir cuánto amo a mi mujer y lo orgulloso que estoy de ella y de nuestros dos hijos». El actor recordó entonces uno de los mayores tropiezos de su carrera: Batman & Robin. «Por cierto, mis hijos son las únicas dos personas que pensaron que estuve bien en Batman. No les he dejado ver la película entera», confesó entre risas. Y lanzó un aviso a navegantes: «No la veáis hasta el final. Es terrible». Demasiado tarde, Clooney. Ya hemos visto los batpezones.
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