Crítica de ‘Las disculpas de Vicentina’ [74SSIFF]: Anodina mirada a la culpa y al perdón.

Las disculpas de Vicentina, la nueva película de Gabriel Martins (Mars One), que se presenta en la Sección Oficial de la 74.ª edición del Festival de San Sebastián, arranca presentando a un grupo de personas que no tienen nada en común, salvo que viajan en el mismo autobús. Será la última vez que los veamos, pues el autobús se precipita repentinamente por el borde de un puente y mueren casi todos.
La película adopta enseguida el punto de vista de Vicentina, la madre del conductor. La devastadora noticia la sume en un estado de tristeza perpetua, que no hace más que acrecentarse con el bombardeo de información de los medios de comunicación, que especulan sobre la salud mental de su hijo, sugiriendo que se suicidó llevándose por delante la vida de sus pasajeros. El punto de giro llega cuando Vicentina, asumiendo su responsabilidad como madre, decide contactar con los familiares de las víctimas para pedirles perdón por los actos de su hijo.

Ese camino de expiación estructura la película en una serie de conversaciones. En todas ellas, Vicentina busca una versión ideal de quien fue su hijo, pero en algunas lo que encuentra la sorprende. Las mejores secuencias suceden cuando se convierte en oyente de la historia de otro personaje, como la que transcurre en los bancos de una iglesia. Estas conversaciones muestran, además, distintas formas de acercarse al perdón: algunos familiares se muestran comprensivos y aceptan sus disculpas; otros, más egoístas, se aprovechan de su culpa para pedirle una compensación económica; y uno en concreto, padre de una de las víctimas, llega incluso a reaccionar con furia hacia ella y su hijo.
Y ya está. El guion de Martins es uno sin apenas pretensiones, que no emplea recursos de ningún tipo ni se atreve a adentrarse en lugares incómodos. El universo de posibilidades temáticas que se abre en cada una de las conversaciones resulta ser un microcosmos, ya que Martins plantea temas pero nunca llega a desarrollarlos propiamente. Ni siquiera esa suerte de crítica al sensacionalismo de los medios de comunicación (que incluye a presentadores de televisión reales) ante esta clase de tragedias encuentra una forma de abrirse paso en la película.
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En una edición del festival en la que el tema más recurrente ha sido la bondad y el cuidado de las personas necesitadas, Las disculpas de Vicentina dialoga con propuestas como Tender Loving Care. Ambas anteponen a todo lo demás el amor y el cariño que sus directores sienten por sus personajes, por imperfectos que puedan ser. Pero donde el británico Mike Leigh sobresale por su maravillosa sencillez y por su gusto por el humor como vía de escape del melodrama, Martins se rinde a un melodrama denso en el que no escatima lágrimas. Por suerte, la protagonista, Rejane Faria, consigue aportar verdad a cada una de ellas.

Aunque la película narra el lento camino de sanación de su protagonista, ese camino se hace innecesaria e injustificadamente largo. Son dos horas y media sin un dispositivo narrativo que sostenga una estructura tan repetitiva, ni una puesta en escena que vaya más allá del plano situacional (donde la presencia de Vicentina da entereza visual a las imágenes) y el plano-contraplano. La dirección de Martins no es mala ni torpe, pero sí intrascendente y muy poco memorable en lo visual.
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A ello se suman varias decisiones cuestionables: la pobre secuencia del accidente, resuelta en un plano que parece sacado de un corto de los Looney Tunes; el concierto de heavy metal en el que toca el amigo con enanismo del hijo fallecido, rodado con un alambicado plano en movimiento completamente fuera de tono y de estilo; o la burda manera de usar la muleta de Vicentina como una alegoría forzada y sonrojante de su estado emocional.

Únicamente encontramos grandes decisiones en el aspecto sonoro, que recurre a un silencio muy expresivo y a una banda sonora que nunca se hace excesiva ni invasiva. De hecho, una de las escenas más emotivas es la que involucra a un niño cantándole una canción a Vicentina: un momento que abraza la cotidianidad y lo bellamente humano por medio de una sencillísima dirección y sin recurrir a lo explícitamente melodramático.
NOTA: ★★½
«LAS DISCULPAS DE VICENTINA» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Y SE ESTRENA PRÓXIMAMENTE EN NETFLIX.
PÓSTER DE LAS DISCULPAS DE VICENTINA:

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