Isabel Valls: «El actor de doblaje tiene que tener matices que marquen la diferencia y lo hagan inimitable».
La referente del doblaje español repasa sus 27 años de carrera y analiza el estado actual de la profesión.

Isabel Valls es actriz y a sus 44 años cumple casi tres décadas poniendo voz a algunos de los personajes que han acompañado a varias de las generaciones de nuestro país. Entre las actrices más destacadas a las que Isabel dobla habitualmente están Kristen Stewart, Amanda Seyfried o Margot Robbie.
En esta extensa charla con mundoCine, Isabel se emociona hablando del amor por su profesión, su familia y el legado que ha recogido de las generaciones de actores y actrices de doblaje que han hecho de esta una profesión de prestigio internacional.
Aunque se autoproclame desmemoriada, Isabel es capaz de realizar un viaje en el tiempo a través de sus personajes, desde Amélie hasta Agnes, personaje que le ha valido a Jessie Buckley el Óscar por Hamnet.

Generosa, compañera, trabajadora y honesta son algunos de los adjetivos que sobrevuelan de las palabras que conforman esta entrevista. Equilibrio, es otra de ellas. El equilibrio para ser capaz de ser entusiasta con la vocación de aquellos que sueñan con ser actores y actrices de doblaje, pero, también, para balancear esto con la honestidad de la realidad de una profesión donde crece la preocupación por la irrupción de la Inteligencia Artificial.
Isabel Valls, es todo esto y mucho más. Os invitamos a descubrirlo caminando junto a ella en esta entrevista realizada por Jesús Casas, a partir de las preguntas preparadas junto a Victoria Velasco:
Jesús Casas: Hace tan solo unas semanas, Jessie Buckley, una de las actrices a la que has puesto voz en el año 2025 por su papel en Hamnet, ha cerrado una temporada de premios perfecta alzándose con el Óscar. Esto es algo que ya ha ocurrido antes, como es el caso de Emma Stone en 2017 con La La Land. ¿Qué sientes, a título personal y profesional, cuando actrices y personajes a los que tú has dado vida son reconocidos con este tipo de galardones?
Isabel Valls: Lo de Jessie Buckley ha sido increíble y ella también lo es, por lo que no me extraña nada que lo haya ganado todo. Es muy bonito y sí que te hace una ilusión muy especial. El gran trabajo que ha llevado a una actriz a conseguir un premio hace que yo pueda disfrutar más del mío y sentirme parte de ello.
A la vez, es un reto muy grande, porque las interpretaciones tanto de Buckley, como Stone o Jessica Chanstain, que logró el Óscar por Los ojos de Tammy Faye, son tan maravillosas que alcanzan muchos matices y tú misma tienes que estar a la altura de tanta verdad porque, si no, no resulta creíble para el espectador.
Este tipo de interpretaciones te hacen disfrutar muchísimo. Cuando doblas a otros intérpretes con los que no surge esa química tienes que buscar dentro de ti pequeñas cosas para enriquecer un poquito ese tanto que no te han dado, dentro de que nos tenemos que ceñir a lo que en la actuación está, por supuesto.
En cambio, cuando surge esa conexión con la actriz y, además, consigue un reconocimiento así, te emocionas de una forma muy especial, porque has estado trabajando y analizando la inmensa labor que ella ha hecho en la película.
J.C. En la línea de esa simbiosis entre tú y la actriz, Agnes es un personaje con una sensibilidad muy especial y alcanza registros emocionales muy elevados a lo largo de la película de Chloé Zhao. Como madre, ¿llegaste a generar un vínculo personal con el personaje donde la interpretación traspasaba la faceta estrictamente profesional?
I.V. Lo ha traspasado con creces porque soy alguien muy sensible y, escuchando tu pregunta, ya me estaba emocionando. Me ha pasado siempre que consigo alcanzar esta fusión con la actriz y el personaje, pero, desde que soy madre, he dado un paso más en este aspecto y, sobre todo, con esta película.
En Hamnet hay varias escenas de Agnes relacionadas con los partos y una, concretamente, con el niño, que son muy heavies a nivel emocional. Esta última me tocó de una forma que hasta a mí me sorprendió. Es un momento en el que Agnes hiperventila, su respiración se detiene y después retoma. En esta escena, sufrí un ataque de ansiedad debido al estado de mimetización con el personaje y la interpretación. El técnico que estaba en el estudio conmigo me dijo que podíamos parar, respirar y, una vez recuperada, continuar. Dije que no; quería hacerlo y sentir lo que ella estaba sintiendo.
Al ver su actuación y conectar completamente con Agnes, de la manera en que conecté, quise hacer toda la escena seguida, exactamente como ella. Mientras veíamos el resultado final, estábamos todos llorando. Me afectó de tal forma que, viendo la película en el cine, me volvió a pasar. Es la primera vez, en 27 años haciendo doblaje, que me ocurre algo así. Suelo ver las películas que doblo, me puedo emocionar con algunas de ellas, pero nunca había vuelto a esa sensación de ausencia de aire, a exactamente la misma situación que viví en el estudio.

J.C.: Precisamente hace unos días, Leonardo DiCaprio ha confesado que no suele ver sus películas porque le resulta incómodo verse en pantalla. Hoy en día, es fácil entrar a una sala de cine española y encontrarse con tu voz en cualquiera de los personajes que antes hemos nombrado. ¿Qué sensación te genera el hecho de escucharte a ti misma viendo una película?
I.V.: Al principio, era una sensación muy rara la de ir al cine y estar nerviosa escuchando y analizando tu propio trabajo mientras las personas sentadas alrededor están viendo la película sin saber que tú eres la voz que está sonando en pantalla. Es una sensación muy curiosa.
Ocurre algo similar cuando una persona escucha por primera vez su voz en una grabación y no acaba de reconocerse. Una vez pasas esta fase, te acostumbras y se vuelve lo más normal del mundo, sobre todo ahora con los audios de WhatsApp que casi todo el mundo utiliza.
A veces, cuando estoy por casa y escucho mi voz de fondo me acerco para ver qué era aquello que había doblado hace tiempo para identificarlo [sonríe contando esta anécdota].
Lo que no cambia es cierto miedo a que lo que escucho en pantalla no sea exactamente la misma sensación que tuve en el estudio cuando grabé. Pensaba que algo estaba muy bien y, quizá, no tanto. Y viceversa. Es ahí cuando le das vueltas a si tenía que haber hecho esto, lo otro o haber seguido cierta indicación.
J.C.: A lo largo de tu trayectoria, has crecido como actriz junto a los personajes femeninos a los que has interpretado. En 2025, por ejemplo, junto a protagonistas femeninas muy diferentes entre sí como Jessie Buckley (Hamnet), Rachel Brosnahan (Superman), Vanessa Kirby (Los 4 Fantásticos: Primeros pasos) o Margot Robbie (Cumbres borrascosas). Nos gustaría conocer tu reflexión sobre la evolución de los personajes femeninos en el cine desde la experiencia de tus tres décadas generando una simbiosis con todos ellos.
I.V.: Sí, percibo una evolución, porque creo que se está ampliando la visión de la mujer en el cine, no solo a nivel interpretativo, sino también en la producción y en la dirección, con cineastas que están haciendo un gran cine, como es el caso de Chloé Zhao.
Hamnet refleja esta mayor accesibilidad de la mujer en el cine, porque antes lo más lógico hubiera sido que la película pusiera el foco en la figura de él, William Shakespeare. En cambio, se muestra el papel que ha estado a la sombra todo este tiempo: el de su mujer. Mientras él estaba construyendo todo su éxito, había alguien detrás sosteniendo a la familia en su ausencia.
Rachel Brosnahan es otro muy buen ejemplo de la evolución del enfoque femenino en las películas. Su Lois Lane en el último Superman tiene otra participación en la trama respecto a lo que se había visto antes del personaje. Ella es parte activa y tiene la iniciativa en la aventura y en el rescate que recoge la película.
Son ejemplos de que cada vez hay más protagonistas femeninos en todo tipo de películas. Ya no es la hermana, la mujer, la hija… No es un complemento, tiene un peso e importancia en la trama, como puede ser el personaje de Vanessa Kirby en Los 4 Fantásticos: Primeros pasos.
Siempre ha habido películas donde la mujer ha tenido papeles importantes, pero el porcentaje era mucho menor que el que se da ahora. La gran evolución es que la mujer tiene mayor visibilidad en el cine actual. Ojalá esta evolución y progreso puedan seguir curso.

J.C.: Hablas de la mujer como referente en el cine actual y tú, además de referente, eres una voz autorizada para dirigirte a estas nuevas generaciones que, parece, se inclinan más hacia la versión original, y destacar las virtudes del doblaje, que ha sido trascendental para tantas y tantas generaciones de españoles.
I.V.: Pienso que debe primar la capacidad de elegir entre las dos opciones. Que el espectador tenga una u otra versión, para poder elegir ver una película en el cine, y que no sienta que nadie le está quitando ninguna.
Se debe tener, por supuesto, la opción de ver la actuación y el trabajo que el actor original ha hecho con su voz al construir un personaje. Sobre todo con el inglés, idioma predominante hoy en día, puede servir incluso como apoyo para aprenderlo.
No obstante, no solo hay películas en inglés. Hay películas en chino, italiano, búlgaro, japonés, ruso… en cualquier idioma. Dominar todos los idiomas para no tener que estar leyendo subtítulos sin perderte cosas importantes que están trabajadas visualmente en la película es muy complicado. Incluso aquellos que abogan por la versión original pueden aceptar ver una película doblada para no perder ninguno de estos aspectos.
Generalmente, cuando alguien lee a un clásico, como Shakespeare, lo hace en nuestro idioma, gracias a los magníficos traductores que hacen un gran trabajo para transmitir lo que quiere expresar el autor original. El lector elige esta opción para no perderse ningún matiz, registro o detalle de lo que está leyendo. ¿Por qué no puede pasar esto en el cine?
Entiendo que se reivindique cuando un doblaje está mal. En ese caso, yo también tengo problemas para ver un producto mal doblado. Nuestro trabajo se trata de acercarnos lo máximo posible al original, conservar todos los matices que ha dado el actor/actriz original para que el espectador lo perciba así y sea creíble. Un mal doblaje hace que la gente esté en contra, lógicamente.
J.C.: Como puede ocurrir con cualquiera de los otros aspectos que conforman una obra cinematográfica, por otro lado.
I.V.: Exacto. Lo que pasa es que el doblaje es un trabajo que, si está bien hecho, pasa desapercibido. El espectador se cree lo que está viendo, sin pararse a pensar que hay una persona que está haciendo el trabajo vocal para que todo funcione. Es algo integrado a la película, y un muy buen síntoma, por otro lado, de que se ha realizado un óptimo trabajo de doblaje.
Cuando se habla de él generalmente es porque hay un mal trabajo de doblaje que supone un obstáculo para el espectador en su relación con la película. Es entonces cuando se critica el doblaje, porque te choca y saca de la trama. Por esto es muy bonito cuando alguien valora que todo el trabajo que hay detrás de un doblaje está bien hecho.
En definitiva, defiendo que estén las dos versiones, y defiendo el buen doblaje, siempre. Les diría, para responder a tu pregunta, que entiendan y respeten todas las ramas del cine, y que el doblaje es una de ellas. Es una profesión que existe, que tiene una tradición muy grande, que es muy bonita, y hay muchas personas que le tenemos muchísimo cariño.
J.C.: ¿Sigues redescubriendo y aprendiendo cosas nuevas de ti después de tantos años en el oficio?
I.V.: Cada día. Ejemplo de ello es lo que ocurrió con Hamnet. Fue una experiencia completamente nueva. Cada actriz te ofrece cosas nuevas en su interpretación, y descubro ciertos gestos o registros que tengo que incorporar y aprender. Cada una tiene algo que hace su interpretación única e irrepetible.
Incluso interpretando a un mismo personaje, con actrices diferentes. Ya había puesto voz a Sue Storm en el año 2015, interpretada por Kate Mara, y era otra completamente diferente al de Vanessa Kirby. ¿Es el mismo personaje? Sí, pero son actrices que me daban registros diferentes y estaban dirigidas por directores diferentes.
Aprendo muchísimo de las intérpretes y también de mis compañeros y compañeras de profesión. Ahora ya no se suele trabajar de este modo y grabamos de manera distanciada, pero antes se hacía con el compañero al lado dando la réplica y el feedback era de muchísima ayuda.
También aprendo con las propias situaciones orgánicas que te encuentras en el día a día. En la película The Brutalist, tanto Luis Posada como yo teníamos una asesora de húngaro que nos ayudó mucho, porque los personajes, durante toda la película, tienen acento en este idioma. En la primera parte, aparecen unas cartas que se dejaron en versión original, porque el personaje de Felicity Jones no hace acto de presencia física hasta más adelante. Cuando ya está en pantalla y la escuchas con mi voz, hay otra carta que había que hacerla directamente en húngaro, no de manera doblada, con acento. Y esto supuso todo un reto para mí.
Este tipo de retos constantes me hacen aprender mucho, tanto de mí como de mi profesión.

J.C.: Hablas del aprendizaje con tus compañeros de profesión, pero, también, como profesora en la Escuela de Doblaje de Barcelona, tienes un contacto muy cercano con la generación que están empezando en el doblaje. ¿Qué rasgos e inquietudes percibes en las nuevas generaciones de actores y actrices de doblaje?
I.V.: Percibo cierto miedo porque el doblaje es una profesión en la que cada vez somos más y donde no es solo difícil entrar, es difícil, sobre todo, mantenerse. Se puede tener una oportunidad saliendo de una escuela porque los profesores perciban que hay una evolución en el actor/actriz, que hay una materia prima y una expectativa de que al profesional le puede ir bien.
Esta es una profesión en la que nunca dejas de aprender, en cada papel que interpretas, y ese aprendizaje continuo se consigue trabajando y practicando muchísimo. Es ahí donde surgen las dudas y el temor, lógico, de esta nueva generación, al ver que hay mucha gente trabajando y muchos también saliendo de las diferentes escuelas.
Durante un tiempo, aquellos que querían ser actores/actrices de doblaje tenían que tener mucha paciencia; las oportunidades surgían acudiendo directamente a los estudios de grabación. Estas personas eran oyentes durante meses, mientras lo compaginaban con sus trabajos. Pasaban horas en el estudio aprendiendo de los actores profesionales, pero realmente en esta profesión necesitas practicar. Eso costaba más porque las franjas eran muy pequeñas e improvisadas dentro del tiempo de grabación. Para el estudiante, esto era algo que generaba ansiedad: que la voz no saliese, la inseguridad de que, en quince minutos, tenías que demostrar lo que no habías tenido mucho tiempo de practicar. Era todo más difícil.
Ahora, hay muchas escuelas de doblaje y se están abriendo, aún, más. Personas muy válidas y preparadas están saliendo, claro, pero cada promoción suma a los profesionales que ya están trabajando. Seguramente, la consecuencia sea que el nuevo profesional pueda trabajar, pero no tener el volumen suficiente para poder dedicarse en exclusividad a ello. Muchos de nosotros, donde me incluyo, hemos compaginado este trabajo con la interpretación escénica, el canto, etc.
En este contexto, el temor se produce porque no sabes hasta qué punto estos profesionales preparados podrán vivir exclusivamente de esto o no. Desde el punto de vista de los formadores, tenemos que animarlos, decirles que no es imposible y que, si de verdad les gusta la profesión, vayan a por ello. Pero, también, tenemos la responsabilidad de ser honestos, sinceros y realistas con el mundo laboral y las oportunidades que se van a encontrar, porque el volumen de trabajo es el que es.
Aunque es complicado, animo muchísimo a que luchen por el sueño de ser actores de doblaje. Todos hemos empezado alguna vez y, con más o menos dificultades, siempre las ha habido.
J.C.: Entendemos que, tanto para las nuevas como las presentes generaciones, la irrupción bestial de la IA en el contexto artístico actual supone una incertidumbre y preocupación dentro de la profesión.
I.V.: Hay mucho miedo en torno a esto. Ya está pasando en ciertos productos de narración neutra que no requieren tanto de la actuación de un intérprete. Ese, sobre todo, está siendo el marco donde se está implementando todo el tema de Inteligencia Artificial, que está creciendo muy rápido, por otro lado. Demasiado.
También se ha probado en películas, pero, de momento y afortunadamente, no ha funcionado. Pero preocupa que pueda avanzar hasta el punto de funcionar y poner en peligro muchos puestos de trabajo.
Por eso, una de las directrices clave para alguien que empieza, y para los que ya estamos trabajando, es el de no poner el piloto automático. El actor de doblaje tiene que tener una verdad, matices y registros que marquen la diferencia y nos hagan inimitables. Podrán replicar el timbre y ciertos tonos en la voz, pero no llegará a hacerlo con los cambios de registro y, sobre todo, las emociones que somos capaces de transmitir. No sé si, algún día, una IA llegará a hacer sentir algo tan fuerte como lo hace, por ejemplo, la escena de Hamnet.
Estoy segura de que es una herramienta muy buena para conseguir ciertos avances en tecnología, análisis clínico, salud y otros muchos apartados donde sería inimaginable llegar sin esta herramienta. Pero cuando ves que puede quitar el trabajo a muchos profesionales, de muchos sectores, es cuando surge la preocupación.
En nuestro sector, ya se ha implementado la firma de una cláusula que protege nuestro trabajo de un tiempo en adelante, que dice que no se puede utilizar nuestra voz en este tramo. En cambio, todo el trabajo anterior a esta cláusula sí que está desprotegido, y ahí pueden hacer lo que quieran.
No estoy negando la existencia de algo con lo que tenemos que convivir porque no va a desaparecer, pero sí podemos luchar para que todo esté regulado en un marco legal que proteja los derechos autorales del profesional del doblaje en este caso. Y corre prisa hacerlo, pero hacerlo bien, porque es algo que ya está aquí. Tenemos a muchas personas haciendo un gran trabajo en el sindicato para proteger y defender los derechos de los actores de doblaje. Se está avanzando mucho en este sentido.
J.C. De las nuevas generaciones pasamos a las ya presentes. En el sector existen varias familias muy reconocidas, como los Jenner, Mediavilla o Trifol. ¿Por qué crees que el doblaje tiene ese vínculo familiar tan fuerte y cómo te inculcaron tus padres, Esperança y Paco, la vocación por tu profesión?
I.V.: En mi casa siempre se ha vivido de manera muy fuerte todo lo que tiene relación con lo artístico. Desde que tengo uso de razón, recuerdo a mi madre cantar coplas, boleros, zarzuelas… La música siempre ha estado muy presente.
Mi hermana y yo formábamos parte del grupo de teatro del cole, mientras que mis padres lo hacían de varios grupos de teatro a nivel adulto. Ha sido algo muy presente en nuestra familia, aunque hayamos tomado diferentes caminos dentro del mundillo. Mi hermana se decantó por el lado de la producción, por ejemplo.
Creo que, si tienes cierta sensibilidad e inquietud, es inevitable no absorber algo tan bonito como el arte de la interpretación. Como niño, de hecho, lo vives como algo mágico. Imagina ver todo lo que tiene que ver con el disfraz, con encarnar diferentes personajes, desde la visión de un niño pequeño. Tal y como se denomina en inglés la palabra actuar [to play], para mí no dejaba de ser un juego constante.
J.C.: Debe ser una sinergia muy bonita la que se crea entre la familia, el arte y la profesión.
I.V.: Creo que, o lo odias mucho y acabas aborreciendo o, como en mi caso, te quedas prendada y metes de lleno. Había hecho mucho teatro antes y en el doblaje, como tal, empecé a los 17 años, que es una época decisiva para el devenir de una persona entre las diferentes opciones que tiene ante sí para su futuro. Tenía un lío mental tremendo y fue mi madre la que me dio el empujón que necesitaba para tomar la iniciativa de probar en la profesión y saber si estaba preparada.
Desde el principio fue muy bien y me siento muy afortunada porque, como hablábamos, lo realmente difícil es mantenerse tantos años en el oficio. Lógicamente, mis inicios han sido algo más sencillos porque la puerta estaba entreabierta.
El doblaje ha sido algo mágico desde que era una niña. Poder decir que trabajas de algo que te hace disfrutar es un absoluto privilegio. Hay que ponerlo mucho en valor.
J.C.: Mencionabas antes que el buen trabajo de doblaje es aquel que pasa desapercibido. Quería hilar esto con una vindicación, que también hacemos nuestra. Maria Luisa Solá tuvo uno de los momentos más bonitos de los Goya 2024 cuando Sigourney Weaver la mencionó en su discurso de agradecimiento y ha estado presente en esta edición de los Goya 2025. ¿Cuál es tu punto de vista sobre la inclusión de la categoría de Actor/Actriz de doblaje en los premios de nuestro país como oportunidad de visibilidad y reconocimiento a tantísimos años de profesión?
I.V.: Sería algo muy bonito, aunque, siendo realista, lo veo muy difícil. El caso de Maria Luisa, sin duda, es un paso adelante para visibilizar nuestra profesión. Los Premios Nacionales del Doblaje y Premios Irene, que se están organizando y reconociendo nuestro trabajo, también son muy necesarios.
Creo que es difícil que ocurra porque siempre puede haber un actor que sienta que se está tapando su trabajo. Lo más importante sería que se valorara un doblaje que haya sabido transmitir lo mismo que el actor original hace en la película. Ojalá que ocurra, aunque soy más pesimista que gente de mi entorno, que lo ve más factible y confían en que llegará.
J.C.: Me gustaría apostar y creer en que sí se va dar este paso con la fuerza de los medios, crítica, aficionados…
I.V.: Me encantaría porque es una rama más dentro de la industria del cine. El reconocimiento orgánico de Sigourney Weaver a Maria Luisa Solá cuando recibió el Goya Internacional de 2024 fue un gran paso para la visibilidad de nuestra profesión. También para muchos actores, que veían a una gran estrella de cine reconociendo orgullosa el gran trabajo de la actriz que le pone voz en castellano. Fue algo fantástico y muy bonito. Es posible que pasos así hagan que lo que comentas se haga realidad algún día.

J.C.: Precisamente, uno de los feedback mediáticos más emocionantes de la Gala de los Goya de este año fue la presencia en el auditorio de Maria Luisa.
I.V.: Por razones obvias, me emocioné mucho con ese momento porque, además, Maria Luisa es una persona generosa, humilde, maravillosa y bonita en todos los sentidos.
Me dio pena, eso sí, que no organizara un encuentro entre Susan Sarandon [Premio Internacional de los Goya 2025] y ella, estando las dos presentes en la gala. Maria Luisa, además, no tenía una facilidad en tanto a la movilidad por una lesión que había sufrido por una caída. Creo que hubiera sido muy bonito que se produjera ese pequeño saludo entre ambas. Aparte, presentaba la gala Rigoberta Bandini, a la que conozco desde pequeña y para mí siempre será Paula Ribó, que empezó muy temprano en el doblaje y también tuvo ese gesto hacia Maria Luisa como su referente.
¡Sí! Es un paso. Vamos a confiar en que esto va acabar ocurriendo [el optimismo aflora en ella].
J.C.: A lo largo de tu impresionante carrera, como ya hemos apuntado, has dado voz a una cantidad ingente de personajes icónicos del cine. ¿Tienes alguna, o algunas, frases o personajes señalados que guardas con cariño en un lugar de tu interior?
I.V.: Sin duda, después de todo lo que hemos hablado, Agnes ya es una de ellas, pero me voy a ir a un personaje muy lejano al que siempre vuelvo: Amélie.
Es un personaje de cuento que me marcó muchísimo porque encontré algo mágico en ella que me hizo conectar desde el principio. Por tener un mundo interior tan bonito y, a la vez, tan diferente al resto. Por su capacidad innata de querer ayudar a los demás sin necesitar el reconocimiento o la visibilidad. Quizá, tenga cierto paralelismo con el doblaje en tanto a estar a la sombra, pero intentando hacer las cosas bien.
Es un personaje del que varias personas, a las que no conocía, me han dicho algo muy bonito y que es uno de los mayores regalos que me llevo de esta profesión y es que, a través de este personaje, he sido clave para la recuperación de una enfermedad, una depresión, un momento difícil en la vida de estas personas y que se han aferrado a esta película, al personaje y a sus diálogos.
Que alguien me diga que he sido parte de su proceso de sanación, porque he estado presente cuando atravesaba momentos difíciles, me pone la piel de gallina y me emociona mucho. Ha pasado con otros personajes, pero muchas veces con el de Amélie.
De ella también he aprendido a quedarme con las pequeñas cosas de la vida, esos momentos fugaces que te llenan, como ver rebotar las piedras sobre el agua de un río o adivinar las formas que proponen las nubes. Son momentos que te hacen reflexionar sobre cómo nos complicamos la vida, y lo bonito que es encontrar algo sencillo que te llene y te llame.

J.C.: ¿Hay algo mejor que una persona te diga que, gracias a tu trabajo, has hecho más fácil o mejor un momento difícil de su vida?
I.V.: Es la mayor recompensa y satisfacción que puede darme mi trabajo, desde luego. Hay otros muchos personajes, aunque soy algo Dory y no tengo muy buena memoria. Otro con el que conecté mucho, por ejemplo, es el de Penélope Cruz en Elegy (2008). Su personaje en esta película, que afronta una grave enfermedad, me enseñó mucho.
J.C.: «Un niño, dentro de cincuenta años, verá tu imagen parpadeando en una pantalla y le parecerá que eres su amigo, aunque exhalaras tu último aliento antes que él respirase primero. Te otorgaron un don…» Esta frase de Jean Smart, a la que presta voz en esta película Marta Angelat, pertenece a una película en la que has participado poniendo voz a Margot Robbie, Babylon. Habla del legado de los actores y actrices de cine, de la magia del cine y las historias que cuenta. Vuestras voces se vuelven inmortales, también aquellas que ya no están entre nosotros, como Rosa Guiñón, Javier Franquelo o Constantino Romero. ¿Cuál es el legado con el que Isabel Valls le gustaría ser recordada?
I.V.: Babylon es brutal, un absoluto torbellino a todos los niveles.
Me gustaría que quedase de mí el esfuerzo por dar verdad y poner el alma en cada uno de los trabajos que he hecho con el objetivo de transmitirlo al espectador.
Como es normal, hay días que cuesta conectar con tu trabajo, en este caso un personaje, y me siento fatal por el nivel de autoexigencia que tengo. Siento que falta algo. Creo que sería bonito que se me recuerde como alguien que se esforzaba mucho, mucho en poner verdad y aprender constantemente, porque nunca llegaremos a saberlo todo.
También, ser una buena compañera. Ser alguien que ha ayudado a los demás y no ha sido rival de nadie. Hay veces que se generan rivalidades que me hacen preguntar el por qué. Es algo que no te hace mejor, no te lleva a ninguna parte ni, tampoco, te deja evolucionar.
Somos humanos, claro. Hay papeles a los que te gustaría poner voz, pero es otra persona la elegida. Lejos de la rivalidad, me alegro enormemente por mis compañeras de profesión. Hay cosas con las que no puedes luchar y van a seguir pasando. Me parece feo, además, cuando ocurre lo contrario, lo que es antinatural, que es que alguien vaya a malas, a hacer daño a otro compañero.
El otro día se puso en contacto conmigo una compañera por un papel al que yo había puesto voz en su versión en catalán pero que, por una serie de razones, no había hecho en castellano. Esta persona, a la que quiero y admiro mucho, me escribió pidiendo casi permiso para hacer esta voz. Al final, si no es ella, será otra, y a mí me hacía mucha ilusión que fuese la elegida para el trabajo.
Recogiendo el legado de los que ya no están, has mencionado a Rosa Guiñón, que fue la voz de Julie Andrews en la versión de Mary Poppins de 1964. El regreso de Mary Poppins no es un remake, sino una secuela de la película original, pero verme trabajando sobre un personaje tan mágico y que ha significado tanto para mí fue algo muy especial. Era otra actriz, Emily Blunt, con su forma de hacer suyo el personaje, pero yo tenía siempre muy, muy presente los referentes de Julie Andrews y Rosa Guiñón para poner voz a esta adaptación del personaje que había sido, es, tan importante en mi vida.

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