Crítica de ‘Paper Tiger’ [Cannes2026]: Un depuradísimo viaje en el tiempo en la cinematografía del maestro James Gray.

Se cumplen dos décadas desde la última incursión cinematográfica de James Gray en un género en el que ha dado grandes alegrías como el relacionado con la mafia y la familia. En el año 2007, We Own the Night se convirtió en el cierre de una trilogía de elementos comunes entre sí junto a su debut en la dirección, Little Odessa (1994), y, la que más alto llega para quien escribe, The Yards (2000).
Desde entonces, el realizador neoyorquino ha hecho incursiones en distintos géneros entregando películas de altísimo nivel, cuyos mayores exponentes se encuentran en Z, la ciudad perdida (2016) y Ad Astra (2019), aquel introspectivo viaje interespacial protagonizado por Brad Pitt. Sin embargo, su último largometraje estrenado hasta el día de ayer había sido uno de los que más desapercibidos ha pasado de su carrera, ya que Armageddon Time, presente en el Festival de Cannes de 2022, recibió tibias opiniones entre la crítica especializada.
Con más suspense del que se preveía, finalmente, su nueva obra ocupó un lugar tardío en la Sección Oficial a Competición de la 79ª edición del Festival de Cannes, convirtiéndose en la gran producción norteamericana del certamen francés en cuanto a expectación mediática. No es para menos, considerando que todo lo que rodea al cineasta lo introduce en el debate por ser el mejor director yankee del siglo junto a Paul Thomas Anderson.
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Paper Tiger supone la vuelta de James Gray a ese mundo de la mafia que tan bien conoce y que tan buenos resultados le ha dado, propiciando además un reencuentro con Joaquín Baca-Asay, director de fotografía de We Own the Night y Two Lovers. Su vuelve a girar en torno a dos hermanos que se relacionan profesionalmente, en este caso, con el entorno de la mafia rusa en el Queens de mediados de los años ochenta.
Uno de ellos (Miles Teller) es un padre de familia modélico al que un trabajo honrado como ingeniero no le basta para saciar las aspiraciones de sus hijos ni para llevar al día con soltura la economía doméstica. En contraste, su hermano Gary (Adam Driver) se mueve como pez en el agua en el mundo de los negocios, tras haber pasado a mejor vida sus tiempos como policía, lo que le ha reportado los contactos suficientes para desenvolverse en la alegalidad, por no llamarlo de otra manera. Este le ofrecerá al primero un empleo como ingeniero en una empresa controlada por los rusos que le reportará el dinero necesario para disipar su frustración financiera en poco tiempo. Sin embargo, lo que parecía una tarea sencilla, termina contaminando a esta ejemplar familia americana, hasta el punto de ponerla al límite.

El primer punto a resaltar de Paper Tiger es lo fácilmente reconocible que es la mano del director para quienes conozcan su filmografía. Con una panorámica lateral profundamente elegante, Gray comienza la película sin más texto que el propio título. En tan solo unos segundos aparecen en pantalla varios elementos que serán clave a lo largo del relato, uno de ellos –para no desvelar de más– la subyugante mirada de las Torres Gemelas, con las que se traza un juego paralelo entre los propios hermanos y el símil con los dos hijos de uno de ellos.
La identificación con un lugar común también tiene que ver, cómo no, con el trabajo de Baca-Asay en la dirección de fotografía, que hace una labor enorme para que la cinta luzca tan clásica como lo hace, dotando a las imágenes de una paleta de tonos cálidos que contrastan con la oscuridad de la noche en la que se mueve el peligro que amenaza a esta familia. Este juego de luces y sombras de carácter expresionista alcanza su máximo esplendor en una escena protagonizada por Miles Teller, en la que todo este uso de iluminación conecta directamente con las constantes verticales que tensan y refuerzan la sensación de peligro.
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A estas alturas, a nadie, a día de hoy, va a sorprender la depuración formal de Gray, que alcanza cotas al alcance de muy pocos, en tanto al uso de las herramientas clásicas del lenguaje cinematográfico para elevar una propuesta por encima de la historia, sin necesidad de sacar la mano alardeando técnica y virguería.
La composición en diferentes niveles y segmentos en los que va encuadrando, principalmente, al trío protagonista, que forma Teller, su mujer y su hermano en la ficción, va progresando y distanciándolos a medida que el conflicto crece entre ellos. De este modo, las verticales se van haciendo más presentes en el plano, hasta el punto de ocupar el plano en intercepción con unos personajes ya encerrados en un problema del que no encuentran la manera de salir. Su resolución final –así como otros aspectos visuales y argumentales– retrotraerá al espectador al desenlace de We Own the Night.

En el apartado actoral, destaca el trabajo interpretativo de Miles Teller y Adam Driver como los personalmente opuestos hermanos Pearl. El primero encarna el papel del buen ciudadano americano y padre de familia que se siente en la obligación moral de proteger a los suyos tanto física como económicamente. El motor del conflicto de la cinta es, precisamente, su decisión de involucrarse en el negocio que le ofrece su hermano, lo que terminará costándole serios quebraderos de cabeza y algún golpe. Su sólida interpretación recuerda lejanamente, incluso en su estética exterior, al David Sumner que Dustin Hoffman construyó para Sam Peckinpah en Perros de paja (1971).
Driver, por su parte, entrega su papel más fino desde Historias de un matrimonio (2019) como un trasunto de intermediario de negocios alegales entre organizaciones mafiosas y los estamentos gubernamentales de Nueva York. Resultan interesantes los matices y registros que alcanza cuando su personaje se ve en la encrucijada de ayudar a su hermano del embrollo en el que él mismo lo ha metido. Por desgracia, su compañera de reparto en la citada película de Noah Baumbach, Scarlett Johansson, que aquí interpreta a la esposa de Teller, carga con el arco más forzado y conveniente de la trama, diseñado meramente para encajar una de las subtramas y, por tanto, queda algo desdibujada respecto de sus compañeros de reparto.

Paper Tiger es un refugio y una vuelta a casa para todos los que amamos el cine de James Gray. Las texturas, las temáticas, las interpretaciones y las decisiones formales logran evocar las grandes películas de este cineasta estadounidense que, quizá, sigue pecando de ciertas conveniencias en el guion que alejan al filme de la parte más alta de su propia filmografía.
NOTA: ★★★★☆
«PAPER TIGER» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE CANNES.
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