El primer tráiler de ‘Narnia: El sobrino del mago’ nos enseña cómo nació Narnia a ritmo de Led Zeppelin.
Greta Gerwig invita a todos los hijos de Adán e hijas de Eva al nacimiento de un mundo.

Antes de que Lucy cruzara un armario, antes del fauno, la farola y las delicias turcas, hubo un desván, dos niños y un tío con muy pocos escrúpulos. Esa es la historia que cuenta Narnia: El sobrino del mago, la película de Netflix con la que Greta Gerwig vuelve a la dirección después de teñir de rosa medio planeta con Barbie (2023), y que acaba de soltar su primer rugido en forma de tráiler.
Anillos amarillos para ir, verdes para volver

Aunque C. S. Lewis publicó El sobrino del mago en 1955 como el sexto de los siete volúmenes de Las crónicas de Narnia, es el primero en el orden de la historia, el origen de todo: cómo nació Narnia y de dónde salió la bruja que, siglos después, la condenaría a ser siempre invierno y nunca Navidad. Y ese origen, en el libro, arranca hacia 1900, pero Gerwig traslada la acción al Londres de la posguerra, en plenos años cincuenta.
Allí conocemos a Digory Kirke, que con los años acabará convertido, ojo al dato, en el profesor Kirke, el anciano bonachón dueño del famoso armario en el que los Pevensie se colarían décadas después, y a su vecina Polly Plummer. Digory vive con su madre, gravemente enferma, y con su tío Andrew, un mago de andar por casa convencido de haber encontrado la llave para saltar entre mundos. La llave en cuestión son unos anillos mágicos, unos amarillos para viajar y otros verdes para regresar. Que un amigo de Tolkien como Lewis metiera anillos en la ecuación ya era una pista de que la aventura estaba servida.
Y servida está. Después de unos cuantos experimentos fallidos con unos pobres conejillos de indias, el tío Andrew, demasiado cobarde para probar el invento en sus propias carnes, engaña vilmente a los dos niños, que acaban haciendo de cobayas de laboratorio sin saberlo. Así es como Polly y Digory aterrizan en el Bosque entre los Mundos, una red infinita de estanques cubiertos de musgo que llevan a otros tantos universos. Uno de ellos los deja en Charn, una tierra devastada donde la curiosidad de Digory despierta a quien no debía: Jadis, la futura Bruja Blanca. A partir de ahí, la cosa no hace más que complicarse, y por el camino se les suman, sin quererlo, Frank, un cochero londinense, y su fiel caballo Strawberry. Todos acabarán asistiendo a algo que ningún lector olvida: el momento en que el león Aslan crea Narnia cantando.

Pero antes de llegar ahí, el tráiler nos tiene preparada una buena dosis de nostalgia. Arranca en un desván en penumbra, entre muebles tapados con sábanas, con un armario de madera tallada esperando su momento de gloria. Es distinto del que nos enseñó la película de 2005, pero a los que crecimos con los Pevensie se nos acelera el pulso igual, y casi se puede oler la naftalina de los abrigos. «A veces, una historia es el inicio de todas las demás», dice una voz, y la frase tiene doble lectura: este es el principio de Narnia y también el de una nueva saga, porque Netflix ya anunció que Gerwig escribiría y dirigiría al menos dos películas de las crónicas.
Es entonces cuando empiezan a sonar las primeras notas de Stairway to Heaven, de Led Zeppelin, una canción que el grupo nunca había cedido al cine (se la negó, entre otras, a Wayne’s World y a Casi famosos). Con ella de fondo saltamos a los tejados grises del Londres de posguerra, desde donde Polly y Digory espían por encima de un muro a su peculiar vecino. «¿Es verdad que el señor Ketterly está chiflado?», pregunta ella. «¿El tío Andrew? Mamá siempre ha dicho que es un mago», le responde él. Y ahí está el susodicho, rebuscando entre los trastos del patio y mirando a contraluz un cristal redondo. «¿Tú crees en la magia?», insiste Polly, y Digory, que todavía no sabe lo que le espera, se encoge de hombros: «No lo sé». Poco después, Digory acaricia el hocico de un caballo de tiro y, detrás, una furgoneta de mudanzas se detiene justo donde el ala pintada en su costado parece brotarle al caballo del lomo.
A la luz de una vela, Polly y Digory avanzan a hurtadillas por un pasadizo con sonrisa de travesura hasta que una puerta se abre y deja ver el laboratorio del tío Andrew, un desván atestado de alambiques, esferas de cristal y cachivaches, iluminado por haces de luz de colores. Allí, mientras Polly curiosea, unas manos sacan un anillo amarillo de una cajita. «¿La magia existe?», pregunta Digory, y el tío Andrew, que no da puntada sin hilo, le responde: «Compruébalo por ti mismo».
Basta con que el anillo pase de unas manos a otras para que Digory quede envuelto en luz y, de pronto, aterrice con Polly entre los árboles gigantescos envueltos en niebla del Bosque entre los Mundos. «¿Hay otros mundos? Debe de haber centenares de mundos. ¡Incluso infinitos mundos!», exclama Polly. Y uno de esos mundos los espera al otro lado de una puerta tallada, en una sala inmensa llena de figuras y piedras suspendidas en el aire, donde, sobre un pedestal, descansa una campanita que cualquier lector sabe que más vale no tocar.
Pero alguien la toca, claro. Y unos ojos se abren, los de Jadis, con un maquillaje de purpurina que parece sacado de una portada de David Bowie. A partir de ahí, el tráiler pisa el acelerador, con parada incluida en una calle de Londres, donde Jadis pasa por delante de un pub con un nombre que no está ahí por casualidad: el Eagle & Child, como el de Oxford en el que Lewis y Tolkien se reunían con el resto de los Inklings. Y así, sin frenar, desemboca en el momento de la creación de Narnia. Bajo un cielo que se llena de estrellas, Polly y Digory miran, boquiabiertos, cómo un león hecho de nebulosas toma forma y ruge.
Un reparto digno de la corte de Cair Paravel

El encargo de llevarnos de la mano entre los estanques adormecedores del Bosque entre los Mundos cae en manos de dos jóvenes promesas con madera de reyes de Narnia: David McKenna, el Piggy de la serie El señor de las moscas (2026), como Digory Kirke, y Beatrice Campbell (La trama fenicia), como Polly Plummer. La pareja tendrá que vérselas con un Daniel Craig (Puñales por la espalda) que se lo pasa pipa, despeinado y entre alambiques, en la piel del tío Andrew Ketterley, el mago del título. No es su primera saga de fantasía infantil: ya fue lord Asriel en La brújula dorada (2007), basada en los libros de Philip Pullman, un autor que, por cierto, nunca ha disimulado su manía a Narnia. Mientras tanto, Carey Mulligan (Una joven prometedora) pone el nudo en la garganta como Mabel, la madre enferma de Digory, un personaje con mucho de su autor, porque Lewis perdió a su madre por un cáncer cuando era niño.
Llega el momento de abrocharse bien el abrigo y servirse una taza bien caliente, a ser posible con delicias turcas, eso sí, de una caja que no os haya regalado una desconocida en un trineo. Emma Mackey (Sex Education), que ya fue una de las Barbies de Gerwig, es la joven Jadis, un personaje con el que Tilda Swinton dejó el listón por las nubes en Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (2005). Pero el fichaje que más ha dado que hablar es el de Meryl Streep (El diablo viste de Prada), ganadora de tres Óscar, que pone voz a Aslan, el león que Lewis concibió como una alegoría de Jesucristo y que, en las películas de los 2000, hablaba con el vozarrón de Liam Neeson.
Y por si faltaba alguien en la foto de familia narniana, aquí llegan los demás. Kobna Holdbrook-Smith (Wonka) tiene todas las papeletas para ser Frank, el cochero londinense que se ve arrastrado a la aventura sin comerlo ni beberlo, y que, si la película es fiel al libro, acabará con un destino mucho más alto del que imagina. Más misterio rodea a Ciarán Hinds (Belfast), Denise Gough (Andor) y Susan Wokoma (Enola Holmes), cuyos papeles se guardan bajo siete llaves… o al fondo de algún armario.
La ópera rock de Greta Gerwig

Que nadie espere la Narnia de hace veinte años. «Quería una ópera rock. Quería que fuera grande y que te transportara», confiesa la cineasta a Empire, y para explicar de dónde le viene la idea, tira de discoteca personal: «David Bowie me salvó la vida. Paul McCartney me salvó la vida. David Gilmour me salvó la vida. Pete Townshend me salvó la vida. Jimmy Page, Robert Plant…». Cuando escuchaba su música, recuerda, tenía «esta sensación profunda de que todo iba a salir bien», y de esa sensación nace su manera de leer el libro: «Narnia es, literalmente, un mundo hecho de música. Es un mundo al que Aslan da vida cantando, y el rock ‘n’ roll, para mí, era un mundo hecho de música».
Y si el rock le salvó la vida, Narnia se la cambió. «Era una niña cuando leí por primera vez El sobrino del mago y me enamoré del concepto, maravillosamente improbable pero absolutamente brillante, de un león cósmico que da vida a Narnia cantando», cuenta en Netflix Tudum. Aquella idea se le quedó dentro, aunque entonces no podía imaginar adónde la llevaría: «No sabía que de mayor haría películas, pero un universo construido a partir de la música es una idea que siempre vivió en mi corazón. Que me pidan imaginarlo y hacerlo realidad es el honor de mi vida. Gracias a Las crónicas de Narnia creí en la magia, en los mundos ocultos y en la aventura. Creí que cualquier lugar podía estar encantado y que cualquiera podía verse arrastrado a una epopeya».
¿Cuándo nos ponemos los anillos?

Narnia: El sobrino del mago se estrenará en los cines españoles el 12 de febrero de 2027, de la mano de Sony Pictures, y no llegará a Netflix hasta el 2 de abril, tras siete semanas en exclusiva en las salas. Ya sabéis: anillo amarillo para ir al cine y verde para volver a casa. Y, sobre todo, si os encontráis una campanita sobre un pedestal, ni se os ocurra tocarla, que luego pasa lo que pasa.
Tráiler
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