Crítica de ‘Moonfish’ [Venezia83]: Un emotivo y humano latido en el corazón del universo.

El único largometraje de animación presente en la selección de la 83.ª edición del Festival de Venecia es, también, el que posee más corazón. De manera literal y sensorial. Daniel Zvereff, animador y director norteamericano que hace con Moonfish su debut, fue diagnosticado con una afección cardíaca que hizo tambalear y reducir su esperanza de vida.
El del debutante cineasta sería un caso más de personas que un día llevan una vida repleta de quehaceres, planes e ilusiones y que, en cuestión de segundos, ven truncado su futuro por un diagnóstico médico desolador. Digo «sería» porque, dos semanas después, Zvereff supo que la primera evaluación de su arritmia era errónea y, por tanto, benigna.
No es del todo cierto que este hecho no cambiara su vida, pues el proyecto Moonfish es la materialización del estado psicológico y físico al que estuvo sometido en soledad durante las dos semanas en las que lo único a lo que podía aferrarse era al presente, al abismo de quien ve interrumpida su vida de la noche a la mañana y a la gestión consciente de la muerte próxima a una edad temprana.
Producido por la española Mireia Vilanova, ganadora de Sundance por Living With a Visionary, y con la participación, entre otros, de Lucy Liu (Kill Bill) y Morgan Spector (Homeland) en la producción ejecutiva, Moonfish tiene el honor de ser el primer largometraje de animación apoyado por Biennale College de Venecia en sus catorce años de historia.

La película, claro, es mucho más y trata un tema profundamente intimista desde el lugar más vasto que se pueda imaginar: el espacio. En un futuro distópico situado seis siglos después de nuestro tiempo, dos astronautas cruzan las estrellas en una pequeña nave con destino a un asteroide aislado para cumplir una misión de extracción minera cuyo final está marcado por la consecución de la cuota empresarial establecida.
Sin embargo, un fallo en el sistema de aterrizaje hace que la nave se despeñe contra la inerte roca, causando la muerte de la mujer y dejando al viajero espacial frente a un año de profunda introspección en el que su percepción del espacio-tiempo se verá afectada por el duelo, la radiación que ataca su sistema vital y una soledad que se verá paliada por la compañía de un pequeño pez luna, evocador del título homónimo de la película y que adquiere la categoría de amuleto en el contexto espacial de esta película.

El primer impacto visual que recibe el espectador en Moonfish es el de la animación artesanal de trazos limpios y corte minimalista, que se adhiere a un trabajado claroscuro en blanco y negro, con el que se contrastan continuamente el vasto negro del abisal espacio y los blancos y grises de la orografía asteroidal, la propia nave y el límpido traje espacial. Todo ello está incorporado con gusto, sentido narrativo y expresivo, lo que lo eleva por encima de una decisión propiamente estética. A esto hay que sumarle la elección de encuadrar esta historia humana y existencial en el formato 4:3, lo que refuerza la sensación de opresión psicológica a la que se ve sometido el astronauta protagonista, subyugado por la inmensidad del vacío.

Ya en la pantalla en negro previa a las primeras imágenes de la cinta, aparece un aspecto formal trabajado de manera interesantísima en Moonfish: el sonido. Y es que dota de coherencia y sentido a una obra cuya génesis se sitúa en una arritmia, por lo que tiene sentido que el ritmo cardíaco tenga una presencia esencial a lo largo del metraje. Los latidos no solo interpelan al personaje, sino también a su relación con su compañera fallecida, que a su vez conecta con el núcleo de un asteroide al que el guion insufla impulsos cardiopulmonares hasta dotarlo de vida en una de las escenas más emotivas y visualmente construidas de Moonfish, donde las líneas claras del trazo se difuminan para generar una sensación de atmósfera gaseosa que envuelve a la roca.
Este momento, sumado a la potente banda sonora a cargo de Sami Jano (Blue Sun Palace), supone un clímax dramático, ya que hasta entonces las líneas entre el plano imaginado y el real están mucho más marcadas, establecidas por hechos como que el protagonista deja de inocularse el remedio contra la radiación, dejándose caer enfermo y a merced de su suerte. Es en este punto cuando las pesadillas y su estado físico merman hasta converger en su mente, y comienza a entablar una conversación filosófica, existencial y emocionalmente nostálgica con el pequeño pez luna, cuya voz pone la propia productora y actriz Lucy Liu.
Consecuencia de este tramo central es el giro que el astronauta toma en oposición al determinismo y la deshumanización del universo en el que convive, uno liderado por grandes empresas que utilizan al ser humano como mano de obra barata y prescindible en empeños profesionales de elevado riesgo, mientras reservan a las valiosas máquinas trabajos mucho más seguros.

A la vez que Moonfish evoluciona y recupera su rítmico latir, también lo hace su personaje protagonista, que en el primer acto se presenta como alguien sumiso, aséptico y presentista, y que recobra la ilusión y el anhelo por materializar los sueños terrestres que evocaba su compañera antes del accidente.
Sin entrar en el terreno del spoiler, Zvereff y su equipo se guardan un detalle formal relacionado con el aspecto visual y el color para el último acto de la película, que, de nuevo, está enfocado con acierto y a favor del arco emocional y físico que construye su personaje. Uno que, sin embargo, nunca estará completo a causa de la pérdida por la que ha tenido que transitar.

Moonfish grita a través de la animación para reivindicar al ser humano, su papel principal frente a la deshumanización tecnológica y sus pulsiones emocionales. Pulsiones positivas y negativas, como la pérdida y el duelo asociado, que, no obstante, también sirven como catalizador del cambio que uno necesita. Una película cuyo ritmo interno acabará sincronizándose con el de unos espectadores a los que invita a la reflexión a través de la emoción.
NOTA: ★★★★☆
«MOONFISH» SE HA PROYECTADO EN EL FESTIVAL DE VENECIA 2026.
TRÁILER DE MOONFISH:
PÓSTER DE MOONFISH:

¡SÍGUENOS!
- Crítica de ‘Moonfish’ [Venezia83]: Un emotivo y humano latido en el corazón del universo. - septiembre 6, 2026
- ‘Moonfish’, producida por la española Mireia Vilanova, hace historia en el Festival de Venecia como la primera película animada de la sección Biennale College Cinema. - septiembre 6, 2026
- Rodrigo Sorogoyen, director de ‘El ser querido’: «Es una película exigente con el espectador». - agosto 28, 2026
