Crítica de la temporada 6 de ‘Slow Horses’: Jackson Lamb y sus ineptos favoritos, más en peligro de muerte que nunca.

La saga de James Bond anda metida de lleno en una operación de chapa y pintura en Amazon y ya circula una pequeña terna de candidatos llamados a pedir su Martini agitado, no mezclado, enfundarse el esmoquin y salir a salvar el mundo con licencia para matar. Entre los nombres que revolotean alrededor de la próxima película dirigida por Denis Villeneuve y escrita por Steven Knight aparecen Callum Turner, Paul Mescal, Jack Barton, Jacob Elordi, Harris Dickinson y un actor que ya tiene tablas en eso de hacer de espía, aunque en su caso con bastante menos glamour y una notable querencia por los desastres: Jack Lowden.
Ya veremos si el Caballo Lento consigue ese ansiado salto de categoría desde ese vertedero de agentes desahuciados bautizado como la Ciénaga hasta las ligas mayores del MI5. Quizá el aterrizaje en el universo 007 sea su única vía de escape, porque, pese a que en la anterior temporada –inferior al resto y aun así notable– todo parecía indicar que salvar la vida de Claude Whelan le abriría de par en par las puertas de regreso al cuartel general de Regent’s Park, Jackson Lamb volvió a dejarlo aparcado en el purgatorio de la calle Aldersgate. Y así llegamos a un River Cartwright enfurruñado con su jefe y tocado por la muerte de su abuelo (un gran Jonathan Pryce al que echaremos de menos), que se pasa toda la sexta temporada enfundado en traje y corbata, convertido en una especie de candidatura con patas a James Bond.

Carreras, tiroteos, persecuciones, huidas al volante y un largo etcétera de acciones sacadas del vademécum del espía de élite que no desentonarían en una misión de Bond sazonan una nueva tanda de episodios en la que la unidad de Lamb ha sido borrada de la nómina del MI5 y sus expedientes se han esfumado como por arte de magia.
A velocidad de vértigo, la trama destapa una cadena de «accidentes» que va dejando cadáveres por el camino entre antiguos miembros del equipo: hay quien aparece quemado vivo y quien es hallado ahogado, todos ellos con finales que tienen muy poco de casuales. Detrás de esta colección de desgracias se encuentran dos asesinos, Kyle Soller (Andor) como Jim y MyAnna Buring (The Witcher) como Jane, que se lanzan a la caza incansable de los habitantes de Slough House, uno a uno.
En este contexto, nuestros Caballos Lentos descubrirán que ya no hay rincón seguro donde esconderse: ni gasolineras perdidas en mitad de la carretera, ni boleras de madrugada con luces de neón, ni centros comerciales llenos de gente, ni locales de comida rápida, ni siquiera una casa de vacaciones apartada de la mano de Dios. Pero la pregunta que sobrevuela toda la entrega es: ¿quién está intentando borrar a los Caballos Lentos de la faz de la tierra y por qué?

La primera temporada del caballo ganador de Apple TV sin su jinete original, Will Smith (no ese Will Smith, valga la aclaración por enésima vez), no se resiente en absoluto con el relevo de Gaby Chiappe a los mandos del libreto, quien acredita idéntico ingenio para rebajar los momentos tensos o dramáticos con humor: ahí están ese funeral convertido en un festival de metáforas sobre medios de transporte o la artillería gastrointestinal de Jackson Lamb, para variar.
Gran parte del mérito de esta nueva galopada recae también en Adam Randall, que vuelve a colocarse detrás de la cámara para entregar, con toda probabilidad, la tanda con más músculo cinematográfico de toda la cuadra de Slow Horses. La llegada de las lentes anamórficas y una paleta de colores más sobria impregnan los capítulos de una pátina visual y argumental más oscura, sintiéndose casi de forma natural como la secuela directa de la estupendísima cuarta temporada –aquella marcada por la relación familiar de River con su abuelo y su padre, y dirigida también por Randall– más que como una continuación de la quinta, que corrió a cargo de Saul Metzstein.

Por primera vez en su historia, Slow Horses se atreve con una doble ración de Mick Herron, adaptando no una, sino dos novelas de la saga literaria con bastante éxito: Joe Country y Slough House. Y como ya es marca de la casa en este peculiar grupo de espías rotos, cada temporada vuelve a barajar las cartas y a regalar nuevas parejas imposibles dentro de esta cuadrilla de alcohólicos, yonquis, inadaptados, incels y nepobabies con daddy issues que, por algún extraño motivo, siguen siendo nuestra banda favorita del MI5.

Esta vez, River hace tándem con Coe y, sin que esto suponga ningún spoiler –porque las propias promos ya se encargaron de destriparlo–, vuelve a encontrarse con Sid Baker, que regresa del más allá para demostrar junto a Jack Lowden una química de alto voltaje. Por su parte, Shirley hace piña con Louisa y Katherine, mientras que Roddy forma equipo con Emma y un adolescente interpretado por Lenny Rush –el Dobby en ciernes de la nueva serie de Harry Potter–, a quien deberán proteger. Mientras tanto, Jackson Lamb sigue moviéndose entre grupos y, sobre todo, en solitario, enfundado en su gabardina roñosa y tirando de los hilos en busca de respuestas.

El cierre de temporada dejará a los espectadores dando gracias al cielo por no tener que esperar una eternidad hasta volver a cruzar el pestilente umbral de Slough House. Y es que los fieles de la causa pueden respirar bien hondo sabiendo que la séptima tanda está más que rodada –nosotros incluso hemos podido echar un vistazo a su tráiler durante el visionado avanzado– y que la octava ya cuenta con luz verde. Ya sabemos las maldiciones que pueden acompañar a estas cifras, pero si algo demuestra esta sexta entrega es que Slow Horses sigue siendo sinónimo de calidad.
NOTA: ★★★★☆
LA TEMPORADA 6 DE «SLOW HORSES» SE HA ESTRENADO HOY EN APPLE TV .
TRÁILER DE LA TEMPORADA 6 DE SLOW HORSES:
PÓSTER DE LA TEMPORADA 6 DE SLOW HORSES:

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