Crítica de ‘Spider-Noir’: Una de supers a medio gas y un noir descafeinado.

En los últimos tiempos, dos corrientes se han hecho hueco en el género de superhéroes, tanto en el cine como en la televisión. Por un lado, la popular vertiente multiversal de trabajos como Spider-Man: No Way Home (2021), The Flash (2023) o Loki (2021-2023) ha permitido al género expandirse más allá de sus personajes clásicos, ofreciendo todo tipo de variantes imaginativas y trufando las historias de infinidad de referencias que hacen las delicias de los fans. Por otro lado, otra corriente paralela ha fusionado las historias superheroicas con otros géneros, desde el terror de Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022) o La maldición del hombre lobo (2022), hasta el neo-noir de Watchmen (2019), el jidaigeki japonés de Batman Ninja (2018) o las sitcoms de WandaVision (2021).

Con la nueva serie Spider-Noir, Marvel, Sony y Amazon proponen amalgamar ambas tendencias. Retomando el personaje de las entregas animadas del Spider-Verso –Un nuevo universo (2018) y Cruzando el multiverso (2023)–, al que pone voz Nicolas Cage (Cara a cara), narran una historia independiente en su universo de origen. Así, Ben Reilly es un experimentado investigador privado en el Nueva York de los años treinta que, tras una tragedia profundamente personal, se ve obligado a ajustar cuentas con su pasado en una ciudad que cuenta con él como único superhéroe.

Ya desde su premisa, la ficción se enfrenta al reto de equilibrar el relato detectivesco con habilidades sobrehumanas, una mezcla que funciona tan bien en películas como The Batman (2022), pero que aquí encuentra demasiados problemas para desarrollar un misterio contundente y unas dotes de investigación fuertes en el protagonista. Esto convierte a Reilly en una caricatura, tanto como héroe salvador –la torpeza de este veterano Spider-Man llega a puntos desesperantes–, como en un detective al que la propia trama impide demostrar sus dotes.
La intriga, demasiado sencilla como para justificar los ocho episodios hasta los que se extiende la serie, va acortando las numerosas ramas que se presentan en el primer capítulo, que comienza con fuerza y un gran misterio a desarrollar, pero que acaba dejando giros y sorpresas en el tintero para conformarse con lugares comunes que resultan decepcionantes dada la materia prima con la que podría haber jugado. Estos problemas de ritmo, conforme avanzan los episodios, derivan en un producto algo mucho más contenido de lo que suelen ofrecer Phil Lord y Christopher Miller –aquí firmando solo como productores–, quienes este mismo año sorprendieron con el éxito masivo de Proyecto Salvación.
Pero lo más doloroso probablemente sea lo restringido que se presenta en la mayor parte de la historia el protagonista, interpretado por Nicolas Cage, cuyo taciturno carácter impide vislumbrar la excentricidad desatada en la que viene brillando el actor en sus trabajos más atrevidos y que se agrava por esos momentos lastimosamente breves en los que sí deja ver su genio oculto. Esa es la principal patología del proyecto: mostrar momentáneamente lo mucho que podría ofrecer para luego no llegar hasta el final con sus ideas.
Esta cuestión llega a su apogeo en ese alucinado sexto capítulo, en el que la narrativa se congela momentáneamente para entregar un segmento tipo mad doctor que rompe con la lógica interna que habíamos visto hasta ese momento, apostando por instantes propios del mejor terror lisérgico y jugando con el escenario, las sombras y, al fin, un Cage en plena forma para dar uno de los momentos de mayor desenfreno de la serie. Es, también, el episodio en el que las decisiones estéticas se vuelven más radicales en su iniciativa de imitar las películas de cine negro de los años treinta y cuarenta, una decisión especialmente brillante en la que la serie pone toda la carne en el asador.

A Spider-Noir no le falta ni uno solo de los tropos clásicos del género: el detective privado protagonista con un oscuro pasado plagado de secretos, una perfecta recreación de la época, una peligrosa femme fatale, políticos corruptos, el papel de la prensa como parte fundamental de la investigación, afilados diálogos, clubes nocturnos de mala muerte y sombras que plagan la ciudad para que el ambiente lúgubre se imponga.

El blanco y negro en su versión «Authentic Black and White» impulsa esa atmósfera noir para convertirlo claramente en lo mejor de la serie, para lo cual el propio Cage se preparó específicamente, llegando a decir que se inspiró en actores como Humphrey Bogart, James Cagney o Edward G. Robinson, convencido de que su interpretación se aprecia mejor de esta manera.
Sin embargo, una de las novedades que ofrece la serie es poder verla también en color, a través de la versión «True-Hue», una aproximación saturada que pretende emular el technicolor, en la que los referentes anteriores pueden pasar más inadvertidos, pero que ofrece una gama cromática tremendamente brillante, con influencias pulp, que funcionan mejor en los pasajes más distendidos de la serie.

En definitiva, pese a su preciosista acabado y sus puntuales momentos de brillo, Spider-Noir acaba decepcionando por no querer arriesgar con sus ideas, acomodándose en lugares comunes y evidenciando una falta de ritmo que hace que poco a poco caiga en el desinterés.
NOTA: ★★½
«SPIDER-NOIR», ESTRENO MAÑANA EN PRIME VIDEO.
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