Virginia Feito, autora y guionista de ‘Victorian Psycho’, estrenada en Cannes: «El sentido del humor me parece la manera más llamativa de manipular».
Hablamos con la escritora madrileña acerca de la traslación de su novela al cine, cuyo estreno tiene lugar hoy en el certamen francés.

El pasado 23 de abril, el Festival de Cannes anunció que Victorian Psycho formaba parte de la sección Un Certain Regard. Dirigida por Zachary Wigon, la película es la adaptación de la novela homónima de la autora madrileña Virginia Feito, quien ha vivido por medio mundo occidental, firma también el guion y celebra su estreno mundial en esta edición del certamen francés.
Esta escritora, una auténtica best seller española que escribe en inglés y vende sus libros por miles a un lado y otro del Atlántico, llamó pronto la atención de Hollywood, que adquirió asimismo los derechos de su primera novela, La señora March.
Virginia es extremadamente divertida. A la hora del té, y con puntualidad británica, atendió a mundoCine en una charla presidida por el humor y la psicopatía, porque, como ella misma dice, «oscuridad tenemos todos». Aunque en un determinado momento de la entrevista la autora afirma que no oye voces (o sí), lo que queda fuera de toda duda es su personalidad arrolladora, una energía contagiosa y una actitud natural frente a las cosas que suceden, para bien o para mal.
En el día del gran debut de Victorian Psycho, os invitamos a adentraros con Virginia Feito en los rincones de su oscuridad: una magnética, curiosa y revestida de humor.
![Crítica de ‘Teenage Sex and Death at Camp Miasma’ [Cannes2026]: Desbordante y sangrienta vindicación de libertad con una estelar Hannah Einbinder.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/02/adolescencia-sexo-muerte-campamento-miasma-pelicula.webp)
Jesús Casas: Lo primero que quiero hacer es darte la enhorabuena por la selección de Victorian Psycho en el Festival de Cannes dentro de la sección Un Certain Regard. Cuéntanos cómo recibiste la noticia de que la película, que adapta tu novela y en la que firmas el guion, es seleccionada en el mayor festival del mundo.
Virginia Feito: Por lo que sé, de una forma parecida a cómo lo hicieron los Javis, aunque a ellos su elección en Competición Oficial, lógicamente, se la comunicaron antes que a nosotros.
Es algo que había estado hablando con el director de la película [Zachary Wigon], pero no me quería emocionar demasiado. Todo el rato la gente te estaba metiendo pájaros en la cabeza: «parece que está gustando», «están votando muy positivamente por la película», «puede que ocurra…», etc.
Mi primera reacción fue que era algo absurdo y que, claro, era algo que no iba a pasar. En cambio, fueron pasando los días y el director y yo estábamos ansiosos, ¡por Dios!, porque nos dijeran algo, ya fuese positivo o negativo. Fue así, hasta el punto de decirle a Zachary que no me llamase más con este tema hasta saber algo concreto.
Y se lo tomó en serio [sonríe, sello de identidad que acompaña toda la entrevista, mientras suelta un apelativo cariñoso en forma de exabrupto hacia Zachary Wigon]. No me llamó durante un montón de días, hasta que me dio la noticia por teléfono mientras yo iba por la calle y comencé a chillar, claro.
Después llegué a la peluquería y me senté a leer tranquilamente la revista ¡Hola! como si por dentro de mi cuerpo no existiera todo este torrente de sentimientos y emociones.

J.C.: Contrasta con esta vitalidad y energía tan lumínica que desprendes, pero durante y después de la lectura de Victorian Psycho surgía siempre esta pregunta: ¿Qué es el mal para Virginia Feito?
V.F.: Creo que hay una definición distinta para cada persona. Para mí, el mal es cuando gana lo malo [sonríe y se reprende a sí misma con un «no te jode, claro», que da pie a reformular la respuesta].
El mal es cuando vence el miedo, al menos en mi caso. La protagonista de Victorian Psycho no siente miedo, por lo que, para ella, el mal se refleja cuando el daño se eleva por encima de la misericordia y la compasión. Cuando se pierden la piedad y la clemencia en un acto humano, ahí está el mal.
J.C.: Y, ¿crees que la oscuridad y el mal es inherente e innato a todo ser humano?
V. F.: Absolutamente, sí, en mayor o menor medida. De nuevo, cada uno tiene su propia oscuridad: miedo, orgullo, ira… Hay muchas formas en las que una persona puede reflejar su oscuridad respecto a algo determinado. Pero, respondiendo a tu pregunta: sí, todo el mundo tiene oscuridad, y hay una gestión en torno a ella.
J.C.: Ahora sí, hablemos primero de la novela, antes de su adaptación al texto cinematográfico. ¿De dónde surge la idea primigenia de Winifred Notty, protagonista de la novela, y el concepto de oscuridad que impregna toda la lectura?
V.F.: Fue su voz. Quiero decir, la voz de su personalidad, el tono que la define. Llevaba un tiempo pensando en la siguiente cosa que iba a escribir y tenía varias ideas en mente que me gustaban, pero que aún no estaban concretadas. Faltaba esa voz de la que te hablo, que puede ser una frase, una personalidad, un recurso, un tono… Algo del que tirar.
Una noche, creo que yendo al baño, me vino una frase que está en la novela y que me parece, incluso, ridícula: «Se le bamboleaban los pechos en el corsé». Con esta frase reconocí ese impulso en la novela. Me dije a mí misma: «Te tengo, ya sé quién eres.» Fue el hilo del que tirar y saber que era algo de época, pero a la vez moderno, en lo que iba a estar muy presente el humor, el sarcasmo y la mala leche. Le asigné un trabajo como institutriz y una condición como psicópata, entre otros de mis gustos.
Esto es algo que también ocurrió con mi anterior trabajo, La Señora March, pero la gran diferencia entre ambas es que en aquella la voz era de la novela y en Victorian Psycho la voz era la del personaje protagonista, Winifred Notty.
J.C.: Me interesa mucho este tipo de proceso creativo, llámalo mensaje divino [reímos]. ¿Es habitual que lleguen este tipo de frases aparentemente aleatorias que, sin embargo, te hacen sentir que hay algo de lo que tirar en ellas?
V.F.: Tengo muchísimas grandes primeras frases que, si fueran el argumento de una novela, me harían seguir leyendo, aunque no sepa de qué coño van, pero sí que es muy interesante.
«La primera vez que mis padres me dijeron que habían asesinado a mi hermano, tenía ocho años.» Cosas así generan un interés en mí sin saber exactamente por qué. Suele ocurrir, como has dicho, en el coche, yendo al baño o en la ducha, pero, sobre todo, leyendo. Leer es lo que más me inspira y ayuda a escribir.
J.C.: Hablando de qué te inspira a escribir, tu forma es muy cinematográfica, muy visual. Consigues, además, la inmersión plena del lector con guiños en los que el personaje narrador rompe la cuarta pared. ¿Cómo logras que el lector, testigo en primera persona de las andanzas de un personaje tan aparentemente negativo como Notty, acabe empatizando, entendiendo y sonriendo con el personaje?
V. F.: El tema de romper la cuarta pared para conectar al personaje directamente con el lector lo cogí de las novelas victorianas, por ejemplo, de Jane Eyre. Hay una frase muy conocida en la que Charlotte Brontë utiliza este recurso: «Lector, me casé con él». Mi intención era la de empujar un paso más allá esto, y usarlo de modo que el personaje nos estuviera manipulando continuamente y no fuese alguien de fiar.
La empatía se consigue gracias al humor. Se suele decir que los psicópatas tienen algo «encantador» y, para mí, no hay nada más encantador que el humor, así que lo convertí en algo muy importante en la novela. El sentido del humor me parece la manera más llamativa de manipular, y denota cierta inteligencia.
Egoístamente, me parecía importante como escritora para poder describir cosas que me costaría muchísimo escribir desde el asco, la pena o la rabia. Como lector, creo que eres consciente de que te estás riendo de algo que, hasta cierto punto, ya no te hace tanta gracia. Hay como una línea roja donde surge la pregunta: «No sé si aquí se ha pasado».
J.C.: Pero es muy interesante porque estas reflexiones el lector las hace junto al personaje. Ríes con Winifred, te hace sentir culpable, y, como bien dices, te manipula hasta el punto de hacerte dudar con cada decisión que describes. Son tres planos interesantísimos: Protagonista/Personajes – Protagonista/Protagonista – Protagonista/Lector.
V. F.: También, ahora que lo comentas, tres planos en pasado, presente y futuro, que es un guiño a Cuento de Navidad, de Charles Dickens. Los fantasmas de los tres tiempos están muy presentes en la novela.
Un lector automáticamente se fía de lo que le está contando el narrador de una novela, pero no tiene por qué, más aún cuando está escrita en primera persona y te está mintiendo. Hay un momento en el libro en el que la protagonista le dice directamente al lector: «¿Te lo has creído?», cuando, por supuesto, le había mentido.
Todo este juego me parecía muy interesante, pero tenía dudas de si estaba preparada para probar y jugar con todas estas cosas. Según mi madre, no [sonríe con ligera victoria interna].
J.C.: Las madres siempre llevan la razón, y esta es la excepción que confirma la regla. La mentira es un rasgo fundamental para entender al personaje protagonista de Victorian Psycho.
V. F.: Agradezco mucho que hayas leído todo esto que estamos comentando, porque sí que estaba jugando en muchos frentes a la vez. Es muy importante que sea mentirosa, clave para el juego de manipulación que se genera con el lector y los propios personajes dentro de la novela.

J.C.: Es inevitable preguntarte por el impulso que te lleva a adaptar tu novela al cine y, además, ser tú quien realice el guion de la película. ¿Cuál es el motor creativo que acaba cristalizando en la película que se estrena en el Festival de Cannes?
V. F.: Fue algo que ocurrió de manera muy orgánica. Los derechos de La Señora March ya se habían vendido, y estaba trabajando en esa adaptación. Esto abrió la puerta a la posibilidad de que, si había podido hacer un guion, podría seguir ese camino en el futuro.
Zachary Wigon, después de leer la primera novela, vino a buscarme para empezar a trabajar en otras cosas, y desarrollamos una relación laboral muy guay, ya que tenemos una conexión y una serie de referencias muy similares.
Cuando escribí el manuscrito de la segunda novela, se lo mandé de inmediato para poder tener una opinión creativa en la que confiara muchísimo. No era una presentación ni nada por el estilo, simplemente una visión. Zachary fue el que vio rápidamente en Victorian Psycho una potencial película. Habiendo trabajado ya juntos, no nos entraba en la cabeza ni que otra persona fuera su guionista ni que él no fuese el encargado de dirigirla.
Aún estoy aprendiendo el lenguaje del guion cinematográfico, pero es algo que no es ajeno para mí. En casa, tenía una madre relativamente estricta que no me dejaba ver películas para mayores de 18 años. Entonces, salvaba el obstáculo leyendo los guiones de las películas que tenía mi hermano, fanático del cine, en su habitación. Me escondía en su habitación para leer Pulp Fiction, Seven, American Beauty… En definitiva, todas las pelis que no me dejaban ver.
Eso sí, he tenido que hacer un curso intensivo, porque no es solo la estructura de la historia, hay mucho más en un guion cinematográfico.
J. C.: En este proceso de adaptación de un lenguaje a otro, ¿has tenido que sacrificar partes de la novela que te han dolido especialmente?
V. F.: He tenido que modificar varias cosas, tanto pequeñas como grandes. Decisiones prácticas que tienen que ver, sobre todo, con el presupuesto y con las agendas de todo el mundo en la producción una vez teníamos un cast importante confirmado para la película.
La novela transcurre como una cuenta atrás hasta el día de Navidad, y con todo el dolor de mi alma, la película no podía ser en Navidad y tenía que transcurrir en verano. No había dinero para reconstruir establos, así que tenía que modificar la parte de los establos. Ya está; no pierdes demasiado tiempo en pararte a pensar en ello y, desde el principio, agradezco mucho que esto saliera bien y, para nada, lo he visto como matar a un hijo.
De hecho, no los siento como el mismo niño. Es más bien parir a un hermano diferente, con su propia personalidad y con mucha gente alrededor construyéndolo contigo. Esto es muy divertido y también un alivio, porque al otro ya lo tuve y no quiero tener al mismo niño otra vez.
J.C.: Ahora tienes mellizos asesinos. Suena bien.
V.F.: ¡Sí! Sería una decepción que fuese otra vez el libro, que no tuviera alguna sorpresa que se pueda desvelar en la película. Además, creo que son lenguajes e idiomas diferentes.
Ocurre igual cuando trabajo con la traductora de mis novelas, que es maravillosa, pero hay cosas que es inevitable no variar, porque no son el mismo idioma.
Algunos escritores se quejan de que las adaptaciones al cine de sus novelas no son fieles al texto original. Sospecho que no entienden bien el lenguaje del cine, o no sé la razón, porque son dos lenguajes que deben ser diferentes entre sí.
J.C.: Y, ¿qué nos puedes contar respecto de los diferentes estados del guion hasta llegar al que veremos en la película?
V.F.: El primer estado fue que el director leyó el texto antes incluso de que editara la novela, por lo que, desde un estado muy temprano, él empezó a formular un plan. El primer paso fue conseguir a la actriz; me dijo que conocía a Margaret Qualley, con la que había trabajado, y que le iba a hacer llegar este guion porque la veía en este papel.
A raíz de ahí fue cuando conseguimos la financiación para levantar el guión y conseguir hacer la peli. Por problemas de calendario, finalmente Margaret lo dejó y fue cuando entró Maika.

J.C.: Pese a que tuviste este handicap con la estrella con la que, inicialmente, se había levantado el proyecto, la sensación es que todo ha ido muy rápido, señal de que todo ha ido muy bien. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que se consigue la financiación para la peli hasta su próximo estreno en la 79ª Edición del Festival de Cannes?
V.F.: Desde que pasamos el guion a Margaret y el día que empezamos el rodaje creo que pasan un año o, incluso, menos. En septiembre se terminó de grabar y en mayo estrenamos la película. Muy poco tiempo.
J.C.: Eso, en términos cinematográficos, es un milagro. Todo tuvo que ir bastante encauzado.
V. F.: Tienes toda la razón. Yo estaba acostumbrada a un proceso amargo y lento, que es lo normal, después de que hayan pasado ya seis años desde que vendí los derechos de La Señora March. En parte, creo que tiene que ver porque se ha hecho de modo inverso: se fue primero a por la actriz, siendo un hecho, y después se vendió el proyecto al estudio.
J.C.: La industria del cine norteamericana tiene cierto prejuicio, al menos desde el continente europeo, de ser invasiva en cuanto a las decisiones narrativas de una película. ¿Cómo ha sido tu experiencia junto al equipo, concretamente el director, en este aspecto?
V. F.: He delegado muchas de estas decisiones en el director de la película, que, obviamente, sabe mucho más de este caso que yo. Las hablábamos juntos, pero confío plenamente en su criterio. Estaba muy tranquila, porque todos los pasos que iban sucediendo él me los explicaba y comparaba entre las distintas opciones que teníamos, hasta que llegamos a un punto de acuerdo.
Honestamente, mi experiencia en este aspecto ha sido de «mimada». Pensaba, como tú, que iba a ser mucho más complejo, que estaba infringiendo una norma no escrita, que no me iban a dejar estar en el set o se iban a preguntar: «¿Esta tía quién es?».
Al contrario, me he sentido súper bienvenida; fui al set todos los días y la gente estaba muy contenta de verme, o al menos lo parecía. Sentí que todos formábamos un equipo en el que remábamos en la misma dirección. La gente más talentosa de diferentes puntos del mapa aportaba ideas que sumaban para cada escena, cada diálogo, cada personaje… Fue muy positiva mi relación con los americanos, aunque rodamos y trabajamos con una crew irlandesa.
Como en cualquier trabajo creativo y colaborativo, hubo momentos en los que tuvimos dudas sobre tomar una decisión u otra y, al final, se alcanza un punto en común y se hace la prueba para confirmar que funciona. Es algo muy distinto a cuando escribo. Soy menos amable, generosa o paciente. Si alguien decide tocar algo de la novela, me pongo nerviosa: «¡No toques!».
J.C.: Todos hemos hecho alguna vez el ejercicio de imaginar a los personajes del libro que estamos leyendo, poniendo la cara de los actores a los que nos evoquen. El lector que se acerque a la novela después de la película tendrá las referencias de Maika Monroe, Thomasin McKenzie, Jason Isaacs o Jacobi Jupe… ¿Cómo ha sido esa traslación física de los personajes respecto a la que tú tenías mientras escribías?
V.F.: Me flipa el cast de la película. Lo que hace Maika Monroe en esta película es increíble, muy muy sorprendente. No en calidad, por supuesto, porque ella ya ha demostrado sobradamente su talento interpretativo. Sorprendente en tanto a las decisiones y elecciones que toma para construir al personaje. Cómo pronuncia los diálogos y su expresividad facial, que es totalmente diferente a todo lo que ha hecho hasta ahora. Me fascina y me encanta la Winnie que ha creado. Todos, incluidos los niños, están a un nivel maravilloso.
Respecto a poner caras reconocibles a los personajes, cuando estoy escribiendo es algo que no suelo hacer. Suelo tener una imagen borrosa de algunos detalles muy concretos, como «los ojos negros de un jabalí», que es algo que está definido en la novela.
Winifred, además, es un personaje extraño, que no es prácticamente ni humano. Es otra cosa, algo así como un monstruo, de alguna manera. Quería que fuera un protagonista fungible a lo largo de la novela, que fuera mutando según la energía de cada escena, y creo que por eso no le asigné ninguna actriz en mi cabeza.
Tampoco tenía mucho sentido que el personaje se definiera físicamente, algo que no ocurre prácticamente en la novela, porque tan solo sería una opinión de un personaje, como hemos hablado antes, manipulador.
J.C.: Has mencionado a los niños de la película y no puedo dejar pasar la oportunidad de preguntarte por Jacobi Jupe, una de las sensaciones de la temporada cinematográfica 2025 por su papel como Hamnet en la película de Chloé Zhao.
V.F.: Es un niño tan inteligente que da un poco de miedo [la sonrisa se transforma en carcajada]. Es súper observador y siempre estaba preguntando el porqué su personaje hacía una cosa u otra. Es muy sabio y muy maduro para su edad.
Hace dos días, estaba en la gala de los Óscar, asintiendo y encajando bromas que hacían sobre él. Yo no soy madre y, en Hamnet, logró encender siete instintos maternales que no sabía ni que tenía; y ahora, en Victorian Psycho, su personaje es totalmente radical. Ya veréis, no es lo mismo, no.
El último día que estuve en el rodaje, me dio un abrazo que me mandó a los árboles a contener las lágrimas. Como persona, quieres abrazarle todo el rato. Va a ganar un Óscar de aquí a poco, no tengo dudas.
También está Evie Templeton, que participa en la serie Miércoles. Ambos son increíbles, dos actores muy profesionales, encantadores y alegres que no ponían ningún problema.

J.C.: Para ir poniendo punto y final a esta entrevista. ¿En qué momento se encuentra la oscuridad de Virginia Feito? ¿Sigue teniendo impulsos cinematográficos? ¿Su siguiente viaje, en cambio, será literario? Tus lectores y espectadores están deseando conocer tus siguientes pasos.
V.F.: Mi oscuridad, sí; por el lado personal, está totalmente medicada. En cuanto al lado creativo, tengo varias ideas para una posible tercera novela. Una que está muy desarrollada, pero que, cuanto más la cuento, menos me apetece escribirla, porque siento que ya la he contado demasiadas veces.
En cuanto al cine, sigo trabajando en la adaptación de La Señora March y algún otro proyecto con otros directores de cine. Aunque, dices una cosa ahora y, después, no acaba pasando.
Sí os puedo adelantar que todos mis próximos proyectos tienen en común la oscuridad. No todos tienen tanto humor como Victorian Psycho, pero, en general, espero que sean diferentes entre sí.
Una de las características más destacadas de Victorian Psycho es la capacidad de Virginia para abordar diferentes formas de asesinar. Por ello, antes de comenzar la entrevista, pedimos a la autora del libro y guionista de la película que se estrena en el Festival de Cannes que nos asesine en directo. Aquí su respuesta:
V.F.: Lo digo de manera muy linda: mereces que te maten. Detrás de ti estoy viendo que hay sillas portátiles, una cosa negra que me está llamando mucho la atención [como pésima víctima, le mostró el objeto: un alargador de corriente] y, también, unas pelotas de tenis, que pueden ser muy útiles para matar.
En primer lugar, te tiraría las pelotas de tenis a la cabeza para generar distracción en ti, aprovechando ese momento para coger el cable de ese objeto negro de detrás. Mientras estás despistado, situada a tu espalda, utilizaré el cable para enrollarlo en torno al cuello, mucho, y estrangularte con él, aunque, luego, ese es el típico objeto que la policía, cuando investigue, va a examinar con detenimiento.
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