Crítica de ‘Blue Film’ [AMFF16]: Lo que la verdad esconde.

La tecnología y las plataformas digitales han cambiado la forma en la que los seres humanos interactúan entre sí y con el propio mundo que les rodea. De forma inherente, el proceso para establecer relaciones sentimentales y sexuales se ha visto gradualmente alterado por la proliferación de, en primer término, redes sociales especializadas en conectar personas a través de una primera atracción física y, en segundo lugar, por el auge de plataformas de contenido sexual directo mediante webcam, donde los espectadores participan con la persona que lo retransmite, una tendencia que se ha intensificado a raíz de la pandemia de la COVID-19. Las propinas y el pago por contenido exclusivo son prácticas habituales de este tipo de plataformas, que esconden toda una economía sumergida y una conversación ética y moral que sirve de punto de partida al cineasta Elliot Tuttle para su controvertida película Blue Film.
Per se, el propio concepto de «blue film» es un término inglés utilizado tradicionalmente para las películas pornográficas clandestinas, de bajo presupuesto o censuradas durante el siglo XX. Este concepto se adhiere bien a la película, ya que otra de las señas de identidad de los servicios de contenido sexual a través de plataformas de stream tiene que ver con el anonimato y el ocultismo de sus usuarios, lo que sitúa en una posición de vulnerabilidad al creador de contenido frente a la impunidad de quien se esconde tras un falso nickname.

De este modo se presenta la cinta, con una escena en formato móvil en la que un joven tatuado profiere un vocabulario soez y altamente sexual para provocar a unos usuarios que llenan de comentarios y reacciones el chat. El streamer Aaron Eagle se muestra poderoso frente a sus videoespectadores y no tarda en pedir dinero para ofrecer una mayor explicitud de manera más íntima.
Es entonces cuando el screenlife da paso al escenario único donde se desarrollará el filme: una casa californiana alquilada por un fetichista anónimo que ha contratado los servicios presenciales de Aaron. Tras unos primeros coqueteos desde el anonimato de su pasamontañas, el hombre se desenmascara como Hank, antiguo profesor de Aaron en el colegio que fue condenado por intento de abuso sexual contra uno de los menores, dando pie a una obra de cámara en la que afloran la mentira, la perversión y las inseguridades entre ambos hombres.

Por encima de la controversia e incomodidad que genera la relación entre ambos personajes, cabe señalar el trabajo de ambientación estética con el que Tuttle y su equipo dotan a un espacio convencional para convertirlo en uno psicológico. El radical velo azul que aparece en varios momentos de la película cumple una función visual que evoca una geografía emocional intrincada y aquello que, a través del sexo, esconde la identidad de cada uno de los dos personajes, pero también conecta con la memoria y la tristeza, características inherentes a este color en el que Elliot Tuttle apoya visualmente el guion que él mismo ha escrito.

La incomodidad sexual se genera más allá de la explicitud del propio acto, a través del uso del sonido y de la interpretación de sus dos únicos protagonistas. Es en la evolución de la incómoda conversación entre ambos donde reside el desafío ético que Blue Film propone al espectador. En primer lugar, por la definición que hace de sí mismo el profesor de setenta años, interpretado por Reed Birney (Silo), que no elude en ningún momento su pulsión sexual y sentimental hacia menores de edad, y reflexiona sobre cómo eso atormenta su vida, a la vez que intenta encajarlo de manera dogmática e incluso mística en un determinado momento. Resulta interesante, en cambio, que Tuttle no demonice al profesor ni tampoco victimice a Aaron, algo que habría situado la película en un terreno más convencional y, por tanto, menos interesante, alejándola de la reflexión sobre por qué alguien es como es y de qué manera canaliza eso.
Kieron Moore (Reclutas) apoya esta síntesis a través de su interpretación de Aaron, dando réplica a la perturbadora condición sexual de Hank, su profesor, más aún cuando este le confiesa que lleva enamorado de él desde el colegio. La dirección de actores se aleja de reacciones hiperbólicas de sus personajes y sustenta esta obra de cámara en el descubrimiento guiado del uno y del otro. A la vez que Aaron descubre y desgrana los argumentos de su antiguo tutor, él mismo desvela progresivamente las miserias que esconde bajo la aparente autoestima y seguridad que muestra bajo el pseudónimo de Aaron Eagle como camboy. Moore logra desmenuzar las diferentes capas de un personaje inicialmente unidireccional para acabar desnudándose física y emocionalmente y poner sobre la mesa todos los traumas e inseguridades que le han llevado a esconder quién es en realidad.

Blue Film se apoya en el escándalo de su premisa para sumergirse en las profundidades más oscuras del ser humano y generar una reflexión en torno a ello. El sexo se presenta como pulsión catártica de estos dos hombres entre las paredes de una casa construida sobre la perversión, la inseguridad, el dolor de ser uno mismo y la vergüenza, temas que tienen fuerza por sí mismos para poner al espectador en una situación de provocación e incomodidad a través del texto y las imágenes, sin necesidad de recurrir al abuso de insertos caseros de un niño para herir más la sensibilidad del espectador.

Detrás de la polémica y el escándalo que genera la censura de películas en diferentes círculos cinematográficos, como parece haber sufrido Blue Film, se esconde la valoración fílmica de una propuesta interesante que utiliza la incomodidad de su propuesta para ahondar en la psique humana, una concretamente oscura, cuyo valor reside en no demonizar de manera explícita, sino en catalizarla a través de la reflexión y el dolor.
NOTA: ★★★½
«BLUE FILM» PUEDE VERSE EN EL ATLÀNTIDA FILM FEST EN LA VERSIÓN ONLINE EN FILMIN.
TRÁILER DE BLUE FILM:
PÓSTER DE BLUE FILM:

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