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Crítica de ‘Backrooms’: El horror que vino de YouTube.

Actriz Renate Reinsve con expresión de confusión y miedo en una habitación de paredes amarillas con una línea azul en 'Backrooms'.
© Elastica Films

Kane Parsons. Guardad bien ese nombre en vuestras cabezas, porque tiene toda la pinta de que aspira a convertirse en el nuevo niño bonito –con apenas 20 años– de Hollywood, al menos en lo que respecta al cine de género. O eso parecen indicar los excelentes números que está cosechando en la taquilla estadounidense con Backrooms, la adaptación de la inquietante serie de cortometrajes que desarrolló en YouTube y que se estrena hoy en las salas de nuestro país.

Es interesante contextualizar la producción señalando que, desde hace unos años, han aparecido directores jóvenes que no se ciñen exclusivamente al lenguaje tradicional de la industria del cine, sino que provienen de otros espacios artísticos y audiovisuales, como es el caso de los youtubers Parsons o Curry Barker (Obsession), cuya formación artística ha estado influenciada por corrientes diferentes y más diversas de las que dominaron el imaginario colectivo de los cineastas del siglo pasado. En esta misma línea podemos incluir también a cineastas como Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow y el reciente fenómeno de Cannes Teenage Sex and Death at Camp Miasma), Rob Savage (Host y Dashcam) o Michael Shanks (Together).

Curiosamente –o quizá no tanto–, este grupo de autores se ha acercado al cine fantástico y de terror para encontrar esa libertad creativa que tradicionalmente ha acompañado al género. Sin duda, lo estimulante de este movimiento no es solo que se perpetúe dicha tradición como nicho para acoger las ideas más disruptivas, sino que, además de marcar pautas que se han seguido y se siguen en este tipo de historias, han conseguido conectar con el público de una manera asombrosa.

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El de desembarco comercial de Backrooms ha alcanzado cifras propias de un blockbuster: de hecho, ya ha superado a Marty Supreme como el estreno más taquillero de la historia de la productora A24, un hito financiero al que no estábamos tan acostumbrados en la era pospandemia. Centrándonos en lo que ofrece la cinta y descendiendo hasta la esencia de su historia, lo que el espectador que acuda este fin de semana a las salas va a encontrarse en Backrooms es una reflexión sobre la salud mental, la gestión de la ira y la evasión de la culpa en las relaciones; convirtiéndose en un descenso literal a los infiernos de las herramientas psicológicas que la psique humana construye para defenderse de aquello que es incapaz de asumir o procesar sin verter toxicidad contra quienes nos rodean.

Un hombre camina de espaldas por un pasillo infinito de paredes amarillas hacia una silueta misteriosa en la película Backrooms.
© Elastica Films

A nivel de lenguaje cinematográfico, lo primero que descubriremos es que el realizador no busca el virtuosismo ni las virguerías técnicas con la cámara. Así lo delatan esas conversaciones entre Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud) en el rol de paciente y Renate Reinsve (Valor sentimental) como su terapeuta, resueltas con un clásico plano-contraplano, aunque en alguna ocasión se aprecie un interesante juego con la escala de planos en relación con el momento en que ambos se encuentran.

Y es que Parsons no proviene de la tradición de directores como Orson Welles, Martin Scorsese o Steven Spielberg, sino que sus referentes se hallan en el universo del creepypasta, con un modelo de «villano» que sentará escuela, los efectos especiales digitales y los videojuegos (de hecho, el arranque de la película recordará a más de uno a la franquicia Resident Evil).

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A pesar de lo anterior, debemos ser justos con los valores del cineasta y poner énfasis en lo bien que plantea la composición de planos, con algunas propuestas interesantes, especialmente todo lo relacionado con el paso de Renate Reinsve por los backrooms, así como la forma de narrar al espectador momentos en la vida de los personajes que les definen psicológicamente y sus actos en la historia, sin necesidad de verbalizarlos con líneas de diálogo.

También es un acierto la fotografía escogida y la posición de la cámara a la hora de recoger los movimientos de los personajes, dos elementos técnicos que recuerdan enormemente a la Longlegs de Osgood Perkins, lo que no es de extrañar, ya que el hijo de Anthony Perkins es uno de los productores ejecutivos de la película, junto con James Wan.

Pasillo infinito con alfombra beige y paredes amarillas, con una pila caótica de sillas de madera en el centro en 'Backrooms'.
© Elastica Films

Lo cierto es que Backrooms evoca, en cierto modo, ese terror cósmico centrado en lo inquietante de los espacios domésticos vacíos. Se trata de entornos que, desde la infancia, nos han enseñado a concebir como refugios seguros, llenos de escenas familiares felices, y que aquí se contraponen a un vacío cuasi existencial. Es una atmósfera que ya experimentamos hace relativamente pocos años en títulos tan radicales como Skinamarink o, en un registro totalmente diferente, en la serie de Apple TV Severance, que hace un uso icónico de los entornos neutros en blancos higiénicos para aludir a un horror más terrenal sobre las relaciones en el espacio de trabajo.

Es verdad que, en este sentido, Backrooms es una cinta mucho más narrativa y menos radical que las dos anteriores. Aunque, qué duda cabe, el gran referente de este tipo de propuestas sobre espacios telúricos –intermedios entre nuestra realidad y otros planos– sigue siendo el universo de David Lynch (especialmente con Inland Empire y la serie Twin Peaks), por lo que tampoco podemos perder la perspectiva y presentar la película como una rompedora propuesta, tal y como se ha proclamado en ciertos foros.

Primer plano del actor Chiwetel Ejiofor con expresión de alerta y sospecha en un entorno de oficina vacío en 'Backrooms'.
© Elastica Films

Sin duda, Backrooms ya es uno de los fenómenos cinéfilos del año que hay que vivir en una sala de cine. Además, nos deja algunas preguntas: ¿serán estos directores y directoras capaces de mantener su independencia creativa ante la irrupción de monstruos como A24, gracias a los cuales estos cineastas dan el salto desde plataformas como YouTube al cine mainstream? Solo el tiempo lo dirá.

NOTA: ★★★★☆

«BACKROOMS», ESTRENO HOY EN CINES.


TRÁILER DE BACKROOMS:

PÓSTER DE BACKROOMS:

Póster de la película Backrooms de A24, que muestra el rostro parcial de una mujer angustiada contra una pared verde y la fecha de estreno 5.6.26.
© Elastica Films

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Pablo García-Girón

Pablo García-Girón

Es licenciado en Derecho, lo cual no le impidió dedicarse en cuerpo y alma a su verdadera pasión: ver películas. Se mueve entre el cine de género y las tendencias que surgen entre los márgenes del academicismo. Ford, Hitchcock, Simón, Azúa, Sorogoyen, Scorsese, Truffaut y un sinfín de nombres. También le podéis encontrar hablando de cómics en la Biblioteca Lope de Vega de Tres Cantos.