Crítica de ‘Su propio infierno’ (‘Her Private Hell’): El paroxístico ascenso formal al Valhalla cinematográfico de Nicolas Winding Refn.

A las puertas de la celebración del centenario de Metrópolis (1927), la piedra angular del cine de ciencia ficción dirigida por el maestro Fritz Lang, uno sigue fascinándose cuando ve una película de 2026 que mantiene como referencia estética, que no espiritual, aquella urbe futurista que cambió la historia del cine, aunque sea a través del filtro de otra obra de culto para muchas generaciones; véase Blade Runner (1982). Con esta última sí que conecta más en tonalidad y apartado visual la última película del cineasta danés Nicolas Winding Refn, uno de esos autores independientes que, a través de la depuración formal y estilística durante la evolución de su filmografía, es considerado –según para quién, de forma peyorativa– un esteta.
Y es que, desde sus inicios, sobre todo a partir de Drive (2011), su película más icónica para el gran público –entre otros motivos, por tener a Ryan Gosling encabezando el proyecto–, ha ido depurando las capas del cine clásico y el estereotipo para construir un cine de pura evocación sensorial en el que los personajes son una parte más de la gran maqueta artística nacida de la particular mente de Nicolas Winding Refn. The Neon Demon (2016) es el canto de sirena que rompe con la cierta funcionalidad comercial del danés hasta la fecha y se adentra en una propuesta de género estilizado que dinamitó la ciudad de Los Ángeles en el centro de su vanidad.

Del mismo modo que se le critican muchas cosas a la plataforma de streaming de mayor impacto mundial con la N por delante, apostó por el proyecto más estéticamente radical de Nicolas Winding Refn en formato televisivo en el año 2023, Cowboy de Copenhague, fecha clave para entender esta Su propio infierno (Her Private Hell) que tuvo su premier mundial en el Festival de Cannes. En el marco festivalero por excelencia, Refn contó que la inspiración para esta nueva película le vino tras sufrir un paro cardíaco que le mantuvo clínicamente muerto durante más de veinte minutos en el verano del año en que estrenó la serie. Tras volver vivo de su particular Valhalla Rising (película de 2019), el danés se embarcó en la elaboración de su particular visión cinematográfica de su propio infierno.
Y aunque Su propio infierno se haya dado por amortizada una y otra vez desde su estreno en Cannes, la nueva película de Refn seguirá siendo una de las propuestas más estimulantes de 2026. La película se presenta de forma imponente a través de la presión estética que ejerce una densa niebla sobre los mastodónticos y geométricos edificios de esta urbe fritzlangiana de la que manan una cabeza gigante reluciente y dos manos que emergen de las nubes. El gran plano general desciende a tierra para insertarse entre la neblina y centrarse en la figura de Elle, una joven actriz que vuelve a la ciudad en busca de su padre y vehículo mediante el cual conectaremos con Private K, un soldado de los Estados Unidos que, por el contrario, está buscando a su hija secuestrada por un asesino en serie que ataca los días de niebla y es conocido como Leather Man (El hombre de cuero).

«Cuida de tus hijas, o él lo hará por ti». Con este leitmotiv de terror clásico –la película tiene esa estructura narrativa de leyenda y rinde homenaje a ello de manera explícita citando a Hans Christian Andersen–, es el propio padre ausente de Elle quien introduce la figura del asesino. Una figura vital para conectar las historias de los dos personajes protagonistas marcados por el trauma del drama paterno-filial a niveles contrapuestos. En primer lugar, el de una Sophie Thatcher tan mecánica como en La acompañante, y, por otro, el de Charles Melton, que vuelve a vestir el uniforme como en Warfare, pero para llevarlo al estereotipo de héroe de acción más cercano a Van Damme o Schwarzenegger del primer Terminator, al que evoca en algún momento. Este asesino embutido en cuero evoca, además, las obsesiones temáticas del propio Refn a lo largo de su carrera: el sexo, la objetivación de la mujer y la violencia.

Todo ello al servicio de la maquinaria cinematográfica y estilística de Refn. Al igual que su homólogo sueco, Wes Anderson, el danés ha depurado de manera paroxística su estilo hasta convertirlo en su particular maqueta de características profundamente reconocibles, que hacen de cualquier plano de sus películas una seña de identidad de la marca NWR. La exposición extrema, marcada y alterna de los colores primarios, como el azul, el rojo o el verde, impregna prácticamente todas las secuencias de Su propio infierno, como ya ocurría en Cowboy de Copenhague. Los rostros de sus intérpretes, todos ellos entregadísimos a la causa hasta llegar a la sobreactuación necesaria en una película deudora incluso de la animación entre el pulp y el pop, muestran el deseo o la amenaza, siempre desde esa ultraobsesión erótica de su autor, en función del trabajo de fotografía, iluminación y color a cargo del director de fotografía, Magnus Nordenhof Jonck (Apóyate en mí).
La geometría de todos los elementos que rodean –o encajan– a los personajes se lleva al extremo hasta el punto de construir celdas y pasillos sobre los que el guion, también firmado por Refn, se estructura literalmente en dos niveles: el superior, por encima de la niebla, donde se desarrolla con poca destreza una presunta relación sáfica entre Thatcher y Havana Rose Liu (El club de las luchadoras) en la torre de neón del padre de la primera; y el de suelo, entre la niebla y la violencia, consecuencia de la búsqueda hasta la extenuación de su hija a cargo del personaje de Private K. Aunque menos que en otras ocasiones, Refn vuelve a abandonar a sus personajes en un mismo plano que gira sobre el eje para mostrar a aquellos que les rodean, aunque en esta película apunta más a una seña estilística que a una decisión puramente narrativa.

A la altura del exceso y la hipérbole afines a todos los departamentos técnicos y artísticos de esta película, hay que sumar la banda sonora del gran Pino Donaggio, músico intrínsecamente ligado al género tras construir las partituras de películas firmadas por Brian de Palma (Blow Out y otras muchas de su imponente filmografía) o Nicholas Roeg (Amenaza en la sombra). Imponen e impactan los grandilocuentes compases operísticos y orquestales a todo volumen que recorren algunas escenas que, en cambio, no parecen tener demasiada relación entre el apartado sonoro y visual, pero alcanzan un clímax musical fantástico en el violento y onírico encuentro final entre los protagonistas.

A través de esta crítica se intenta derribar, mediante los argumentos formales a destacar de Su propio infierno, la repetida mentira de que una propuesta inusual como esta solo puede amarse u odiarse. Lejos de alcanzar la perfección, la primera película de Nicolas Winding Refn tras volver a la vida posee algunos de los momentos visuales y sonoros más lúcidos de 2026.
NOTA: ★★★☆☆
«SU PROPIO INFIERNO», ESTRENO EN CINES.
TRÁILER DE SU PROPIO INFIERNO:
PÓSTER DE SU PROPIO INFIERNO:

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