Crítica de ‘Julian’ [AMFF16]: «Notable debut de memoria y defensa del amor libre e igualitario».

La idea de contraer matrimonio en todos y cada uno de los países del mundo puede considerarse uno de los gestos más ambiciosos de amor que se puedan imaginar. Para Fleur Pierets y Julian P. Boom, representantes de tantas parejas formadas por personas del mismo sexo, también fue un acto de reivindicación de la libertad y activismo social para visibilizar la igualdad marital y la lucha por los derechos de las personas LGTBI en 2017, momento en el que el matrimonio homosexual estaba permitido legalmente en tan solo veintidós países del mundo.
«No celebraremos la fiesta de nuestra boda en un país donde no podemos casarnos». Esta frase, dicha por el personaje de Fleur en Julian, adaptación cinematográfica de la historia real de ambas mujeres a cargo de Cato Kusters en su debut en el largometraje, es el detonante de la trama, así como de 22 | The Project, el nombre que recibió el proyecto común en el que ambas se embarcaron a partir de su promesa de matrimonio, y en el que se puede hacer el seguimiento del matrimonio simbólico en cada uno de los países donde sí estaba permitido por la ley en 2017, contexto que respeta la película.

Un plano general del graderío de un teatro con Julian vestida de blanco en el centro de la imagen es el punto de partida de Kusters para la película homónima que produce Lukas Dhont (Close). El momento corresponde al encuentro casual entre el personaje que da nombre al film y Fleur, la que será su pareja y con la que contraerá matrimonio e iniciará un proyecto tanto profesional como personal a través del amor como canal de lucha por los derechos de otras personas en su misma situación sentimental y legal. El espectador será testigo de todos los preparativos y los obstáculos que se encuentran durante la gira en una travesía que se verá interrumpida por un hecho que ninguna de las dos puede controlar.

Partiendo del libro homónimo escrito por Pierets en 2023 y encargándose también de su adaptación al libreto cinematográfico, Kusters deconstruye la historia de Julian y Fleur para abordarla desde la fragmentación temporal y ofrecer una estructura narrativa que evoque el recuerdo y la memoria.
Si bien el punto de partida es, a su vez, el comienzo de la relación y el compromiso entre ambas, el viaje temporal está contado desde el punto de vista de Fleur en 2019 en Nueva York, mientras revisa las grabaciones, mostradas en cámara en mano por la directora, que ambas tomaron durante la preparación del proyecto como parte de una charla en torno a la visibilidad del matrimonio homosexual en la Gran Manzana.
Conecta bien con el espectador este recurso de montaje espacio-temporal que emplea la debutante directora en dos direcciones: en primer lugar, por la sensación constante de rellenar los huecos de la memoria a la que hacía referencia anteriormente; y, por otro lado, por lo intermitente y segmentado narrativamente y visualmente que está la historia de amor entre Fleur y Julian. Este certero uso del montaje ofrece algunas pistas de hacia dónde se dirige tanto la película como la relación sentimental entre ambas.
La separación y composición de una y otra en el plano durante los dos primeros actos de la película, a través de verticales o su posición física en el encuadre, marcan una distancia no insalvable entre ambas. De este modo, Julian se muestra como un personaje de luz, amor y vitalismo y, por contra, Fleur ve cómo su proyecto profesional acaba suponiendo un obstáculo para vivir su amor de manera plena, absorbiéndola física y emocionalmente hasta descuidar, de algún modo, la relación.
Esta distorsión no solo es visual, sino que también hay un gran trabajo sonoro por parte del equipo de Arnout Colaert que invade e incluso llega a ser molesto durante los dos primeros actos de la película. Acordes de instrumentos aún sin afinar o el ruido de la gran ciudad se suman a la intromisión que sufre el núcleo íntimo de la pareja, junto con los diferentes problemas burocráticos que encuentran a cada paso que dan en su proyecto de vida.

La fluidez con la que la historia de ambición y activismo pro derechos de las personas LGTBI va dando paso a una historia mucho más íntima entre dos personas que se aman haciendo frente al dolor y la tragedia es muy meritoria por parte de la directora y el equipo de Julian, pues se siente orgánica con la narrativa y logra que la emoción no se disipe entre los saltos temporales y espaciales por los que apuesta la película durante sus dos primeros actos. Como contrapartida, sí que se peca de cierto sentimentalismo y explicitud en el último acto con el objeto de alcanzar la emoción más cercana a la lágrima que al corazón, cuando la historia de ambas ya se hacía sentir con sus gestos y miradas.

Trabajo para destacar el de sus dos actrices principales. Nina Meurisse (Petite maman) es el vehículo narrador de la historia a través de Fleur, tanto desde el punto de vista diegético, en la preparación y revisión de todo el material que recuerda su relación con Julian, como desde el punto de vista extradiegético, en la función final de la voz en off que, quizá, subraya de más algo que ya se había asumido.
Por su parte, Laurence Roothooft (Gent West) ofrece un personaje inolvidable desde el amor más puro, la lucidez emocional y la aceptación del destino, mirando siempre a la persona a la que ama y aceptando la persona que es, aunque tenga que luchar contra el prejuicio social y administrativo para ello. La calidez de su mirada y sus caricias roban los momentos de mayor emoción de esta ópera prima.

Julian supone un notable debut en la dirección de Cato Kusters, quien sigue muy de cerca las características del cine sensible y reivindicativo de su productor, Lukas Dhont. Su apuesta por reivindicar el amor libre y la igualdad de derechos de toda persona que ama a otra, sin importar su condición sexual, racial o social, se adhiere cinematográficamente al recuerdo y la memoria de dos mujeres que iniciaron un proyecto tan necesario entonces como en un 2026 que vive bajo la amenaza de la discriminación y la intolerancia.
NOTA: ★★★½
«JULIAN» PUEDE VERSE EN EL ATLÀNTIDA FILM FEST EN LA VERSIÓN ONLINE EN FILMIN.
TRÁILER DE JULIAN:
PÓSTER DE JULIAN:

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